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Pocos guionistas de cine se convierten en celebridades, y la fama de esta minoría resulta especialmente efímera. Le sucedió a Joe Eszterhas a raíz del tremendo éxito de taquilla que fue Instinto básico (Paul Verhoeven, 1992) y a Diablo Cody a causa de la buena recepción de la película indie Juno (Jason Reitman, 2007).