Carrière y Buñuel se encuentran con Sherlock Holmes

Carrière y Buñuel se encuentran con Sherlock Holmes Imagen superior: Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière.

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas. Aquí puedes leer la transcripción de un programa en el que Chus Natera y Daniel hablan acerca del más célebre detective de todos los tiempos y de dos detectives aficionados: Jean-Claude Carrière y Luis Buñuel.

Chus: Buenas tardes, Daniel. Hoy me parece que vamos a recibir de nuevo en Una cita con las musas a nuestros invitados de la semana pasada.

DT: Pues sí, a Luis Buñuel y a su guionista Jean-Claude Carrière. La semana pasada recordamos un método creativo que practicaban y que consistía en que se ponían como tarea que cada uno tenía que contarle una historia al otro durante el desayuno. Y hoy vamos a hablar de otro juego creativo que practicaban, que puede ser muy bueno tanto para guionistas y cineastas como para escritores o dramaturgos, por ejemplo, pero que también es entretenido para cualquier persona.

Chus: Y según tengo entendido, este método también tiene relación con Sherlock Holmes, ¿no?
DT: Pues sí, porque en cierto modo consiste en imitar al célebre detective. No estoy seguro, pero creo que precisamente lo practicaban porque los dos eran aficionados a las aventuras del detective escritas por Arthur Conan Doyle. El asunto consiste en que cuando Buñuel y Carrière se veían en un café o en una terraza, competían a ser detectives.

Chus: ¿Allí, sentados en la terraza? ¿Sin visitar la escena del crimen?
DT: Claro, porque hay que tener en cuenta que la profesión del propio Sherlock Holmes, tal como él la define es “detective consultor”: viene alguien, por ejemplo la policía o un cliente y le cuenta algo, y entonces él a veces resuelve el misterio o le da pistas  al policía o se pone en movimiento para buscar más datos. Pero una de las cosas más interesantes de las aventuras de Holmes es cómo adivina un montón de cosas acerca de sus clientes mirando cómo visten, cómo es su reloj. Un ejemplo es una aventura en la que Sherlock Holmes compite con su hermano Mycroft.

Chus: Adelante…
DT: Esta aventura se llama “El intérprete griego”, y en ella Holmes y Watson visitan el Club Diógenes, donde suele pasar los días su hermano Mycroft, al que Watson todavía no conoce. Pues bien, cuando están allí ven a un hombre, y entonces cada uno de los hermanos dice lo que deduce de ese hombre. Leo:

«Era un individuo bajo y muy moreno, con el sombrero echado hacia atrás y varios paquetes bajo el brazo.
—Un militar veterano, por lo que veo —dijo Sherlock.
—Y licenciado hace muy poco tiempo —observó su hermano—. Con graduación de suboficial.
—Artillería Real, diría yo —señaló Sherlock.
—Y viudo.
—Pero con un crío de poca edad.
—Críos, muchacho, críos».

Chus: Pues sí que deducen cosas estos dos hermanos Holmes…
DT: Sí.  Watson que lo está viendo todo no se lo cree y Sherlock dice:

«—Vamos —exclamé yo, riéndome—, creo que esto ya es demasiado.
—Seguramente -repuso Holmes— no sea tan difícil decir que un hombre con este porte, una expresión de autoridad y una piel tostada por el sol es un militar, algo más que soldado raso y que ha llegado de la India no hace mucho tiempo.
—Que ha dejado el servicio hace poco lo demuestra el hecho de que todavía lleve sus «botas de munición», como suelen llamarlas —observó Mycroft.
—No tiene el paso inseguro del soldado de caballería y, sin embargo, llevaba su gorra inclinada a un lado, como lo demuestra la piel más clara en ese lado de la frente. Su peso no es el propio del soldado de ingenieros. Ha servido en artillería.
—Y, desde luego, su luto riguroso muestra que ha perdido a un ser muy querido. El hecho de que haga él mismo sus compras da a entender que se trató de su esposa. Observa que ha estado comprando cosas para los chiquillos. Lleva un sonajero, lo que indica que uno de ellos es muy pequeño. Probablemente su mujer muriera al dar a luz. Y el hecho de que lleve bajo el brazo un cuaderno para pintar denota que hay otro pequeño en el que ha de pensar».

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Imagen superior: Los Ángeles, 20 de noviembre de 1972. De izquierda a derecha (de pie), Robert Mulligan, William Wyler, George Cukor, Robert Wise, Jean-Claude Carrière, Serge Silverman, Charles Champlin y Rafael Buñuel, (sentados) Billy Wilder, George Stevens, Luis Buñuel, Alfred Hitchcock y Rouben Mamoulian.

Chus: Una vez explicado parece todo evidente, pero no lo es…
DT: Claro. Sherlock Holmes le dice en una ocasión a Watson que cree que comete un error al contar sus trucos, porque pierde algo de misterio.

Chus: Y entonces Carrière y Buñuel practicaban este juego de ser detectives…
DT: Así es. Miraban a la gente, elegían una víctima y tenían que deducir mediante la observación a qué se dedicaba esa persona.

Chus: Pero como ellos no eran detectives, sino cineastas, podían inventarse cualquier cosa…
DT: Sí, pero lo bueno es que la historia se sustente sobre lo que observas, que haya datos sobre la manera de vestir, de caminar, que los gestos y todo tipo de detalles le den verosimilitud a todo lo que cuentas. Si inventas por inventar, el  juego pierde gracia y en realidad no aprendes a observar y a deducir realmente. Aunque, bueno, si se ocurre una historia fantasiosa estupenda, pues tampoco hay problema,

Chus: Claro, porque cualquier método es bueno si te resulta útil. Pero el propósito del juego es desarrollar la capacidad de observación.
DT: Pues sí. Además este método de observar a una persona y deducir cómo es, quién es, a qué se dedica, tiene una segunda utilidad: puede servir para ligar.

Chus: Pero ¿qué me estás diciendo?
 DT: Sí, porque después de deducir una historia puedes acercarte a la persona que habéis observado y preguntarle si habéis acertado o no. Le dices: “Mira, mi amiga y yo estamos haciendo un ejercicio que nos ha puesto nuestro profesor y tenemos que  deducir a partir de la observación qué haces y cómo eres. Y entonces le preguntáis por esto o por lo otro a ver quién de las dos ha acertado.

Chus: ¡Vaya morro!” Es el truco de siempre del “¿estudias o trabajas?” pero haciéndose el interesante.  Me lo voy a apuntar y a partir de ahora diré que soy estudiante de narrativa.
DT: Sí, pero aunque no se use para ligar es un método muy útil para los guionistas, que yo siempre propongo en mis talleres, enviando a los alumnos a la calle para que observen a desconocidos. Después tienen que venir a clase y contar cómo era la persona observada y qué dedujeron y por qué.

Chus: Claro, porque la capacidad de observación es fundamental para un guionista.
DT: Y no sólo eso, porque este juego que tanto les gustaba a Carrière y a Buñuel tiene una tercera utilidad, porque cuando escribes un guión y tienen que crear personajes, sucede que al espectador le vas a dar tan poca información como a alguien que está sentado en una terraza observando. Con pocos detalles tienes que construir un personaje, por lo que es muy bueno irse entrenando. Pensar en lo que deduces al observar a alguien, darte cuenta de que hay ciertos rasgos equívocos y otros mucho más significativos.

Chus: Al construir tu personaje vas a tener que elegir ciertos rasgos y trasmitir con eso un retrato que resulte claro para el espectador.
DT: Pues sí. A veces porque quieres que el espectador entienda rápidamente cómo es el personaje, y otras porque quieres lo contrario: dar falsas pistas al espectador. Darte cuenta de los rasgos que parecen revelar una profesión o una personalidad te sirven para crear personajes más o menos estereotipados o más o menos evidentes, pero otras veces lo que quieres es que el espectador se haga un retrato robot del personaje para luego darle una sorpresa: que piense “Este es un pijo” y después resulte que no lo es. Es lo mismo que sucede cuando tú estás allí en la terraza observando y luego a lo mejor, al preguntar a esa persona, te llevas una sorpresa.

Chus: Supongo que así fue como Jean-Claude Carrière creó muchos de los personajes de las películas de Buñuel.
DT: Sí, y él y Buñuel  seguramente emplearon ese conocimiento que adquirieron mediante la observación para darle la vuelta a los tópicos y crear personajes que raramente eran lo que parecían a primera vista. Porque Carrière decía: «Para que un personaje sea completo, siempre hay que dotarlo de un subconsciente propio. Todo escritor debe conferir zonas oscuras a sus personajes. Y cuando hacen cosas absurdas o impropias de ellos hay que dejarles tomar ese camino imprevisto».

Recomendación creativa: Mi último suspiro, de Luis Buñuel (con Jean-Claude Carrière).

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la identidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015), El espectador es el protagonista (Alba, 2015) y El arte del engaño (Ariel, 2018).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Entrevista con Daniel Tubau.

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