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Más de treinta años después de su estreno, es difícil pasar por alto la influencia de Star Wars en el cine de ciencia ficción. Su masivo éxito popular y espectaculares imágenes pusieron punto y final a la larga lista de deprimentes filmes que el género había ofrecido en los años anteriores y directores y productores de todo el mundo se lanzaron a capitalizar la exigencia de los espectadores de una ciencia ficción escapista.

La década de los ochenta fueron años en los que la ciencia ficción de Hollywood redescubrió el negocio de las secuelas. Superman, Alien y Star Wars prolongaron sus éxitos de los setenta, mientras que Terminator o Regreso al futuro resultaron ser inversiones extraordinariamente rentables que iniciaron sus propias franquicias cinematográficas.

La primera película de Star Trek había nacido a la sombra de Star Wars y se apoyaba en sus largas secuencias de efectos especiales. La segunda, La ira de Khan recuperaba lo mejor de la serie televisiva original, utilizando la ciencia ficción como fondo para reflexionar sobre la naturaleza humana. Star Trek III buscó un equilibrio entre las dos anteriores, mezclando la space opera, la filosofía y los efectos especiales.

Misión salvar la Tierra fue la cuarta entrega cinematográfica de la serie basada en el programa televisivo de Star Trek (1966-1969). La primera de ellas, Star Trek: La película (1979) había sido una cara extravagancia que había decepcionado a los aficionados; la segunda, La ira de Khan (1982), bajo la batuta del director Nicholas Meyer, supuso una muy considerable mejora en cuanto al argumento y los personajes, logrando reconciliar a éstos con su ya madura edad.

En Star Trek III: En busca de Spock (1984), Leonard Nimoy había pasado a ocupar la silla del director de la vertiente cinematográfica de la franquicia. Su visión le llevó a alejarse de las aventuras galácticas que habían constituido el espíritu de la serie televisiva de los sesenta. Dio en cambio más relevancia al humor y, con el fin de satisfacer a los fieles aficionados, mantuvo inalterado el compacto reparto de viejos amigos que llevaban viajando en la Enterprise casi veinte años.

Star Trek llegó con esta película a la década de los noventa. La tripulación original ya está en las últimas y su reemplazo, extraído de las filas de Star Trek: La nueva generación, exigen convertirse en titulares. Es el momento del canto del cisne para el reparto original que dio forma al sueño de tantos aficionados. Y, por fortuna, lo hizo con una película que rompió la racha de cintas mediocres que ya empezaban a acumularse en su haber.

Quizá haya transcurrido ya el suficiente tiempo como para poder afirmar que 2009 fue un año excelente para la ciencia ficción cinematográfica. En ese periodo de doce meses se estrenó un buen número de películas del género, que destacaron no sólo por ofrecer una notable calidad, sino por su diversidad temática: Moon, Avatar, Watchmen, La carretera, Distrito 9, Los sustitutos, Pandorum, Más allá del tiempo, 2012, Splice: experimento mortal, Señales del futuro, Daybreakers, Terminator Salvation, Las vidas posibles de Mr. Nobody, Astro Boy, Preguntas frecuentes sobre viajes en el tiempo, Push…

El hecho más relevante de la ciencia ficción televisiva de los sesenta fue la creación y desarrollo de los dos seriales más importantes del género, programas que demostrarían una capacidad de pervivencia extraordinaria, mucho más allá de lo que sus creadores y primeros fans podrían haber imaginado: por una parte, el británico Doctor Who (1963-1989, 2005-) y, por otra, la norteamericana Star Trek (1966-1969).

Historia de Star Trek

Desde la serie original hasta Discovery (2017-), la saga Star Trek (Viaje a las estrellas) es un fenómeno que nos desafía por su impacto, por su longevidad y por el fervor que aún despierta en medio mundo. Por otro lado, se trata de una de las creaciones más rentables de toda la industria cultural estadounidense.