Orson Welles y la visión del novato

Orson Welles y la visión del novato Imagen superior: Orson Welles.

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas… Aquí puedes escuchar Una cita con las musas, en un programa en el que Alberto Cañas y Daniel Tubau hablan de la visión del novato.

Alberto Cañas: Hola Daniel, ¿de qué vamos a hablar hoy?

DT: Vamos a hablar de la visión del aprendiz, del novato y de cómo a veces es mejor no saber algo que saberlo.

AC: Ah eso parece un poco extraño, ¿no? Porque se supone que cuando conocemos algo podemos resolverlo mejor…

DT: En gran parte sí, por supuesto, pero a veces sucede todo lo contrario. Imaginemos a un arquitecto que está pensando en el diseño de un nuevo edificio. De manera natural, su mente le ofrecerá ideas basadas en otros edificios que ha visto, o que él mismo ha diseñado, o que son famosos. Cada idea que tenga la comparará con lo que ya existe y si se le ocurre una idea muy diferente, enseguida se planteará los problemas de llevarla a cabo.

AC: Claro, supongo que si eres un arquitecto es inevitable que pienses en si el hormigón es suficientemente sólido, si las ventanas se pueden hacer triangulares, los costes que tendrá cada cosa…

DT: Claro, todo lo que sabes te condiciona y te puede bloquear. Lo mismo sucede si quieres escribir un guión: escribes una escena y enseguida te acuerdas de otra escena parecida en una película de los años 40. Yo tengo un amigo guionista que siempre recuerda una escena que se parece a algo que estamos escribiendo…

AC: Es que también se han hecho ya tantas películas y tantos edificios, que encontrar algo nuevo debe ser muy difícil.

DT: Sí, especialmente en esta época, en la que estamos muy obsesionados con la originalidad. Pero la verdad es que como dices se han hecho ya decenas de miles de películas, cientos de miles de canciones y millones de edificios. Mi padre siempre decía que quien se cree original es que no conoce la inmensidad de su ignorancia.

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AC: Vaya, pero eso puede ser también una causa para bloquearnos. Por un lado ver los problemas que surgirán al desarrollar cualquier idea, y por otro la sensación de que todo ya está hecho.

DT: Pues sí, pero no hay que preocuparse tanto por la originalidad, que es un asunto que trataremos en otra de nuestras citas con las musas… Pero en lo que se refiere a la visión del experto, muchas veces tenemos que desaprender lo que ya sabemos y recuperar, al menos en ciertos momentos, la mirada del aprendiz o del novato de la que hablan algunos budistas.

AC: Ah, no sabía que el budismo tenía que ver con la creatividad…

DT: Sí, claro, el budismo es una de las filosofías más ingeniosas e inventivas, aunque a veces también caiga en el dogmatismo. Hay una anécdota del zen, el budismo japonés, que cuenta que un profesor alemán fue a un monasterio zen para hablar con un maestro muy célebre. En cuanto se vieron, el profesor alemán empezó a discutir cada cosa que le decía el maestro zen. En un momento dado, el monje le preguntó al profesor si quería tomar un té. El profesor dijo que por supuesto y acercó su taza. Y entonces el monje comenzó a verter el té en la taza, pero aunque la taza se llenó y el té ya se caía por los bordes, el monje seguía echando té.

AC: ¿Y qué hizo el profesor?

DT: Le preguntó al monje que por qué seguía echando té, si la taza ya estaba llena y no cabía más. Así que el monje le respondió que eso era precisamente lo que pasaba con la mente del profesor: estaba tan llena de conceptos dogmáticos y de ideas hechas, que era imposible que en ella entrarán ideas diferentes como las que él le estaba proponiendo. Así que antes de entender todo lo que quería aprender, el profesor debía vaciar un poco su mente y dejar espacio para nuevas ideas.

AC: Ah, pues es una historia muy simpática y una metáfora muy ingeniosa.

DT: Sí y muestra algo bastante cierto: que muchas veces nuestras ideas previas nos impiden entender algo nuevo o siquiera escucharlo con atención. En realidad, la historia podría haberse dado a la inversa, y que el monje zen visitara al profesor con la mente llena de prejuicios. No es una cuestión de oriente y occidente o misticismo o ciencia, aunque muchos la interpretan así, sino de ser capaz de escuchar algo nuevo sin dejarnos llevar por nuestros prejuicios e ideas previas. Es lo que los escépticos griegos y latinos llamaban la epojé o suspensión del juicio. No siempre tenemos que juzgar o examinar las cosas.

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Imagen superior: Orson Welles y John Huston.

AC: Es decir, que tenemos que poner en suspenso lo que sabemos…

DT: Claro, recuperar la visión ingenua, para no ser condicionados de manera radical por lo que ya sabemos. Volver a ser aprendices. Decía Oscar Wilde que antes de interpretar una obra de arte, debemos entregarnos a ella sin condiciones. Por ejemplo, pensemos en Orson Welles, al que sin duda conocen todos los oyentes.

AC: Sí, por supuesto, es uno de los más grandes directores de cine. ¿Quién no conoce su gran película Ciudadano Kane, que muchos consideran la mejor de la historia?

DT: Pues resulta que Welles antes de hacer Ciudadano Kane había hecho sobre todo teatro y teatro en la radio con el Mercury Theatre, su compañía, como cuando hizo La guerra de los mundos, la adaptación de la novela de H.G. Wells

AC: Sí, una adaptación hecha en forma de reportaje que los oyentes creyeron que era real y pensaron que los marcianos nos habían invadido. Hubo hasta suicidios.

DT: Así es. Era un genio del teatro y de la radio, pero cuando Orson Welles llegó a Hollywood no sabía nada de cine. Y lo curioso fue que el director de fotografía más famoso del mundo, que era Gregg Toland, pidió trabajar con él. Y lo pidió porque sabía que Orson Welles era un novato, un aprendiz, y que no sabía nada de cine.

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Imagen superior: Orson Welles y Gregg Toland durante el rodaje de "Ciudadano Kane" (1941).

AC: ¿Y entonces por qué quería trabajar con él?

DT: Porque sabía que era muy ingenioso e innovador, con una imaginación desbordante, y, por eso, estaba seguro de que le pediría cosas absurdas que nadie que supiese de cine se le ocurriría pedir. Le apetecía ese desafío de enfrentarse a algo imposible y encontrar la solución.

AC: Claro y en Ciudadano Kane se hicieron muchas cosas que no se habían hecho antes, ¿no?

DT: Sí, efectivamente, hay planos donde parece que hay una grandísima profundidad, que el lugar se prolonga de manera casi infinita y lo que hay en realidad son recortables que fingen la perspectiva y crean profundidad. O también en otra escena, la cámara traspasa una claraboya de cristal mediante un ingenioso truco, porque en realidad no la atraviesa. En otra escena hicieron un agujero en el suelo para coger un contrapicado del protagonista, de Kane, en el que se representa un hombre todopoderoso.

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AC: Sí, en esa película hay planos realmente asombrosos.

DT: Sí, pero fíjate que en una ocasión otro gran director, Peter Bogdanovich, le preguntó a Orson Welles qué le parecía lo que había pasado en París, donde en una conferencia de prensa un periodista preguntó a Chaplin: “Perdone señor Chaplin, pero he observado que en sus películas nunca hay ningún plano interesante”. Y entonces Chaplin respondió: “Por supuesto que no hay planos interesantes en mis películas, porque yo soy interesante”.

Y entonces Orson Welles le dijo a Bogdanovich: “Y tenía toda la razón Chaplin. Yo tampoco he hecho nunca un plano interesante, porque todas las decisiones que he tomado al decidir un plano han sido porque quería contar algo concreto, por ejemplo la soledad de Kane cuando le llega el triunfo, cuando hice el agujero en el suelo, para mostrarlo como un titán, pero también como un hombre aislado de los demás y completamente solo. Pero nunca he hecho un plano porque fuese interesante, hermoso o deslumbrante”.

AC: Pues eso es muy paradójico, porque Welles es conocido como el director de los planos interesantes.

DT: Welles no hacía virtuosismo, lo ponía todo al servicio de lo que quería contar y del problema que quería solucionar. Buscaba soluciones a los problemas narrativos. Pero, volviendo a lo que estábamos diciendo: lo interesante de todo esto es que Welles, precisamente porque no sabía nada de cine, se atrevía a pedir cosas que ningún director experimentado le pedía a Gregg Toland.

AC: Así que una buena mezcla sería la de un experto como Toland y un novato como Welles, trabajando juntos.

DT: Pues sí, porque, claro, si no hubiera tenido a Toland, Welles seguramente no habría podido hacer realidad lo que imaginaba.

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AC: ¿Y la recomendación creativa de hoy, Daniel, ¿será de budismo zen o de cine?

DT: Será de cine, el zen lo dejaremos para otra ocasión. Puesto que hemos hablado de Orson Welles y Gregg Toland en Ciudadano Kane, creo que un buen libro puede ser un ensayo acerca de cómo se hizo Ciudadano Kane.

AC: Ah, muy bien, ¿y qué libro es ese?

DT: Bueno, hay muchos, porque seguramente Ciudadano Kane es la película acerca de la que se han escrito más libros, pero recomendré uno que es breve pero muy interesante y que está traducido al español. Su título es precisamente Cómo se hizo Ciudadano Kane. Su autor es Robert L. Carringer. El libro recorre todos los aspectos técnicos y creativos del proceso creativo que llevó a hacer posible la película y muestra precisamente esta mezcla entre la visión de los expertos de la productora RKO y del novato en cuestiones cinematográficas Orson Welles, y cómo las dos cosas son buenas si se saben mezclar y equilibrar bien.

AC: Pues entonces dejamos aquí esta recomendación, ¿nos la repites otra vez?

DT: Sí. El libro está escrito por Robert L. Carringer y se llama Cómo se hizo Ciudadano Kane. Lo publicó en español la editorial Ultramar.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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