Crítica: "Pesadillas 2: Noche de Halloween" (Ari Sandel, 2018)

Posiblemente, ni el propio R.L. Stine imaginó que se iba a hacer rico y famoso con Pesadillas, su serie de novelitas de terror infantiles. Hablamos de poco más que cuentos largos, no especialmente originales y repletos de clichés y lugares comunes, pero, por alguna razón inexplicable, capaces de encandilar a los críos y crear legiones de fans.

Hay quien lllama a R.L. Stine “el Stephen King de los niños”, y él declara que su éxito se debe a “la ausencia de de drogas, depravación y violencia”, quizá en un guiño al autor de Maine, con el que mantiene una divertida “rivalidad” que se refleja en algunos de los chistes de esta película y de su predecesora.

Desde comienzos de los 90, Pesadillas (Goosebumps, o Escalofríos) no solo ha triunfado con docenas y docenas de libros, sino también con series de televisión, videojuegos y una película de dirigida por Rob Letterman en 2015, de la que ahora llega esta secuela, directamente pensada como divertimento familiar para la temporada de Halloween.

Ari Sandel, un tipo dedicado al entretenimiento juvenil sin pretensiones artísticas (parece ser que su próximo encargo es una adaptación de las muñecas Monster High), nos ofrece todo lo que cabría esperar de una película de estas características. Ni más ni menos. Un producto comercial inofensivo, repleto de monstruos que asusten lo justito y libre de muertes, violencia o traumas.

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Los personajes del film son los estereotipos clásicos (afianzados en la época del cine familiar de los 80), jóvenes de pueblo-barrio residencial: un niño y su amigo, la hermana adolescente, la madre soltera dicharachera, los matones (que no pegan ni humillan en exceso para no herir sensibilidades), los adultos tontorrones y un pequeño papel para Jack Black, en una versión caricaturesca del propio R.L. Stine.

Las referencias a Nikola Tesla quizá sean lo único más o menos llamativo en un film que huele a palomitas y a chucherías de Halloween. Muchos monstruos digitales, más maquillajes y animatrónicos de los que cabría esperar (bien por eso) y humor sencillo, con gags entre los que destaca el de una divertidas calabazas animadas.

Como curiosidad, en el momento en el que se estrena Pesadillas 2, Jack Black compite consigo mismo en taquilla con otra producción en la que aparecen calabazas de Halloween animadas (La casa del reloj en la pared).

Realizada con corrección impersonal, Pesadillas 2 no es una gran película, ni pretende serlo. Resulta inofensiva. Los adultos la olvidarán a la media hora de haberla visto, pero quizá algún niño salga con ganas de leer los libros, lo cual siempre es un avance.

Como punto negativo, debemos señalar el doblaje español del personaje de Ken Jong. Sí, el personaje es caricaturesco, pero el acento chino que emplea el doblador es propio de una parodia ‒tirando a ofensiva‒ de los años 50. Todos convivimos actualmente con personas procedentes de China, y sabemos que no hablan así.

Más allá de eso, el film se puede recomendar sin problema, mientras no se tengan grandes expectativas. De hecho, el doblaje que lleva a cabo Santiago Segura del muñeco Slappy (el personaje más célebre de Pesadillas) es excelente, e incluso se podría aventurar que tiene algún guiño al entrañable Chucky.

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Sinopsis

Pesadillas 2: Noche de Halloween cuenta la historia de la familia Quinn, compuesta por Sarah (Madison Iseman), su hermano pequeño Sonny (Jeremy Ray Taylor) y su madre Kathy (Wendi McLendon-Covey). Sonny y su mejor amigo Sam (Caleel Harris) se dedican a coleccionar objetos que la gente no quiere, razón por la cual acaban cruzándose en el camino de Slappy (Avery Lee Jones), una traviesa marioneta de un libro sin publicar de Pesadillas.

De primeras, Slappy parece sólo querer ser parte a la familia Quinn, pero cuando sus travesuras se les van de las manos, Sarah, Sonny y Sam deciden que tienen que parar a la peligrosa marioneta. Después de sentirse rechazado en su obsesión por pertenecer a la familia Quinn, Slappy crea su propia familia al raptar a Kathy y trayendo a la vida a sus amigos de Halloween, incluyendo al ogro Walter (Chris Parnell).

A medida que Halloween transforma el tranquilo pueblo en un festival de monstruos, con terroríficos gnomos de jardín y un enorme oso de gominola, Sarah, los chicos y su vecino, el Sr. Chu (Ken Jeong), forman equipo para salvar a Kathy y al resto del pueblo del malvado plan de Slappy.

Después del enorme éxito de la primera película Pesadillas, los cineastas decidieron que en vez de limitarse a las historias de los 200 libros de la serie Pesadillas, traerían una nueva historia a la gran pantalla inspirada en los libros. La historia empieza con tres chicos normales que tendrán que hacer lo que sea para salvar a su pueblo y sus familias de un desastre de la mano de una de las creaciones más famosas del escritor R.L. Stine, Slappy, un conocido maestro del caos.

A R.L. Stine nadie le enseñó una fórmula para escribir libros. “El truco de Pesadillas es crear niños reales, niños verosímiles. Una vez tienes ese elemento, puedes volverte totalmente loco con la trama”.

Stine anima a los guionistas y cineastas a que sigan desarrollando su legado. “Es muy emocionante escribir algo y ver lo que otros crean con esa inspiración, la dirección que toman”.

Los cineastas siempre han pensado que los mejores intérpretes no podían estar hechos de madera. Pero esa creencia se desmorona cuando hablamos de la estrella de Pesadillas 2: Noche de Halloween, el títere Slappy. ¿Quién más podría invocar a docenas de monstruos para desatar el caos?

Slappy apareció por primera vez en el libro de Pesadillas de 1993 La noche del muñeco viviente. R.L. Stine se inspiró en autores como Ray Bradbury y Rod Serling, pero la idea original la tuvo de sus recuerdos de cuando veía películas de terror clásicas. “En algún momento de mi infancia vi una película británica antigua llamada Al morir la noche [Dead of Night (1945), de Alberto Cavalcanti, Charles Crichton, Basil Dearden y Robert Hamer], que contaba tres historia distintas. Una de esas historia trataba sobre un ventrílocuo cuyo muñeco cobra vida y acaba arruinándole la vida. Creo que esa es una de las mayores inspiraciones que he tenido al crear a Slappy” observa Stine.

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La productora Deborah Forte coincide con el autor cuando dice que Slappy le recuerda a esa idea clásica de que algo divertido y seguro como un títere se puede dar la vuelta y convertir en algo terrorífico, de esas cosas que te asustaban cuando eras pequeño.

En Pesadillas 2: Noche de Halloween, Slappy está controlado por el actor Avery Lee Jones, pero la interpretación está también coordinada con la ayuda de otras cuatro marionetas de Slappy, cortesía de Legacy Effects en Los Angeles. La primera marioneta es el muñeco “héroe”, una versión animatrónica que permite el control a distancia de los ojos, cuello y cara, además de poder girar la cabeza 360º. Las piernas y brazos están controlados por palos y los dedos son articulados. Legacy fue un paso más allá y creó un par de manos animatrónicas que se usan en las escenas de acción real.

La segunda marioneta es parcialmente animatrónica, y es conocida como la versión “simple”, en la que el único elemento mecánico es la boca pero que también se pueden mover manualmente los ojos, cejas y párpados. La tercera es la marioneta de “riesgos”, una versión hecha completamente de goma con ojos imprimidos en 3D, por lo que es igual que las otras versiones pero puede soportar mucha presión. Esta es la marioneta que los niños manejan por lo ligera que es. No tiene nada mecánico y es difícil de romper. La última versión es la “original”, el títere verdadero de ventrílocuo usada en la película original de Pesadillas.

“Es raro ver a Slappy en la primera película y luego actuar con él en la vida real, ya que es igual de terrorífico que en la pantalla” comenta la actriz Madison Iseman. “Estoy todo el rato esperando que cobre vida y se ponga a hablar. Definitivamente tenemos el cupo lleno de Slappys, hay unos de goma, otros mecánicos, el rodaje está lleno de ellos. Jones hace un gran trabajo dándole vida a Slappy, es algo impresionante”.

Crear monstruos reales que den la talla al lado de otros generados por ordenador no es tarea fácil. Los cineastas se reunieron múltiples veces con los departamentos de estilismo, maquillaje y vestuario para filtrar las cientos de ideas de las que partían. El estilista Bill Johnson estuvo al cargo de perfilar estos conceptos. Una vez el equipo creativo tuvo un esquema básico, se empezaron a crear moldes de los actores que interpretarían a los monstruos para que encajasen a la perfección. Este proceso duró varias semanas.

“Creamos 18 monstruos reales en total en unas cuatro semanas” comenta el jefe de maquillaje Travis Pates. “Eso incluye la conceptualización, los dibujos y la creación de modelos. Fue un proceso muy rápido”.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Columbia Pictures, Sony Pictures Animation, Original Film, Scholastic Entertainment, Silvertongue Films. Cortesía de Sony Pictures Entertainment Iberia. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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