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A mediados de los ochenta tuvo lugar una auténtica revolución en el mundo del comic-book propiciada por una sola obra: Batman: El regreso del Caballero Oscuro (1986), guionizada y dibujada (con ayuda de Klaus Janson y Lynn Varley) por Frank Miller. Con esa miniserie no sólo se inauguró un nuevo formato, el llamado prestigio (pequeños álbumes con mejor papel e impresión) sino que se abrieron las puertas a una nueva orientación en el contenido de los cómics de superhéroes, más adulta y oscura. Esa nueva tendencia se confirmó el mismo año con la magistral Watchmen, de Alan Moore y Dave Gibbons y poco después con La Broma Asesina, también de Alan Moore con el dibujante Brian Bolland.