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Grendel nació como personaje en 1983, fruto de la imaginación de Matt Wagner, como una representación, intangible pero real, de la agresividad y la violencia. Las fechorías de este ser se narrarían en la serie que con ese título publicó la editorial Comico a partir de 1986.

Con las naciones del mundo occidental enzarzadas en un conflicto global, las aventuras de superhéroes combatiendo científicos locos y gangsters parecían fuera de lugar. Después de que en 1940 los periódicos narraran la caída de Francia y la Batalla de Inglaterra, la guerra entró a formar parte de los argumentos de los cómics, más aún cuando en 1941 Estados Unidos inició su participación en ella.

Las historias entretienen, ilustran, educan, inspiran, obsesionan, asombran y hasta pueden cambiar el mundo. Y si una historia puede hacer todo eso, aquellos que las conocen, que las cuentan, tienen más poder del que podría pensarse. El problema es que intentar aprovecharse de ese poder más allá de unos límites es jugar al aprendiz de brujo, pretender controlar unas fuerzas que en realidad se desconocen y, en último término, sufrir las consecuencias de tal osadía.

Tras cursar estudios de arquitectura y cinco años de carrera en comunicación audiovisual, el marsellés Yann Le Penetier decide aplicar sus conocimientos y talento al mundo de las viñetas. Empezó como dibujante en 1974 en la mítica publicación Spirou, pero pronto abandonó los lápices y la tinta para centrarse en los guiones. En 1978 conoce al joven dibujante –también marsellés– Didier Conrad y ambos crean para aquella cabecera una serie de aventuras titulada Los innombrables.

Año 3000 d.C. Inglaterra sufre una invasión alienígena que devasta el país y causa millones de refugiados. Uno de ellos, Tom Prentice, pierde a sus padres mientras huye del caos y se refugia en el túmulo de Glastonbury, donde descubre la tumba del rey Arturo. Éste, fiel a la leyenda, despierta al sentir el peligro que se cierne sobre su país y, acompañado por Prentice, se dirige a Stonehenge para liberar de su letargo a su maestro y aliado Merlín.

Julius Schwartz, veterano editor de DC cómics, asumió su puesto al frente de las colecciones de Batman a mediados de 1964. Lo primero que observó fue que las historias del héroe nocturno tenían un aire rancio e infantil y el estilo gráfico continuaba anclado en la estética que Bob Kane había establecido en los años cuarenta.

En general, el cómic de ciencia ficción ha puesto más énfasis en la aventura espacial o space opera que en otros aspectos temáticos del género. En ello ha tenido que ver, sobre todo, no tanto el talento de los autores como el público, mayoritariamente juvenil, al que iban destinadas sus obras. La renovación del cómic francés a finales de los años sesenta dio como resultado nuevas aproximaciones temáticas acordes con los tiempos, más complejas y adultas.

El éxito de Buck Rogers, el primer personaje de ciencia ficción en el cómic, había sido fenomenal. Publicado por el National Newspaper Service, un syndicate de Chicago –en este contexto, los syndicates eran empresas que se dedicaban a encargar y distribuir cómics para la prensa de todo Estados Unidos, ahorrándoles a los periódicos el tener que mantener una plantilla de autores y coordinar su trabajo–, Buck Rogers había debutado en 1929 bajo la forma de tira diaria y en 1930 como plancha dominical.

Neal Adams es casi invariablemente mencionado en las enciclopedias como renovador gráfico del género de superhéroes a finales de los sesenta y principios de los setenta gracias a su trabajo en Deadman, Batman, Green Lantern/Green Arrow, los Vengadores o X-Men. Pero lo que se pasa por alto a menudo es su sobresaliente trabajo en el género del terror.

Elzie Crisler Segar nació en el seno de una familia modesta en Chester, Illinois, el 8 de diciembre de 1894. Tras su paso por el instituto, trabajó para ganarse la vida en los más diversos oficios, desde pintor a músico de vaudeville pasando por proyeccionista en cines.

Giancarlo Berardi (Génova, 1949), es uno de esos artesanos del tebeo y creadores de memorables pasajes de la historia del medio que, sin embargo, nunca recibe el reconocimiento que merece –al menos fuera de su país, Italia–. Su obra en España ha sido publicada de forma silenciosa, dispersa y, en más de una ocasión (como en el caso que nos ocupa) sobre un soporte que, siendo generosos, podemos calificar de mediocre [Afortunadamente, en 2017, ECC Ediciones emprendió la edición completa de Ken Parker por vez primera y de una forma digna en nuestro país].

Osamu Tezuka es conocido por crear personajes de aspecto y naturaleza agradables, como Astro Boy (1952-1968) o Kimba, el león blanco (1950-1953). Quienes a menudo lo comparaban con Walt Disney puede que se sorprendieran al leer la que está considerada como una de sus obras cumbres, Adolf, serializada entre 1983 y 1985 y ambientada en la Segunda Guerra Mundial. En ella se cuentan las vidas de tres personajes, todos llamados Adolf, desde la celebración de las Olimpiadas de Berlín en 1936 hasta el Israel de los años ochenta, pasando por los años que abarcó el conflicto bélico.

Peter Bagge es una rareza dentro del mundo del cómic: un autor claramente underground que consigue atraer a un público generalista pero que, a pesar de su popularidad e influencia, nunca ha llegado a obtener todo el reconocimiento que merece.

En la segunda mitad de los años setenta, el dibujante yugoslavo afincado en Francia, Enki Bilal, inició una fructífera colaboración con el guionista Pierre Christin. Juntos, realizaron varios álbumes para la serie Leyendas de hoy, historias que combinaban la política ficción, el realismo mágico o la fantasía, siempre con un trasfondo humano y social.

Con la modestia de los personajes de serie B, el Llanero Solitario animó nuestra infancia a través de aquellos inolvidables tebeos del sello mexicano Novaro. Más tarde fuimos descubriendo que este ranger enmascarado y su compañero inseparable, el indio Tonto (rebautizado Toro en los países hispanohablantes), eran unas figuras icónicas para los estadounidenses.

Publicado originalmente por la Editorial Cepim en la colección “Un uomo un'avventura”, este álbum nos traslada a la guerra colonial –aunque nunca reconocida como tal– que sostuvieron los Estados Unidos en Filipinas a principios del siglo XX contra los “insurgentes” que se oponían a la intervención americana en su tierra.

La de periodista es una profesión de resonancias casi míticas. Los mismos profesionales del gremio se han encargado de revestir a su tarea de un aura heroica, invocando las hazañas de intrépidos reporteros de guerra o investigación. El cómic ha sido especialmente proclive a elegir a periodistas como protagonistas de las más inverosímiles aventuras. La lista de reporteros-viajeros en el mundo de las viñetas es largo e ilustre: Tintín, Brenda Starr, Spirou, Taxi, Frank Cappa, Johnny Focus, Ernie Pike…

En 1975, la revolución del cómic adulto francés gestada en el 68 todavía mantiene su vigor. Junto a la continuidad de series clásicas (Asterix, Lucky Luke, Alix, Blueberry…), aparece la primera aventura de Corto Maltés, La Balada del Mar Salado, serializada en France-Soir, y se lanza una nueva publicación de cómics, Fluide Glacial.

Los tiempos difíciles llevan consigo la necesidad de evasión. Sucedió en los años treinta en los Estados Unidos cuando, a la sombra de la Gran Depresión, nacieron los cómics de aventura y los seriales cinematográficos de sesión matutina.

El ilustrador Frank Frazetta falleció el 10 de mayo de 2010, a la edad de 82 años, en Fort Myers, Florida. Pocos artistas ha habido en la cultura popular tan convencidos de su envergadura. En este sentido, hablamos de un creador que, durante toda su vida, se burló de los lugares comunes de la crítica de arte.

Situémonos: Marvel Comics, principios de la década de 1970. La fórmula de los tebeos de superhéroes iniciada por Stan Lee y Jack Kirby con Los Cuatro Fantásticos, Spiderman o Los Vengadores una década atrás, empieza a dar muestras de cansancio.

Horacio Altuna se estableció en España en 1982, fijando su residencia en Sitges. Es entonces cuando el dibujante argentino se convierte también en guionista. Por una parte, continuar la colaboración con su socio creativo habitual desde hacía años, Carlos Trillo (El último recreo), que se había quedado en Argentina, resultaba complicada en una época en la que no existía internet; ambos autores acostumbraban a discutir y construir sus guiones juntos y esto ya no era posible. A ello se añadía su deseo de dar un paso adelante profesionalmente ilustrando sus propias historias.

Las obras que Neal Adams produjo para DC Cómics (y, en menor medida, Marvel) entre 1967 y 1974 marcaron el comienzo de una profunda transformación en el arte del comic-book. En aquellas páginas, Adams reinterpretó las identidades artísticas de varios de los principales héroes de la editorial, erigiéndose en el único campeón que DC podía presentar para contrarrestar la hegemonía de Jack Kirby en Marvel Cómics durante los sesenta.

Leyendas de Hoy fue un proyecto de colaboración entre el guionista Pierre Christin y Enki Bilal que se prolongó por espacio de cinco álbumes y cuya concepción original consistió en abordar bajo la forma de historietas fantástico–costumbristas problemas sociales y políticos contemporáneos.

A menudo se piensa en Praga como en una ciudad mágica, un lugar misterioso y atmosférico repleto de leyendas y mitos que inspiraron a literatos como Franz Kafka o Gustav Meyrink. Es una imagen de postal muy publicitada por las agencias de viaje y, en honor a la verdad, hay que decir que no les falta razón.

Un consejo: si estás deprimido, no leas este comic. Porque siendo como es una excelente historia de CF, es también una obra que llena de desazón. Y es que si las historias anteriores de Horacio Altuna relacionadas con este género dejaban cierto espacio para la ternura (El último recreo) o el humor (Ficcionario), en los seis capítulos en que se divide Chances no hay resquicio alguno para la esperanza o el alivio.