El falso pulgar del panda

El falso pulgar del panda Imagen superior: panda gigante, Ailuropoda melanoleuca (Skeeze, Pixabay, CC).

No es exactamente un dedo, pero da a los pandas capacidad prensil para coger las ramas de bambú de las que se alimentan. Un equipo internacional de paleontólogos estudió en 2015 el origen del ‘falso pulgar' de los osos panda, una estructura icónica desde el punto de vista evolutivo.

La investigación se basó en el estudio de los restos fósiles del oso del Mioceno, Indarctos arctoides, especie extinta que muestra la primera evidencia de la capacidad prensil de este grupo de mamíferos carnívoros. El equipo también concluyó que el uso de esta estructura que presentan las dos especies de panda actuales (gigante y rojo) se puede explicar como un fenómeno de "exaptación convergente", cuando un carácter primitivo permitió que, de manera independiente, las dos especies se especializaran en el bambú como única fuente de alimento.

Los pandas presentan un "falso pulgar", una estructura que funciona como un sexto dedo en las manos con el que cogen las ramas de bambú de las que se alimentan. Este pulgar no es anatómicamente un dedo sino que está constituido por un hueso llamado sesamoideo radial que, en muchos carnívoros, es sólo un pequeño componente de la muñeca. Sin embargo, en el panda rojo, Ailurus fulgens, y sobre todo en el panda gigante, Ailuropoda melanoleuca, este hueso es casi tan largo como los metacarpianos de los verdaderos dedos y puede hacer un movimiento de pinza gracias al complejo músculo-esquelético que presenta.

Los investigadores estudiaron el origen de esta estructura a partir de los fósiles de huesos sesamoideos del oso del Mioceno, Indarctos arctoides, que vivió hace unos nueve millones de años, encontrados en el yacimiento del Cerro de los Batallones (Madrid).

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Imagen superior: panda gigante, Ailuropoda melanoleuca (Ripperliu, Pixabay, CC).

El estudio de los fósiles concluyó que este falso pulgar ya estaba bien desarrollado en los miembros más antiguos de los ailuropodinos, grupo al que pertenece el panda gigante actual y también I. arctoides.

El hallazgo fue publicado en la revista The Science of Nature en junio de 2015. Los investigadores postularon que la función inicial de este dedo podía estar relacionada con la locomoción. "En el caso de las especies de menor tamaño, pensamos que este dedo les servía para sujetarse y desplazarse por las ramas de los árboles", explicó Juan Abella, investigador principal del estudio.

A medida que las especies de oso fueron aumentando de tamaño y el dedo perdió su función locomotora, el sesamoideo se fue haciendo pequeño en todas las especies de carnívoros de vida terrestre excepto en aquellas que lo empezaron a utilizar para alimentarse de plantas, como es el caso de los antepasados del panda gigante y, en menor medida, en el oso de anteojos (Tremarctos ornatus).

"En el oso panda gigante y en el panda rojo, que son dos especies que pertenecen a familias distintas, la hipertrofia del sesamoideo es aún mayor que en sus antepasados y relacionamos este hecho con la especialización alimentaria sobre el bambú", comentó Abella. "En este artículo nos referimos a esta coincidencia en estas dos especies de pandas como un caso de exaptación convergente, un fenómeno similar a la convergencia anatómica (evolutiva) donde una determinada estructura corporal cambia su función original para adquirir otra que confiere una determinada ventaja", explica el investigador.

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Imagen superior: restos fósiles de una pata delantera de la especie Indarctos actoides en el yacimiento del Cerro de los Batallones 3 (Madrid). / Marta Pina.

En el caso específico del panda gigante y el panda rojo, la exaptación convergente explica que la anatomía de esta región sea similar en ambas especies, ya que sería un carácter primitivo que ya estaba presente en el ancestro común, y la capacidad de procesar el bambú sería la nueva función. La especialización que supone comer hojas de bambú evitó la competencia por los recursos alimenticios con otras especies más generalistas.

El famoso biólogo evolutivo, paleontólogo y divulgador científico Stephen Jay Gould presentaba (precisamente en una obra de 1980, El pulgar del panda) esta estructura como un ejemplo muy significativo en el campo evolutivo. Los oponentes creacionistas de Darwin, nos dice Gould, "consideraban cada especie como algo inmutable desde el momento de su formación inicial. ¿Cómo probaba Darwin que las especies modernas son producto de la historia? Podríamos suponer que se habría aferrado a los resultados más imponentes de la evolución, las complejas y perfeccionadas adaptaciones de los organismos a su ambiente: la mariposa que se hace pasar por una hoja muerta, el avetoro por una rama, la soberbia obra de ingeniería que es una gaviota en vuelo o un atún en el mar. Paradójicamente, hizo exactamente lo contrario. Buscó rarezas e imperfecciones".

"El pulgar del panda ‒añade Gould‒ nos proporciona una buena contrapartida zoológica a las orquídeas de Darwin. Las soluciones óptimas del ingeniero quedan descartadas por la historia. El pulgar verdadero del panda queda relegado a otro papel, demasiado especializado en otra función como para convertirse en un dedo oponible y manipulador. De modo que el panda se ve constreñido a utilizar partes disponibles y a conformarse con el agrandamiento de un hueso de la muñeca que supone una solución un tanto engorrosa, pero bastante funcional. El hueso sesamoide no ganaría medallas en ningún concurso de ingeniería. Es, por utilizar la frase de Michael Ghiselin, un artefacto, no un exquisito dispositivo. Pero realiza su trabajo y excita nuestra imaginación tanto más cuanto que surge de una base tan improbable".

En la investigación de la que parte este artículo participaron investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont (ICP), el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), el Instituto de Geociencias IGEO (CSIC, UCM), la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Málaga, la Universidad Estatal Península de Santa Elena (Ecuador), la Universidad de Valencia y el Museo Argentino de Ciencias Naturales.

Abella, J., Pérez-Ramos, A., Valenciano, A., Alba, D.M., Ercoli, M.D., Hontecillas, D., Montoya, P. & Morales, J. (2015). "Tracing the origin of the panda's thumb". The Science of Nature 102: 35. Doi: 10.1007/s00114-015-1286

Copyright del artículo © MNCN-CSIC. Se publica en TheCult.es por cortesía del MNCN.

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