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Las bandas neoyorquinas del curso del 76 nos brindaron muchas cosas distintas: Talking Heads nos dio art-rock; los Ramones nos liberaron a fondo empleando apenas tres acordes en temas de más de dos minutos y medio; Johnny Thunders nos dio una plantilla de lo que sería Guns 'n' Roses (Brindo por ti, Johnny) y Television nos ofreció guitarras alucinantes y baladas poéticas.

En 1979 Debbie Harry, Chris Stein y compañía ya se habían dado cuenta de su verdadero potencial. Una vez abandonando el rock puro para recurrir a una paleta más diversa, el plan de ataque de Blondie ahora incluía la adopción de cualquier estilo (siempre que se pudiera llamar pop) y hacerlo suyo. En este Eat To The Beat reiteraban y expandían la fórmula que dio lugar a su tercer álbum de estudio, Parallel Lines (1978), reconocido con un disco de platino.

Parallel Lines, de Blondie, es el ejemplo más perfecto de cómo acopló este grupo el power pop de los sesenta en la nueva ola. El álbum se convirtió en uno de los mayores éxitos de 1978 y 1979. Con esa seguridad abrumadora que fue su característica, los miembros de Blondie no tuvieron miedo a la hora de componer música para la discoteca, tener inclinaciones artísticas, o simplemente, crear buen pop.