"Planetes" (2003-2004), de Gorō Taniguchi

¿Basureros espaciales? ¿No era de eso de lo que iba aquella serie televisiva titulada La escoba espacial (1977-1978), en la que unos inadaptados trabajaban recolectando detritus por el espacio a sueldo del Departamento Sanitario Galáctico? Sí, así es. Pero treinta años después, tras muchos lanzamientos espaciales, multitud de satélites en órbita y una Estación Espacial orbitando sobre nuestras cabezas, el problema de la basura espacial se contempla desde una perspectiva muy diferente.

Las peripecias profesionales y personales de un equipo de recuperación de residuos espaciales es el tema de una serie de animación japonesa de 26 episodios, basada en el manga del mismo nombre (1999-2004) creado por Makoto Yukimura. A menudo, este tipo de productos recibe atención únicamente de los aficionados al anime, pero en este caso se trata de una obra de gran calidad que puede contarse entre lo mejor de ese subgénero que algunos conocen como ciencia-ficción dura .

Planetes es el nombre que los griegos dieron a aquellos cuerpos brillantes que se movían por el firmamento nocturno. Su significado es errantes, y la elección de esa palabra como título de la serie no es casual. En el espacio, no sólo los planetas, los satélites, los cometas o los asteroides se mueven. Las estaciones orbitales viajan por el espacio girando sobre sí mismas siguiendo a la Tierra en un interminable recorrido; la basura espacial flota –en realidad se mueve a gran velocidad relativa– por el vacío; y los astronautas y todos aquellos que han hecho su vida en el espacio son nómadas modernos, con origen pero sin destino. Planetes nos cuenta dos años de las vidas de un grupo de esos errantes espaciales.

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En el año 2075, la basura espacial en órbita de la Tierra se ha convertido en un serio peligro para el tráfico espacial. Tornillería, restos de viejos satélites, dispositivos de defensa en desuso, herramientas... hasta ataúdes de "funerales" espaciales. Independientemente de su tamaño, cualquier objeto que se desplace a las velocidades propias del espacio y que choque con un vehículo puede provocar una tragedia. Las diferentes estaciones orbitales financiadas por grandes corporaciones empresariales mantienen equipos de limpieza de esos residuos, si bien al tratarse de una actividad poco o nada rentable (reciben un pago de las autoridades internacionales del espacio por cada residuo recuperado), constituyen la casta más baja dentro de los trabajadores espaciales: poco considerados profesionalmente, con escasas posibilidades de promoción y con una escuálida financiación.

Y a una de esas estaciones, la ISPV7, propiedad de la corporación Technora, llega la joven Ai Tanabe, recién graduada de la Academia Espacial, repleta de sueños y fantasías infantiles. Sus ilusiones sufren un serio varapalo al enterarse de que ha sido asignada al Departamento de Residuos, en los "sótanos" de la estación. Allí, en un cubículo miserable, conoce a los lunáticos que operan la Toybox, la nave de recuperación de basura espacial: Hachirota Hoshino ("Hachi"), un temperamental y joven astronauta japonés que se convierte en el mentor de Ai; la norteamericana Fee Carmichael, capitana de la Toybox, adicta a la nicotina y experimentada piloto; y Yuri, un estoico astronauta ruso de dulce y tranquilo temperamento con un triste pasado.

La serie televisiva inició su producción antes de que la colección de manga en la que se basaba hubiera finalizado, por lo que existen diferencias sustanciales entre ambas. Los guionistas del anime introdujeron nuevos personajes, relaciones diferentes entre ellos y situaciones que no aparecían en el cómic. Mientras éste se centró más en el aspecto existencial de los protagonistas, el anime utilizó la "excusa" de la recogida de basura espacial para profundizar en la relación que el hombre mantiene con el espacio, tanto a nivel individual como global. Así, en sus episodios se tratan multitud de temas de gran calado, ya sean sentimentales, psicológicos, sociales, económicos o políticos: el destino de los veteranos del espacio, la nueva "raza" de humanos nacidos en la Luna, el terrorismo espacial (de aquellos opuestos a la inversión de cantidades multimillonarias de dinero en el espacio en detrimento de los graves problemas que sufre la Tierra), la rivalidad entre hermanos y la competitividad entre colegas, los vertidos ilegales, la pérdida de seres queridos, el espíritu de amistad y camaradería, los emigrantes espaciales atascados sin trabajo ni dinero en las estaciones, la deshumanización de las corporaciones empresariales, la influencia de padres sobre hijos, la relación maestro–discípulo, la injusticia que sufren las naciones más pobres, la hipocresía de las organizaciones internacionales, la búsqueda de una misión que de sentido a la vida, la superación de los miedos más secretos...

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Dentro de ese marco temático general, sin perder el espíritu positivo y brillante hacia la exploración del espacio, Planetes presenta el cinismo propio de los "currantes" espaciales que ya nos presentara Ridley Scott en Alien (1979) y ampliara Peter Hyams en Atmósfera Cero (1981). Ai Tanabe, soñadora y llena de ilusión por lo que cree será una increíble aventura en el entorno romántico del espacio, se encuentra con que la estación espacial de la Technora no es sino un lugar de trabajo como cualquier otro, con trabajadores quemados, rivalidades entre departamentos, jefes prepotentes, rutina y papeleo... no parece haber aquí nada particularmente excitante. El espíritu pionero ha desaparecido.

Pero aunque no sea evidente a primera vista, también hay lugar para el heroísmo, el desafío y el descubrimiento. Y Tanabe no sólo madurará hasta convertirse en una astronauta competente, seria y responsable, sino que, a su vez, transmitirá parte de su alegría de vivir, su honradez y su espíritu de autosuperación al resto de sus compañeros. Los guionistas tuvieron el acierto, además, de no estancarse en la construcción y desarrollo de los personajes centrales, sino que casi en cada episodio se hace un interesante tratamiento de los secundarios habituales o de nuevos personajes que juegan un breve pero fundamental papel en la vida de los principales. Éstos terminarán la serie –que consta de una única temporada, concluyendo con un emotivo y extraordinario final– habiendo experimentado unas vivencias que les convertirán en personas diferentes, una evolución paulatina y coherente de la que muchos guionistas y escritores de todos los medios deberían aprender. Por otra parte, el foco de atención irá trasladándose gradualmente de la actividad de recogida de basura espacial en la Technora hacia los preparativos de la misión a Júpiter que efectuará la nave Von Braun, un viaje de siete años para el que será necesario una estricta y exigente selección de tripulantes.

Desde el punto de vista técnico, la serie presenta la vida en el espacio de manera impecable. Probablemente no pueda encontrarse otra serie televisiva o película que haya conseguido eliminar tan completamente el contenido fantástico de la ciencia-ficción, reflejando al mismo tiempo de forma verosímil una evolución factible de la tecnología aeroespacial, la economía y organización derivadas de la explotación de recursos ajenos a la Tierra y la forma de vida de aquellos que participan en ello. Los materiales, tecnologías y combustibles utilizados, los efectos que el vacío o los fenómenos astronómicos tienen sobre estructuras, naves y personas, las consecuencias biológicas que conlleva la vida en el espacio, la mecánica de los movimientos orbitales... todo ello está tratado con una exquisita rigurosidad a la que no es ajena el asesoramiento que la Agencia Espacial Japonesa prestó al autor de la serie.

En definitiva, una serie excelente, con una historia que engancha, unos personajes sólidos, un futuro tecnológico y social verosímil y una ejecución gráfica y narrativa de primer orden. ¿Te gusta de verdad la ciencia-ficción? No te la pierdas.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción, con licencia CC, y editado en Thesauro Cultural (TheCult.es) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar). Colabora en el podcast Los Retronautas.

Imagen superior. "Astronaut Academy", de Dave Roman. Emerald City Comic Con, Seattle, Washington.

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