"El mundo subterráneo" ("The World Below", 1929), de S. Fowler Wright

Aunque el romance científico había florecido en las revistas de literatura popular de finales del siglo XIX, el primer cuarto del siglo XX fue testigo de un largo y profundo declive en el género. Su recuperación en la década de los treinta se debió a los esfuerzos de un puñado de escritores que imaginaron extravagantes y alarmistas fantasías sobre la posibilidad de una nueva guerra mundial y su inevitable consecuencia: la destrucción total de la civilización.

El trabajo de S. Fowler Wright jugó un papel importante en este movimiento, pero no se puede decir que fuera representativo del mismo. Aunque a finales de los años treinta escribiría una trilogía de novelas de guerras futuras, sus dos primeras novelas, Los anfibios (1924) e Inundación (1927) eran variaciones sobre la idea del fin de la civilización humana tal y como la conocemos. En tan hondo bache estaba la ciencia-ficción en ese momento que ambos libros fueron autoeditados por el propio autor. La segunda de ellas, no obstante, acabaría convirtiéndose en un superventas, llegando a Hollywood y permitiendo a Fowler vivir de su pluma.

Los anfibios (1924) es un notable romance científico, comparable en su planteamiento y ambición a dos trabajos ya comentados en este espacio: La máquina del tiempo (1895) de H.G. Wells, y El reino de la noche, de William Hope Hodgson. Su acción se ambienta en un futuro situado dentro de medio millón de años, tan remoto que el hombre ha desaparecido de la faz de la Tierra para ser reemplazado por otras especies inteligentes: los pacíficos Anfibios, peludos y telepáticos; y los Moradores, unos trogloditas gigantes muy inteligentes dedicados a la investigación científica pero lastrados con un espíritu autodestructivo. El narrador de la historia –cuyo nombre nunca se nos revela– llega a ese futuro haciendo uso de una máquina del tiempo. Ha sido contratado por un científico con la misión de encontrar a sus predecesores, dos viajeros temporales que fueron enviados a ese periodo y que nunca regresaron.

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En este futuro remoto el narrador se encuentra atrapado en un entorno grotesco plagado de peligros. Los Anfibios son hermafroditas, si bien su apariencia se le antoja femenina al protagonista. Cuando el viajero se encuentra con su primer Anfibio, éste se sorprende tanto que en un despiste es atrapado y devorado por una planta carnívora. Este suceso es el primero en una serie de acontecimientos que malogra las relaciones entre Anfibios y Moradores. Esperando reparar el daño causado, el narrador une esfuerzos con un grupo de Anfibios que tratan de rescatar a uno de los suyos, capturado por los feroces y retrasados Matadores.

Elemento clave de la historia es el intento del protagonista para explicar su mundo a los Anfibios. En un momento determinado, se le permite ver en la mente de una de estas amables, hermosas e inteligentes criaturas; lo que siente le deja trastornado: para los Anfibios, no sólo mental y físicamente más evolucionados que el ser humano sino también moralmente, el narrador no es más que un ser inferior prisionero de ciegas servidumbres y opresiones . Esta pesimista visión no es más que la plasmación de una idea muy común en los romances científicos de este periodo post-bélico: que el mundo humano no es más que un estadio intermedio en la evolución, y uno particularmente desafortunado, ni totalmente natural ni plenamente civilizado, siendo el propio hombre una criatura imperfecta a mitad de camino entre el simio y el ángel. En esta obra, Fowler Wright fue, no obstante, más claro que otros de sus colegas a la hora de expresar la degradación propia de ese vago y temporal estadio.

Aunque los Anfibios consideran inferior al humano lo acompañan en lo que resulta ser una aventura dantesca repleta de horrores y especies monstruosas. Es una aventura alegórica en la que se debaten filosofías encontradas de la vida y la moralidad. Los fríos y racionales Anfibios contemplan el mundo desde una perspectiva trascendental, mientras que los Moradores son emocionales e impulsivos.

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Los anfibios tuvo una segunda parte, El mundo subterráneo (The World Below, 1929) que continúa la historia (inicialmente se planteó como una trilogía, pero la tercera parte nunca se escribió). Ambas se publicaron juntas, en 1929, en un solo volumen titulado igual que el segundo de los libros. Novela escrita a la sombra de la influencia de Wells, no llega a su altura.

Carece de la emoción y, sobre todo, del ritmo ágil de La máquina del tiempo, lo que no es de extrañar: aunque el libro fue escrito en la década de los veinte del siglo XX, su escritor había nacido en 1874 y su vocabulario, gramática y estilo eran netamente victorianos por lo que el lector de hoy puede encontrarla algo pesada de digerir. Además, aunque su contenido estaba influenciado por las nuevas ideas de Wells, tendía a expresarse mediante largas frases llenas de adjetivos que poco tenían que ver con el estilo limpio, conciso y moderno del famoso autor. También hay varias incoherencias, por ejemplo que aún cuando la misión inicial del protagonista consistía, como he mencionado, en la búsqueda de sus predecesores, para cuando se descubre lo que ha sido de ellos han pasado tantos capítulos sin que se les mencione en absoluto que la sensación que queda es que el propósito inicial no era más que una excusa vacía.

No existe tampoco demasiada pericia en la construcción de personajes. El único humano de la novela es el narrador, lo que no da mucho juego en cuanto a interrelación con otros seres, y los diálogos son escasos, lo que calcifica y ralentiza el ritmo. Los villanos –criaturas de alas de murciélago–, son una especie simple y malvada que no merece la menor simpatía. Como los orcos de Tolkien, están más allá de toda redención. Hoy día semejante aproximación sería calificada de racista, o incluso nazi. Pero las obras pertenecen a su tiempo y en la época de Fowler Wright, por mucho que el genocidio armenio ya hubiera tenido lugar y fuera bien conocido en su momento, la sociedad todavía no había modificado su ideología respecto al siglo anterior. La Segunda Guerra Mundial se encargaría de eso. Después de ella, los escritores se lo pensarían dos veces antes de describir a una raza entera como perversa y merecedora de ser exterminada.

Aunque hoy no sea objeto de atención por parte de la mayoría de los comentaristas, en su momento El mundo subterráneo fue muy influyente y conocido. En una encuesta realizada en 1949 sobre los títulos imprescindibles de la ciencia-ficción ocupó el puesto nº 7; tres años más tarde, en 1952, el sondeo que llevó a cabo la revista Astounding entre sus lectores lo sitúo en un honroso nº 28. Recomendable para los estudiosos y grandes admiradores del género, en cualquier caso merece la pena ser reseñada en su calidad de importante obra de transición entre los romances científicos del siglo XIX y la ciencia-ficción moderna.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, con licencia CC, y editado en Thesauro Cultural (TheCult.es) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

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