Crítica: "Hunter Killer" (Donovan Marsh, 2018)

Aunque las películas de submarinos más conocidas han contado con presupuestos más bien holgados (La caza del Octubre Rojo, Marea roja, Das Boot…), lo cierto es que la serie B también supo sacarle provecho a las aventuras subacuáticas, aprovechando decorados mínimos, imágenes de archivo y maquetas más o menos efectivas sumergidas en peceras.

Hunter Killer es un film de la productora Millenium, conocida como “la nueva Cannon”. Su especialidad son película de presupuesto medio-bajo, que cuentan con algún actor conocido al que no le viene mal el sueldo, porque no le dice “no” a nada, sobre todo si se trata de un papel secundario (en este caso, Gary Oldman) o porque su caché no está ahora mismo en lo más alto (aquí, Gerard Butler).

Al comienzo de este simpático film de acción y suspense, se hace evidente que estamos ante un producto de factura casi televisiva, con unos efectos digitales baratos y estética de producción destinada al alquiler casero. Una especie de Caza del Octubre Rojo de saldo, no especialmente entretenido. Pero, cuando uno ya cree que va a sucumbir a la cabezada, la película se va animando e incluso logra crear una tensión creciente.

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Y es que a Hunter Killer se le perdonan los torpedos de videojuego y la ingenuidad general de los personajes y las situaciones. La razón es que va acentuando el suspense, en especial porque el objetivo de los personajes no es tanto destruir al enemigo, sino evitar un enfrentamiento que acabaría en un conflicto termonuclear.

Tampoco es que se trate de un film pacifista en extremo, ya que una gran parte de la historia la protagoniza un comando especial que las pasa canutas para rescatar al presidente ruso (!) de unos soldados golpistas. Ese segmento de la película nos recuerda precisamente aquellas películas de la Cannon protagonizadas por Chuck Norris o Michael Dudikoff, con acción desmadrada y sin filtro.

Humanismo a tiros y camaradería marinera entre adversarios le dan a Hunter Killer un puntillo agradable, que hace que esta sea una perfecta cinta de sábado por la tarde, tan fea como ligera.

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Sinopsis

Hunter Killer: una embarcación naval, concretamente un submarino, equipado para localizar y destruir embarcaciones enemigas, sobre todo otros submarinos.

En la profundidades más allá de la superficie helada del Ártico, la Guerra Fría nunca terminó realmente. Ahí, a profundidades extremas, invisibles para el mundo, submarinos de Estados Unidos y Rusia continúan con su arriesgado juego entre pasajes increíblemente estrechos, recordándose mutuamente el coste, inconcebiblemente alto, que tienen las agresiones repentinas. El peligro no ha hecho más que crecer con tensiones que siguen escalando gracias a una nueva generación de submarinos nucleares enormemente sofisticados, que rondan estas oscuras profundidades, persiguiéndose sin cesar como si una batalla a gran escala estuviese a punto de estallar.

Pero, ¿qué ocurriría si estos tensos juegos de guerra de repente dejasen de ser un juego? Y, ¿qué pasaría si, según irrumpe el caos, sólo hubiese una oportunidad para salvar al mundo de la III Guerra Mundial y un conflicto nuclear descomunal? Ésta es la constante y tensa situación en la que se sumerge el público con Hunter Killer, cuyo título hace honor a estos sofisticados submarinos de ataque, creados para acercarse al enemigo sin ser detectados.

Todo comienza cuando un submarino ruso naufraga en el Ártico. Poco después, el submarino estadounidense que lo seguía también desaparece misteriosamente. En medio de la investigación de estos inquietantes acontecimientos, los altos mandos militares en Washington DC quedan absolutamente desconcertados cuando descubren que un almirante ruso rebelde está intentando llevar a cabo un golpe de estado sangriento en una base naval rusa. La única esperanza para frenar una guerra entre estas súper potencias cae en las manos de dos equipos secretos. El primero, un equipo de SEALS clandestinos que tiene que intentar adentrarse en territorio ruso para interceptar el rapto del presidente ruso. Simultáneamente, en el mar, el Capitán Joe Glass y su joven tripulación del USS Arkansas han recibido la orden de dirigirse hacia el enemigo. Como capitán de un submarino Hunter Killer, Glass domina las reglas de la persecución, pero ahora deberá romperlas, al darse cuenta de que en esta ocasión ha de unir sus fuerzas con su enemigo.

La película parte del género clásico de thriller de submarinos, con toda su inquietante tensión, claustrofobia y presión psicológica y física, y lo lleva a la era post Guerra Fría, en la que operaciones relámpago, y las reacciones que generan, pueden alterar el equilibrio mundial de un día a otro. Según el Capitán Glass, con sus nervios de acero, se ve enfrentándose cara a cara con su estoico homólogo ruso, el Capitán Andropov (Michael Nyqvist), cada vez es más aparente que el tenue y desconfiado vínculo que mantienen es lo único que se interpone entre el mundo y una catástrofe nuclear.

Con un reparto estelar liderado por Gerard Butler, Gary Oldman y Common, la acción de la película pasa de las profundidades del mar a la tierra y luego vuelve al océano. Pero, sobre todo, Hunter Killer capta el mundo del llamado "servicio de silencio" del siglo XXI, los hombres y las mujeres que sirven a sus naciones al patrullar en las profundidades mientras sus logros más valientes pasan sin ser vistas ni escuchadas.

Butler dice lo siguiente: "Cuando leí este guión por primera vez hace unos años, me fascinó inmediatamente. Es una historia clásica con un montón de acción genial, un argumento complejo y un abanico increíble de personajes fantásticos que son héroes de todo tipo. Parecía una manera emocionante de reavivar el género de thriller de submarinos para los tiempos actuales. Y ahora mismo esta historia no podría ser más relevante."

La autenticidad de Hunter Killer empezó con las fuentes: la novela Firing Point escrita por George Wallace, un comandante retirado con una enorme experiencia en el submarino nuclear USS Houston, y el periodista galardonado y autor de best-sellers Don Keith. El argumento del libro, basado en el extenso conocimiento de Wallace, incluía idas y venidas a través de un golpe de estado nacionalista en Rusia, una misión secreta de un grupo de marines SEAL y un capitán de submarino que tenía que enfrentarse a decisiones que podrían detener, o detonar, la III Guerra Mundial. A pesar de lo complejo, la historia era tan inquietantemente plausible que mantuvo a sus lectores en vilo por las noches. Incluso más que la acción trepidante, los lectores eran transportados a la vida en un submarino nuclear, inmersos en un ambiente apretado, sin luz solar, increíblemente tenso donde los nervios de acero y el honor son el único apoyo que puedes encontrar.

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El atractivo cinematográfico del libro era tan fuerte que enseguida comenzaron conversaciones sobre una adaptación para la gran pantalla. Muchos cineastas se han sentido fascinados por las profundidades más lejanas desde hace más de un siglo. Las películas de submarinos han sido un género popular desde los albores del cine comercial. Desde la película muda The Secret of the Submarine de 1915 hasta las inquietantes películas de submarinos de la II Guerra Mundial, del rompedor y visceral film alemán Das Boot: El submarino a los taquillazos que han resultado de las adaptaciones de las novelas de Tom Clancy La caza del Octubre Rojo y Marea Roja de los 90. El espacio constreñido dentro de un submarino repleto de soldados enfrentándose a la experiencia extrema del confinamiento, de la ansiedad y peligro ha sido un campo en el que abundan los elementos esenciales para el drama. Pero con un nuevo horizonte con enormes cambios en tecnología submarina, y en el mundo, del nuevo milenio todavía no se habían producido películas sobre la vida en un submarino naval del siglo XXI.

Esto cambió cuando los guionistas Arne L. Schmidt y Jamie Moss adaptaron Firing Point, creando la película Hunter Killer. Donde concentran la novela de más de 700 páginas en una tensa exploración de la batalla para prevenir una guerra en tierra y bajo el mar.

Dos de los sets más complejos se construyeron en Ealing Studios en Londres, el estudio de cine más antiguo aún en funcionamiento del mundo. Fue ahí donde el equipo recreó hasta el mínimo detalle los interiores de un submarino clase Virginia, el submarino nuclear multifuncional de tecnología punta que se ha hecho famoso por su versatilidad y agilidad, sobre un cardán móvil enorme. Los submarinos clase Virginia, que aparecieron en los 90, actualmente cuentan con lo último en tecnología, equipos de inteligencia y sistemas de armas, y son tan efectivos que seguirán siendo un elemento clave de la flota marina de Estados Unidos, por lo menos, hasta 2043.

Gracias a fotografías cedidas por la Marina del submarino y la tecnología de impresión 3D, el equipo de diseño pudo crear un facsímil que parecía lo suficientemente real como para inspirar compañerismo y valentía.

El exterior del USS Arkansas se construyó en los Estudios Pinewood, en un tanque donde se han rodado numerosas escenas acuáticas famosas. Aquí es donde vemos al Capitán Glass y a su tripulación preparar la nave para su misión en aguas rusas.

Mucha de la acción en Rusia se rodó en Bulgaria. Las escenas que tienen lugar en la base naval rusa en Polyarny, la ciudad más cercana en el extremo noroccidental del país donde el díscolo Almirante Durov rapta a su propio presidente, rodaron en la base naval búlgara en Varna, en la costa del Mar Negro. El interior del impresionante centro de comando en Polyarny se construyó en los Estudios de Cine Nu Boyana en Sofia, al igual que los interiores del submarino ruso del Capitán Adropov y la sala del sónar del USS Arkansas.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Millennium Films, G-BASE. Cortesía de Tripictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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