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La viuda para siempre alegre

Si en un posible test se le propusiera la palabra “opereta” a un aficionado a la música (o no tanto), es fácil que la contestación del demandado fuera, automáticamente, El murciélago. Y en segundo lugar, La viuda alegre. O puede que al revés. Porque tal es la popularidad o, mejor dicho, la asociación de esas dos obras con el género tan típicamente vienés.