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La prosaica dimensión humana de otros superhéroes se relaciona, necesariamente, con las costumbres humanas. Unas costumbres que los dioses nórdicos, incorporados de forma oportuna al panteón Marvel, asumen con cierta dificultad. Y sin embargo, más allá de su grandilocuencia teatral, de sus poses shakespearianas y de sus costumbres vikingas, Thor y sus congéneres llevan unas cuantas décadas asombrando a los lectores del género, convertidos en figuras imprescindibles dentro del escenario marvelita.