Las fintas de Bruce Lee

Bruce Lee (1940-1973) asegura que su arte de combate se basa por entero en estratagemas y engaños: «Se puede decir que el Jeet Kune Do está construido sobre las fintas y las acciones conectadas con ellas».

El valor de las fintas no consiste solo en engañar al adversario y hacerle reaccionar de manera instintiva, por ejemplo, obligando a que se proteja, sino que tiene un valor añadido. Mediante la finta, que siempre debe parecer un ataque real, hacemos que el contrario se vea obligado a reaccionar y que, al detener nuestro ataque, descuide otro flanco, o bien que nos revele información acerca de las características de su fuerza o su manera de luchar: «Una finta es una acometida engañosa que invita y tienta al contrario a que haga una parada apropiada.

Tanto Bruce Lee como el japonés Miyamoto Musashi (c. 1584-1645) explican que la finta puede emplearse como un disfraz que antecede a un empuje posterior. Al lanzar el golpe, reservamos parte de la energía de que disponemos, para emplearla una vez que el enemigo se ha visto obligado a detener nuestra finta, creyendo que ahí acaba nuestro ataque.

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También el maestro Sun (Sunzi o Sun Tzu) recomienda en El arte de la guerra lanzar falsos ataques y fintas para conocer mejor al rival: «Provoco al enemigo para descubrir su manera de actuar; hago que muestre su forma para descubrir dónde es más vulnerable. Lo pongo a prueba para descubrir la fortaleza y debilidad de su situación». (El arte de la guerra, traducción de Ana Aranda Vasserot)

En El arte del engaño se cuentan algunas tácticas relacionadas con fintas, despistes y demostraciones, como los que empleó Sun Bin, al que algunos consideran el verdadero autor de El arte de la guerra o un descendiente del maestro Sun. En una ocasión, para lograr que su rival Pang Juan se confiara, Sun Bin sacrificó varias ciudades, dejando que fueran conquistadas fácilmente.

El experto en estrategia Barton Whaley dice que las fintas son un elemento básico en la estrategia, pero que se pueden distinguir tres tipos diferentes. El primero son las fintas propiamente dichas, que fingen un golpe para descubrir cómo reacciona el enemigo o cual es su situación real.

El segundo tipo es el despiste o distracción, que puede consistir en desplazar unidades de nuestro ejército para que distraigan la atención del enemigo, como se recomienda en una de Las 36 estratagemas chinas: «Repara la carretera y preséntate en Chencang» (Estratagema nº 8).

La explicación de esta estratagema tiene que ver con Liu Bang, que acabaría fundando la dinastía quizá más prestigiosa de China. Liu Bang fingió reconstruir unas carreteras, dañadas por la reciente guerra contra la dinastía Qin, lo que hizo que su rival por el poder absoluto se confiara, pensando que aquellas obras tan importantes retrasarían cualquier aventura militar. Sin embargo, Liu Bang desplazó en secreto tropas a la ciudad de Chencang y desde allí y por sorpresa comenzó su campaña para reunificar todo el territorio, lo que consiguió en -202, dando comienzo al Imperio Han bajo el nombre de Emperador Gaozu

La tercera clase de finta a la que se refiere Whaley es la demostración, que lleva al extremo la maniobra de engaño o distracción, porque se trata de dar un verdadero golpe, para así distraer la atención del objetivo que en realidad nos interesa. Por ejemplo, si atacamos con una de nuestras unidades para atraer la atención del enemigo hacia un punto que nos resulta indiferente desde el punto de vista estratégico. Ahora bien, para ser realmente efectiva, la demostración consiste casi siempre en un choque real y, por lo tanto, implica un sacrificio de tropas. Esta es una de las razones por las que Sunzi recomienda al general ser impenetrable para sus soldados e incluso para sus oficiales, pues, como es obvio, a nadie le gusta ser enviado como a un animal al matadero. Este es uno más de los aspectos siniestros de algunas estrategias: el desprecio por la vida humana, la de los soldados.

Las traducciones íntegras de El arte de la guerra y de Las 36 estratagemas chinas, ambas realizadas por Ana Aranda Vasserot, se incluyen en El arte del engaño.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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