Los escritos de Abraham Lincoln

Los escritos de Abraham Lincoln Imagen superior: Lincoln junto a los generales Sherman y Grant, y el almirante Porter. ("The Peacemakers", 1868, George Peter Alexander Healy).

Abraham Lincoln (1809-1865) es uno de los más célebres presidentes de Estados Unidos, y no pocos estudiosos lo consideran el mejor que el país ha tenido. Aunque ha pasado a la historia por su liderazgo durante la Guerra de Secesión (1861-1865), su carrera política tiene interés por sí misma, y sus reflexiones reflejan su carácter de gran estadista.

Lincoln provenía de una familia humilde y gracias a su esfuerzo personal logró estudiar Derecho y convertirse en abogado, labrándose una reputación en la profesión y comenzando a intervenir en la política local. Inicialmente vinculado al Partido Whig, tras la escisión de este pasó al Republicano, siendo inesperadamente nominado en 1860 candidato a la presidencia del país. Su mandato (1861-1865) coincidió en gran medida con la Guerra de Secesión y supuso la aprobación de la Decimotercera Enmienda de la Constitución federal, que proscribía definitivamente la esclavitud en todo el país. Estos acontecimientos, junto con su posterior asesinato (primer magnicidio en la historia del país), han hecho que la imagen de Lincoln haya quedado indisolublemente vinculada a este conflicto, lo cual ha tendido a condicionar la interpretación sobre su persona y su legado. 

Sin embargo, aunque el debate sobre la esclavitud y la secesión constituyó sin dudas un hito clave en la evolución política de Estados Unidos, no es posible, en mi opinión, valorar la importancia de Lincoln sin entender los principios fundamentales que subyacen en su pensamiento y que en última instancia guiaron su conducta ante los desafíos que afrontó.

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Imagen superior: Lincoln en febrero de 1865, dos meses antes de su asesinato.

Esa es la tarea que viene a cumplir esta recopilación de escritos suyos (El discurso de Gettysburg y otros escritos sobre la Unión, estudio preliminar, traducción y notas de Javier Alcoriza y Antonio Lastra, Tecnos, 2005), ordenados cronológicamente, desde sus tempranos inicios en política hasta el fin de su presidencia.

Algunos son intervenciones asamblearias determinadas por su compromiso partidista y, por tanto, de menor originalidad e interés. Otros revisten un carácter más personal e impresionan por el sentimiento que transmiten (véase especialmente el Elogio de Henry Clay, donde Lincoln rinde homenaje con motivo de su muerte a una de las mayores figuras políticas de su tiempo). Y otros, en fin, revelan un entendimiento de los fundamentos del sistema constitucional democrático no tan común en la época y que resultó esencial para vertebrar su línea de actuación durante los años críticos de su presidencia. Pues para Lincoln la esclavitud y la de la conservación de la Unión no eran, pese a lo que pudiera a veces parecer, cuestiones diferentes.

Lincoln nunca fue un abolicionista radical como otros políticos republicanos, pero para él la esclavitud era por naturaleza incompatible con el gobierno libre (nada tiene esto que ver, dicho sea de paso, con sus opiniones raciales personales, que siguen generando ríos de tinta), y el gobierno libre, para pervivir, no podía fundarse en una teoría política como la que los rebeldes confederados defendían. La democracia, por lo tanto, requería tanto la continuidad de la federación como el fin de la esclavitud.

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Imagen superior: Abraham Lincoln, retratado por George Peter Alexander Healy en 1869.

La frontera entre los ideales y la realidad sin duda existe, pero no es del todo impenetrable. El estadista se mueve siempre dentro de los límites de un mundo imperfecto, debiendo precaverse en todo momento de evitar los indeseables extremos tanto del radicalismo insensato como del inmovilismo paralizador. El sistema democrático no está exento de defectos y tendencias destructivas, pero la fidelidad a unos principios y una actuación política prudente y decisiva a la vez pueden permitir su continuidad. Tal es la contribución principal de Lincoln, tanto en el terreno del pensamiento como en el de la acción. 

Copyright del artículo © Antonio Mesa León. Reservados todos los derechos.

Antonio Mesa León

Antonio Mesa León (Sevilla, 1993). Graduado en Derecho y ADE (Universidad de Sevilla, 2016). Máster en Abogacía y LLM, IE Law School (Best Student Award y Dean´s List 2018).

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