Las grandes batallas del Emperador Amarillo

Las grandes batallas del Emperador Amarillo Imagen superior: "Zhanshen Chiyou" (2017), de Jizhong Zhang.

En un texto encontrado en el gran descubrimiento arqueológico de Yinqueshan de 1972, del que habrá ocasión de hablar más adelante, se cuenta el enfrentamiento del Emperador Amarillo o Huangdi con cuatro emperadores tan coloridos como él: el Emperador Rojo, el Emperador Blanco, el Emperador Negro y el Emperador Azul.

No resulta  fácil seguir con precisión los combates de Huangdi, pero sí se describen con cierto detalle dos grandes batallas, la de Banquan y la de Zhuolu, que parecen traernos ecos de un enfrentamiento entre los primeros pobladores de aquel territorio que con el tiempo se convertiría en China.

Parece que, al principio de las hostilidades, en un lado se situaban las tribus nómadas de los huangdi y los yandi y en el otro poblaciones agrícolas identificadas con los shennong. Recordemos que, en opinión de algunos historiadores, los nombres de los emperadores aluden a antiguos clanes o familias.

En aquella época, Shennong, el Señor del Mijo, poseía la legitimidad para gobernar sobre el territorio, pero era incapaz de defender al pueblo, que sufría el abuso de los nobles y que era víctima de los enfrentamientos constantes entre las diversas familias o linajes.

Es decir, se daba la situación habitual: cuando no existe un fuerte poder central, un vacio de poder permite que los diferentes señores de la guerra, paramilitares o guerrilleros se aprovechen del trabajo de los campesinos, los siervos y los esclavos gracias a su dominio de las armas y el abuso de la fuerza. Por eso, aunque se dice que en la sociedad utópica de Shennong no existía la guerra, al parecer eso no evitó que los poderosos se aprovecharan de la situación y abusaran de los más débiles, que es lo que suele suceder cuando se confía en que basta con renunciar al uso de la fuerza para que los demás también lo hagan.

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Imagen superior: las colosales estatuas de Huangdi y Yandi, padres legendarios del pueblo chino. Esta es la estatua más grande del mundo, tras las budistas, que ocupan los cuatro primeros lugares (Fotografía: Aida Ags, CC).

Las leyendas nos aseguran que las injusticias cometidas contra el pueblo hicieron que Huangdi se viera “obligado” a intervenir para luchar contra los shennong, o contra parte de ellos, pero también contra Yandi, el Emperador Ardiente, que quizá era su hermano y del que sabemos que reinaba en el sur.

Se sospecha que los huangdi y los yandi eran dos familias o dos linajes pertenecientes a un mismo clan, que quizá llegaron a la tierra de los shennong, porque todavía hoy en día los chinos se llaman a sí mismos “hijos y nietos de Huangdi y Yandi”.

Sin embargo, quizá tras vencer a los shennong, los poderosos ejércitos de Huangdi y Yandi se enfrentaron en la batalla de Banquan, que según las crónicas tuvo lugar hacia el año 2700 antes de nuestra era.

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Imagen superior: "Xuan Yuan: el gran emperador" (轩辕大帝,Li Xiaojun, 2016).

Según el texto taoísta Liezi, compuesto en el cuarto siglo de nuestra era, en la batalla de Banquan las tropas de Huangdi se agruparon en osos negros y osos grises, lobos, panteras y tigres, águilas y faisanes y halcones. También en los Anales de bambú (Zhushu Jinian), es decir, en las crónicas  del estado de Wei, se dice que Huangdi contó con la ayuda de tigres, panteras, osos y osos pardos.

Lo más probable es que los animales del Emperador Amarillo escondan el recuerdo deformado de clanes guerreros que se identificaban con animales, aunque también podría tratarse de insignias o enseñas militares que permitían distinguir a los diferentes batallones de Huangdi, porque este emperador es considerado el primer estratega que organizó a los soldados en formaciones para la batalla.

Cuando Sunzi dice que el Emperador Amarillo conocía las cuatro posiciones, seguramente se refiere a cuatro formaciones de batalla. Iñaki Ydoeta habla de insignias de osos, lobos, leopardos y tigres y como estandartes buitres águilas, halcones y milanos.

Otros eruditos chinos aseguran que lo que debe entenderse es que Huangdi amaestró a esas fieras y las empleó en la guerra, una práctica que se sabe que fue empleada en la China antigua.

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Imagen superior: "Xuan Yuan: el gran emperador" (轩辕大帝,Li Xiaojun, 2016).

El arte del engaño contiene la traducción completa y comentada de El arte de la guerra de Sunzi (Sun Tzu). El maestro Sun vivió mucho tiempo después de la época del Emperador Amarillo, pero se refiere a él como su primer precursor.

Así, en los Registros históricos de Sima Qian, se cuenta que Tian Dan usó mil bueyes para  provocar el pánico en el ejército enemigo, mediante un método verdaderamente sofisticado: cubrió a los animales con telas de seda roja con franjas que recordaban a un dragón y les ató espadas afiladas en los cuernos. También ató a las colas  de los bueyes juncos engrasados y los prendió fuego, dejando salir a los animales de la fortaleza.

Los bueyes, aterrorizados por el fuego, se precipitaron sobre el campamento enemigo, seguidos de cinco mil soldados que marchaban tras los animales en silencio. La irrupción de los bueyes provocó un pánico indescriptible, que aumentó debido a que los atacantes hicieron un ruido insoportable golpeando cazos de bronces con martillos. El éxito de la ofensiva de Tian Dan fue total.

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Tan solo sesenta y dos años más tarde de la batalla ganada por Tian Dan, el cartaginés Aníbal empleó un método muy parecido contra los romanos de Fabio Máximo:

«Ató bultos de haces de leña encendidos a los cuernos de bueyes, y largó a los animales sueltos por la noche. Cuando las llamas se extendieron, abanicadas por el movimiento, los bueyes, presas del pánico, corrieron como locos aquí y allí sobre las montañas a las cuales habían sido conducidos, iluminando la escena entera».

Fabio Máximo temió una emboscada y detuvo la persecución de Aníbal, que se encontraba en ese momento en verdaderas dificultades.

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En fechas cercanas a las anteriores, pero en la India, el gran estratega y pensador indio Kautilya recomendó impregnar con polvos incendiarios a pájaros, gatos, mangostas y monos, método a su vez semejante al que empleó el bíblico Sansón cuando encendió las colas de cientos de zorros y los lanzó contra los filisteos:

Y Sansón fue y capturó trescientas zorras, tomó antorchas, juntó las zorras cola con cola y puso una antorcha en medio de cada dos colas. Después de prender fuego a las antorchas, soltó las zorras en los sembrados de los filisteos, quemando la mies recogida, la mies en pie, y además las viñas y los olivares” (Jueces, 15,4). 

Todos estos estrategas, casi coetáneos, se anticiparon al moderno y terrible uso de perros o delfines adiestrados para detonar o detectar bombas .

Sea como fuere, con animales amaestrados o con formaciones de combate con insignias de fieras, se dice que Huang Di venció a su segundo enemigo, Yandi.

Lo que sucedió a continuación no está del todo claro y los relatos son muy confusos, pero parece que las dos tribus, la de los yandi y la de los huangdi, se unieron tras la batalla y dieron origen a la gran tribu de los huaxia, que los chinos consideran como el origen lejano de la etnia han, de la que se consideran descendientes.

En opinión de algunos historiadores, lo que sucedió pudo ser algo así como: en el territorio en disputa vivían los shennong, un pueblo agricultor, cuando llegaron dos tribus invasoras que estaban emparetadas, los yandi y los huangdi. Tras vencer a los shennong, los vencedores se enfrentaron por la posesión del territorio, hasta que los huangdi se impusieron.

En cierto modo, la situación recuerda vagamente a las invasiones sucesivas que cayeron sobre la civilización micénica o sobre el Imperio Romano, con pueblos que empujaban a otros pueblos, obligándolos a su vez a convertirse en invasores en su huida. Porque todavía quedaba un tercer enemigo para que Huangdi impusiera su dominio El más temible de todos.

Nota: en mi libro El arte del engaño se incluye una traducción íntegra de El arte de la guerra y Las 36 estratagemas chinas, realizada por Ana Aranda Vasserot.

Este artículo pertenece a la serie Guerra y paz en la antigua China

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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