Agenda primaveral

Hace medio siglo ocurrió el Mayo del 68. Umberto Eco lo definió como un enorme happening callejero. Hay, por el contrario, quien señala su importancia histórica, su carácter de punto de inflexión entre un antes y un después, sobre todo por su relevancia política.

No mucho más tarde, a comienzos de 1975, pude ver lo que subsistía de aquel fenómeno y sólo encontré en el extremo del Bulevar Saint Michel que se voceaban, los sábados por la tarde, unos periódicos contraculturales: La Gerbe y Cahiers pour la folie. Gobernaban Francia unos políticos de derecha, Pompidou y Giscard d'Estaing.

Los lemas de Mayo del 68 no eran políticos: llevar la imaginación al poder y pedir lo imposible. Siempre los romanticismos políticos –que resultaron impolíticos y a veces, restauradores– pidieron lo imposible, lo infinito, lo eterno, es decir lo indeterminado que muy raramente da lugar a actitudes políticas. Entonces vienen los contralemas de la sensatez realista: lo mejor es adversario de lo bueno, etcétera.

Aquella primavera resultó muy mediática. El happening requiere fotos y filmes. Algunas de las imágenes tópicas de esas que “dan la vuelta al mundo” eran apócrifas. Otras documentan alguna barricada callejera y grupos manifestantes de jóvenes. El grueso de la población sublevada contra el sistema era de estudiantes. Los lugares de promoción, locales universitarios. No se trataba de obreros descontentos por el paro o las malas condiciones de trabajo, sino de chicos de familias que les pagaban los estudios. Mayo del 68 lo hicieron unos jóvenes privilegiados que quemaban los coches de sus padres. Como me dijo un amigo por entonces becario en París: “La mayor consecuencia de mayo fue junio.”

Hace diez años empezó la crisis financiera que, en plan de superestructuras económicas, se dice superada. No tanto en cuanto a calidad del mercado laboral, ahorro y consumo. En España los números fueron dramáticos. Por ejemplo: se perdieron tres millones y medio de puestos de trabajo. Podría pensarse que los típicos sectores políticos críticos con el sistema, adversario de “lo que hay” debieran haber ganado terreno pero no es así en términos de resultados y proyecciones. Las derechas, mírense como se miren, sostienen la misma expectativa de votos que hace diez años, entre un 48 y un 49 por ciento.

Ciertamente, hubo y hay contestación social: mareas blancas y verdes, feminismo igualitario, pensionistas reivindicativos. Pero los lemas, tanto del Mayo del 68 como del 15 de mayo de 2011, fueron impolíticos: “No les votéis, no nos representan”. Desde luego, no hubo muertos en ninguno de los dos ejemplos. La sublevación no fue tal, la revolución como la muestran las viñetas clásicas, quedó lejos. En todo caso, las izquierdas faltaron a la cita. ¿Dónde estaban? ¿Dónde están?

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador respetado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. 

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