Crónicas

Crónicas (549)

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Hay una imagen tópica de Walter Benjamin (1892–1940) según la cual fue escritor de una inconstancia enfermiza, cuya escritura es entrecortada y discontinua por defecto.



Sólo en un pasaje de Crimen y castigo aparece el padre. Es en un sueño de Raskólnikov. Lleva a su hijo a una taberna de extramuros, donde ocurre una fiesta. Entre muchos de los asistentes, matan una yegua a palos, sin que el padre haga nada por impedirlo. Al despertar de este sueño, Raskólnikov describe el modo en que matará a la usurera.



A partir de un lugar paterno defectuosamente ocupado dentro de la estructura de la ley, el hijo carece de oportunidades de acceder a él (ya veremos lo que hace en vez de esto). No puede heredar a un padre inválido y, por ello, no puede ser padre.



Los héroes dostoievskianos que retornan de la soberbia y admiten el mundo de la ley, normalmente, son reconducidos por una mujer.



Las enseñanzas de los maestros, saber puramente profano, llevan a la equivalencia indiferente en que todo puede decirse y nada resulta necesariamente creíble.



El tres es el número de la perfección y es también la cifra del hijo protegido por la pareja parental. Tres hacen falta para que el héroe reconozca la existencia del otro gracias a los oficios de un mediador. Estos triángulos son el modelo amoroso dostoievskiano.



En Dostoievski, el otro no es el mero y puro sujeto exterior. Nunca es naturalmente otro. No es eso que está ahí fuera y ataja el sol o me pregunta la hora.



En la narrativa de Dostoievski, la mujer incita al hombre a ganar dinero y luego es ella misma quien lo gasta, generalmente de modo rápido y, a veces, catastrófico.



Stieg Larsson murió de un ataque al corazón el 9 de noviembre de 2004, a los 50 años de edad, justo antes de la publicación de Los hombres que no amaban a las mujeres, cuya nueva adaptación al cine se debe a David Fincher.

Toda lectura es, al menos como proyecto, infinita. En el caso de Proust, si se permite la licencia, aún más infinita. La producción crítica generada por Proust es incesante y cada año aporta sus títulos.