Trestesauros500

Se suele aceptar que una imagen vale más que mil palabras sin reparar que di­cha afirmación no se presenta con imá­genes sino con palabras. Bajo ar­di­des semejantes, las imágenes han sido rebajadas en múltiples ocasiones a un segundo plano donde fungen como me­ras acompañantes de texto, limitan­do sus funciones —en el mejor de los casos— a las de didáctica, como ayu­dan­tes en la comprensión de la lectura, algo que ocurre frecuentemente en los textos científicos, en particular aque­llos de divulgación. Hay un caso famoso, el de un grabado publicado por el as­tró­no­mo francés Camille Flammarion, el cual ha sido utilizado en nume­rosas ocasiones como un mero adorno sin pres­tar atención a su intrincado dis­cur­so visual y origen.