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Tras estudiar la morfología del cráneo y las vértebras cervicales de Magericyon anceps, un mamífero carnívoro que vivió en el Mioceno superior (hace unos 9 millones de años), paleontólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Alcalá comprobaron en 2017 que era un depredador extremadamente eficaz.

El nombre de Jorge Morales, profesor de investigación del CSIC, va indisolublemente unido al Cerro de los Batallones, un enclave a las afueras de Madrid donde se ubican algunos de los yacimientos terciarios más importantes de España. Este paleontólogo experto en mamíferos del Cenozoico está convencido de que las colecciones son el alma de los museos y en ellas reside su razón de ser. Las excavaciones del equipo que dirige han contribuido de manera sustancial a enriquecer las colecciones paleontológicas del MNCN.

Cuando excavamos un yacimiento paleontológico, abrimos la caja de un puzle en la que es frecuente que nos falten muchas piezas. Sólo en ocasiones muy excepcionales podemos contar con un número suficiente de ellas para que esa imagen sea nítida y completa. Este es el caso del Sistema de yacimientos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco, Madrid), donde se han hallado numerosas e importantes piezas que encajan perfectamente y que nos han permitido despejar muchas dudas sobre la fauna que vivió durante el periodo Mioceno en Madrid.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones son ante todo singulares, no hay otro conjunto similar en ninguna otra parte del mundo. Lo que hace único a Batallones es una conjunción de características (geológicas y paleontológicas) que no se dan asociadas en otros yacimientos paleontológicos.

La diversidad de organismos encontrados en los yacimientos del Cerro de los Batallones sólo es explicable en un contexto climático y ambiental muy diferente del actual. Hace 9 millones de años estaba finalizando una de las épocas de mayor bonanza climática de las registradas en la última parte de la historia geológica (últimos 25 millones de años) de la península Ibérica.

En 1991, cuando nos afanábamos excavando en un pozo de aspecto poco prometedor en lo que hoy conocemos como Batallones 1, la posibilidad de encontrar un cráneo completo de los “dientes de sable” Machairodus o Paramachairodus parecía casi un sueño.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco) son los más singulares de Madrid, y pueden contarse entre los más interesantes del registro fósil del Mioceno continental mundial. Tanto en conjunto como individualmente pueden considerarse como yacimientos con fósiles de conservación extraordinaria.

Cualquier persona podría reconocer a una jirafa. Sin embargo, a pesar de ser uno de los animales más carismáticos y llamativos, la historia evolutiva de su familia, los jiráfidos, es poco conocida. En Batallones, cerca de Madrid, unos fósiles espectaculares nos van a ayudar a profundizar en ella.

¿Te imaginas un animal parecido al lobo pero del tamaño de un león?, pues así serían los anficiónidos de mayor tamaño. Se trata de una familia de carnívoros que vivió en Asia, Norteamérica, África y Europa hace entre 35 y 7 millones de años.

El panda rojo, además de haberse especializado en la alimentación a base de bambú, desarrollando una dentición única y un ‘falso pulgar’, es el único representante actual de la familia Ailuridae. Su evolución es poco conocida, pero los yacimientos de Madrid, entre ellos Cerro de los Batallones, han proporcionado fósiles muy interesantes que están ayudando a entender la historia evolutiva de esta familia tan peculiar.