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Tosca de Puccini y La Traviata de Verdi son sin duda las óperas más representadas a lo largo y ancho del mundo lírico. Dos obras con historias femeninas de diferente contenido pero de similar conclusión: en las dos muere la heroína que le da título.

En 2015 el sello Decca publicó un cedé que denominó Los cinco contratenores. Producido por Georg Lang y uno de los cantantes convocados, Max Emanuel Cencic, grabado durante el mes de julio de dos años atrás en el Dimitris Mitropoulos Hall, Megaron, en Atenas, reunía a parte de la crema contratenoril de la actualidad. Una especie de ONU de contratenores ya que el citado Cencic representaba a Croacia, Yuriy Mynenko a Ucrania, Valer Sabadus a Rumanía, Vince Yi a Corea (del Sur, claro) y Xavier Sabata a España.

En la primavera bávara de 2015, amplio espacio ciudadano de la Königsplatz muniquesa, flanqueada por edificios que le dan aún mayor espectacularidad al reproducir los tres estilos de la arquitectura griega, el dórico, el jónico y el corintio, tuvo lugar un magno recital que el Palacio de la Prensa hizo llegar al público madrileño que ante semejante exposición musical se sintió interesado.

Desde 1953, año en que inició su actividad la Asociación Bilbaína de los Amigos de la Opera (ABAO), Jules Massenet ha estado presente en sus temporadas únicamente con dos obras: Manon y Werther.

Desde el Palacio de la Prensa madrileño hubo oportunidad de asistir en directo a una reposición del Rigoletto verdiano desde la Royal Opera House londinense. Se trata del montaje de David McVicar que comenzó a andar en 2001, sustituyendo al anterior de Núria Espert, y que ha sido constantemente repuesto en ese Covent Garden donde está en camino de sobrepasar las dos décadas.

Gilbert-Louis Duprez fue un tenor francés nacido (1806) y muerto en París (1896) que, después de una carrera como lírico ligero, se enfrentó a partes más pesadas para su cuerda, estrenando Arnold de Guglielmo Tell de Rossini en su presentación italiana, Benvenuto Cellini de Berlioz, Fernand de La Favorite, Polyeucte de Les Martyrs y Dom Sébastien de Donizetti, además de Gaston de Jérusalem de Verdi, el equivalente italiano al Oronte de I lombardi alla Prima crociata.

Se sabe que Hector Berlioz visitó en una ocasión la ciudad francesa de Estrasburgo en cuanto director musical de sus propias obras; fue en 1863 cuando ya había compuesto la mejor parte de su catálogo. La histórica ciudad alsaciana recibió con atención, interés y hasta cariño al nada conformista compositor. 154 años después Estrasburgo se enfrentó a un oneroso reto, el de interpretar la obra más ambiciosa de aquel ilustre visitante: Los Troyanos. Un título genérico que une dos partes conocidas como La toma de Troya y Los Troyanos en Cartago.

La Fundación Excelentia se ha marcado un tanto trayendo de nuevo a Madrid al tenor norteamericano Lawrence Brownlee, al mismo Teatro Real donde se le escuchó en 2004, turnándose con Juan Diego Flórez como el conde Almaviva de El barbero de Sevilla rossiniano.

Es sabido que por motivos religiosos los teatros italianos del siglo XIX eludían la normativa, que prohibían las funciones operísticas durante la Cuaresma, escenificando obras de carácter religioso.

El Teatro Real madrileño (bueno, no hay otro Teatro Real que no sea el de Madrid) estrenó en 1999 una producción de la Carmen de Bizet firmada por Emilio Sagi. Un excelente montaje de corte tradicional, con unos imponentes tanto como idóneos decorados de Gerardo Trotti y un bonito vestuario del diseñador español Jesús del Pozo. Sagi se tomaba escasas pero acertadas libertades como la de presentar un travestido Lillas Pastia. Ese mismo año 1999 se estrenaba en Perelada otra lectura escénica de la ópera ahora encargada a Calixto Bieito.

Hace ciento cincuenta años (los cumplió el 11 de marzo) Verdi estrenó en la Salle de la rue Le Peletier de París, sede entonces de la Opéra, su monumental Don Carlos, la tercera obra destinada a la capital francesa tras Jérusalem (1847) y Les Vêpres siciliennes (1855).

Una de las producciones más longevas de la Royal Opera londinense ha sido una Bohème pucciniana firmada por John Copley que, desde que se representó por vez primera hace cuarenta años, se han sucedido continuas reposiciones reuniendo en tan largo periodo a parejas tan variadas como las de Ileana Cotrubas y Neill Shicoff, Eugenia Moldeveanu y José Carreras, Ilona Tokody y Plácido Domingo, Cristina Gallardo-Domas y Ramón Vargas o Roberto Aronica, Angela Gheorghiu y Roberto Alagna, Hibla Gerzmava y Teodor Illincai, Anna Netrebko y Joseph Calleja. Mimìs y Rodolfos, pues, de diferentes orígenes y disímiles resultados.

Uno de los mayores ejemplos de la progresiva y acelerada apertura de la República China a Occidente (o viceversa) fue la edificación del imponente edificio del Centro Nacional de las Artes Escénicas en Beijing (o sea Pequín). Construcción iniciada en 2001 e inaugurada con un espectáculo en diciembre de 2007, fue diseñada por el arquitecto francés Paul Andreu.

Mozart estrenó Lucio Silla el 26 de diciembre de 1772 en el Teatro Regio Ducale de Milán, precedente inmediato de Teatro alla Scala, un escenario que durante un tiempo eligió aquella fecha decembrina para inaugurar sus temporadas (hoy, como es notorio, lo hace el 7 del mismo mes, fecha de San Ambrosio).