“En un lugar sin nombre” de Katherena Vermette

Siempre digo que los libros te salen al paso. Y que hay un libro para cada estado de ánimo, para cada situación, para cada día. Este es un libro para la lluvia, el frío y el desasosiego. Porque no hay una sola voz que te cuente las cosas, sino varias. Puntos de vista diferentes que se van alternando en cada uno de los capítulos, para construir el relato en zig-zag.

Es una historia que representa solo una foto-fija, la tarde y la noche del viernes, el sábado y los días que se desencadenan después. Pero el pasado está siempre presente y el futuro es una duda rodeada de un deje de esperanza pequeño e inseguro. Sin embargo, esa mujer vieja, sus hijas, nietos y bisnietos, me han parecido durante la lectura del libro, bastante más reales que la vida real y que la gente que forma parte de esa vida. Es el milagro de la literatura, su valor máximo.

Stella, “manos viejas en una mujer joven”, es una de esas voces. Tiene un buen marido y dos hijos. Pero no es feliz. Perdió a su madre siendo muy joven y forma parte de una familia extensa de la etnia métis, aborígenes que han vivido siempre en las praderas del oeste de Canadá, muchos de los cuales se han adaptado a vivir en una gran ciudad como esta, Winnipeg, la capital de la provincia de Manitoba, donde suponen el seis por ciento de la población. Son mestizos de ciudad. Ni de unos ni de otros.

En Winnipeg conviven ricos y pobres, gente de diversos orígenes, acaudaladas casas y bloques inmundos, todo ello en un entorno físico condicionado por los ríos que la rodean, el Rojo y el Assiniboine, y con un clima riguroso.

Hay una saga familiar de cuya comprensión depende asimilar el libro. Una estructura piramidal en la que la cúspide la ocupa la abuela y que termina con los niños más pequeños. Son mestizos. Muchos de ellos se han casado o emparejado con personas blancas y se ha perdido la pureza aborigen. No se sienten de nada, no son de nada, salvo, quizá, de ese barrio maltrecho, la Brecha, como lo llama alguien.

La madre de Stella, Lorraine, llevó una mala vida y murió a causa de ello. Su tía Cheryl es una pintora vocacional, una mujer oscura en cierto modo, que conserva un recuerdo cambiante de Charlie, el padre de sus hijas Louisa y Paulina. Louisa acaba de ser abandonada por otro buen hombre, Gabe, que necesita irse para poder volver. El equívoco. “Acababa de conocerlo y no sabía que le hacía eso a todo el mundo. Pensé que yo era especial”. Es el segundo abandono, porque también James se fue con una tal Darlene que era “escandalosa y divertida” algo que nunca será Louisa.

Paulina tiene una nueva pareja, Pete, que todavía no deja claro si se quedará o no después de todo. Todos los hombres están condenados a desaparecer y a que sus hijos crezcan sin padres.

“El frío de la infelicidad y del invierno caló en mí”, como podrían decir cualquiera de estas mujeres. Sobre ellas aparece la figura de la abuela, Flora, cuyo nombre solo se desliza en el penúltimo capítulo. Flora es la argamasa, lo que une a todos en un objetivo común: sobrevivir, mantenerse en su sitio, hacer lo que en cada momento haya que hacer.

La narración de la abuela inicia cada una de las tres partes, que continúa con sucesivos capítulos que muestran la mirada de los otros. Cheryl, Louisa (la única, junto con la abuela, que habla en primera persona), Paulina, la adolescente Emily (cuya terrible aventura dará lugar a los acontecimientos) y el único hombre cuya visión aparece detallada, Tommy, el méti que es policía.

El relato transcurre en líneas paralelas que acaban convergiendo, en círculos que terminan bebiendo del mismo origen. El barrio, lleno de descampados y de casas pobres, es un elemento vital. También lo es el mundo de las mujeres, sus silencios, sus alianzas, sus recuerdos, sus actos.

Las mujeres pisan fuerte para lo bueno y para lo malo, mientras que los hombres son verdugos o víctimas, pero nunca deciden. Los niños son aquí tanto un problema como una esperanza y el libro está lleno de ellos. Los hijos de Stella, los hijos de Louisa, los de Rita, la hija de Paulina, las hijas de Elsie…ninguno de ellos tiene asegurado más allá de un poco de lucha en la que tendrán que salir victoriosos.

Stella mira una noche de viernes por su ventana y observa la nieve helada que rodea su casa. Allí en medio, una pequeña y flaca figura de lo que parece ser una mujer, es atacada por cuatro sombras negras. Stella se queda paralizada, oye el llanto de sus hijos que la reclaman y solo atina a llamar a la policía. Algo terrible ha ocurrido y ella no ha podido hacer nada. A raíz de esto vamos a ir conociendo a estas mujeres y hombres que viven en un entorno cruel, con el frío calado hasta los huesos (Winnipeg es una de las grandes ciudades más frías del planeta), con la nieve como elemento del paisaje, con hospitales para pobres, con correccionales, pero, sobre todo, con cocinas acogedoras y humildes, con tazas de café, con sofás raídos de tanto abrazarse.

Crónica social de unos desarraigados que precisan recobrar lo que la ciudad les arrebató y encontrarse a sí mismos en su identidad; relato emocional de unas mujeres al borde de la vida: “Estamos jodidas, pero no tanto”; historia negra de violencia y abusos; el adiós pautado de una mujer poderosa en sentimientos que ve cómo la vejez la aplasta, cómo la memoria la avasalla, cómo la muerte se anticipa en mil cosas, todo cabe en este libro y todo se ofrece como un río que se entretuviera en múltiples meandros, sin complacencia, pero sin evitar mirarse en un espejo que se rajó una vez de parte a parte.

Sinopsis

Hay en Winnipeg un lugar sin nombre y sin ley donde todo puede pasar. Es un descampado, una franja árida de tierra, que parte la ciudad en dos: de un lado las familias acomodadas, y del otro unos caserones grandes y destartalados. Ahí viven muchas mujeres y hombres de la etnia métis, descendientes de las poblaciones indias que poblaban Canadá antes de la llegada de los conquistadores.

Hace frío esta noche en Winnipeg, y Stella se asoma a la ventana de su casa que da al descampado para ver cómo caen los copos de nieve. De repente, entre la neblina, ve unos cuerpos moverse, luego un bulto en el suelo. Al rato, la nada: solo una mancha roja de sangre en el barro helado. La mujer piensa en una violación y llama a la policía, pero nadie parece creerle: poco importa lo que pase en aquel lugar sin nombre.

Stella es la primera en una larga cadena de mujeres que levantan la voz en esta espléndida novela de Katherena Vermette para contar su historia y hablar de lo que sienten en un mundo donde el poder. puede, acosa y abusa, más allá de la diferencia de sexos. Nieva en Winnipeg, pero se ha roto por fin el silencio.

Katherena Vermette es una autora de origen métis cuyo poemario North End Love Songs fue premiado con Governor General's Literary Award for Poetry. En 2015, Vermette publicó la serie de libros infantiles The Seven Teachings Stories. La autora también incursionó en el terreno del documental con el film This RiverEn un lugar sin nombre es su primera novela y con ella ha sido nominada al Governor General's Literary Award for Fiction y el Rogers Trust Fiction Prize, y fue finalista del Canada Reads. En Canadá, la novela ha obtenido críticas entusiastas tanto por parte de la prensa especializada como por parte de los lectores en las redes sociales.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Lumen. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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