"Tygra: Hielo y Fuego" (1983), de Ralph Bakshi

Fruto de la colaboración entre el animador Ralph Bakshi y el genio de la ilustración Frank Frazetta, Tygra: Hielo y Fuego (Fire and Ice) fue distribuida por 20th Century Fox con la esperanza de atraer a los seguidores del género de espada y brujería, puesto de moda tras el estreno de Conan el Bárbaro.

Con un diseño de personajes inspirado en las obras de Frazetta, el equipo técnico quiso dotar de realismo a esta aventura, y por ello empleó generosamente el rotoscopio, que permitía transpasar al dibujo animado la naturalidad de los movimientos humanos.

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El guión fue encomendado a Gerry Conway y a Roy Thomas, y la razón para ello fue que ambos eran los guionistas de la serie Conan en el sello Marvel Comics. Con esos antecedentes, a nadie le extrañó que el guión de la película ‒más irregular de lo deseable‒ tuviera tantas similitudes con lo que podíamos leer por aquellas fechas en las páginas de La Espada Salvaje de Conan.

«Quería usar todos mis personajes conocidos tal como aparecían en mis pinturas», recordaba Frazetta, años después del rodaje. «La mujer pantera y todos los bárbaros... Yo le dije [a Bakshi]: Suena muy bien. ¿Cuánto? Me lo dijo y, chico, no estaba nada mal. Lo único que teníamos que haber hecho era una película con éxito y yo me habría hecho rico. Fácil ¿no? No fue una película mala, pero tampoco perfecta. Tenía cosas buenas y cosas malas, pero yo no me hago plenamente responsable. Creo que al menos era bastante buena para atraer a los jóvenes. Tenía mucha acción. Pero Ralph no consiguió colocarla en muchas salas y la película no llegó muy lejos».

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En opinión de Arnie Fenner, «este fue un ambicioso intento de trasladar las fantasías de Frazetta a la pantalla grande. Él disfrutó trabajando con los animadores, los actores y los especialistas, y con todo el proceso creativo que requiere una película. Pero, aunque Tygra: Hielo y Fuego contenía algunos fondos muy logrados (muchos de ellos pintados por James Gurney, que más tarde alcanzaría gran éxito con sus libros de Dinotopía) y algunas escenas de batallas de gran efecto, la película fue un desastre financiero» (Frank Frazetta. Maestro del Arte Fantástico, Evergreen, 1999).

Si analizamos el proyecto con perspectiva, cuesta entender la magnitud de ese fracaso. Para empezar, el equipo artístico contaba con profesionales de primera división, como el pintor Thomas Kinkade, o como Peter Chung, que luego se daría a conocer con Aeon Flux.

Conway y Thomas tomaron el título de uno de los poemas más populares de Robert Frost, Fire and Ice (1920), e incluyeron en esa trama todos los tópicos de la espada y brujería: una princesa en apuros (Tygra, cuyo cuerpo rotoscopiado era el de Cynthia Leake), un joven aventurero en busca de su destino (Larn, con el físico de Randy Norton y la voz de William Ostrander), un poderoso guerrero de aire misterioso y muy frazettiano (Darkwolf, encarnado por Steve Sandor), el clásico villano demente (Nekron, con el aspecto de Sean Hannon y la voz de Stephen Mendel) y una sensual hechicera (Juliana, interpretada físicamente por Eileen O'Neill y doblada por Susan Tyrrell, que ya había colaborado previamente con Bakshi en Wizards).

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En realidad, no era esta la primera oportunidad en que el cineasta y animador se aproximaba al subgénero que nos ocupa. Con la idea de atraer al público de la contracultura, Bakshi había rodado años antes Los hechiceros de la guerra (Wizards, 1977), una fantasía heroica en la cual, intercalando secuencias reales y animadas, mostraba el ideario pacifista que surgió frente a la guerra de Vietnam.

Wizards, ambientada en un mundo de elfos y magos, ofrecía interesantes novedades tecnológicas que sirvieron de preludio al filme más ambicioso de Bakshi, El Señor de los Anillos (1978). Los hechiceros de la guerra sólo costó dos millones de dólares, pero El Señor de los Anillos, producido por Saul Zaentz, alcanzó un presupuesto de ocho millones de dólares. Desde el punto de vista técnico, la adaptación del clásico de Tolkien destacó por el empleo continuado del ya mencionado rotoscopio, un recurso que permitía reproducir mediante la animación tomas rodadas previamente por actores reales, y que usó generosamente en Tygra. No obstante, pese a la estrecha relación temática que uno puede encontrar entre Wizards, El Señor de los Anillos y Tygra, la postura de Bakshi es muy distinta cuando se le mencionan estos tres títulos.

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Wizards es un proyecto muy querido por él y El Señor de los Anillos, pese a su problemática producción, fue la puesta a punto de todas sus ambiciones artísticas. Tygra, por el contrario, se ha convertido en una película de culto a su pesar.

Cuando le preguntan al respecto, Bakshi señala cuánto echa de menos a su viejo amigo Frank Frazetta, con quien siempre había querido trabajar, pero no muestra el mismo afecto por la película. «No me gusta Tygra ‒le confesó a Devon Ashby en 2012‒. Nunca me ha gustado. Y no me importa esa película. Quiero decir que es un peso ligero. No sé, por detrás de Heavy Traffic Coonskin, Desde luego, no fue un proyecto personal. No significaba nada para mí en ese sentido. Me gustaba encontrarme con Frank, y eso sí era personal. Pero no había ideas mías en esa película. Los guionistas procedían del mundo del comic-book, y no me preocupaba lo que escribían. No tenía ese tipo de compromiso emocional con Tygra: Hielo y Fuego. Si un director no está emocionalmente involucrado en una película, ya pueden darle cien mil millones de dólares, y él seguirá sabiendo la verdad. Las películas se basan en ideas, y tratan sobre cómo te sientes emocionalmente, y eso es lo que da coherencia a un proyecto. Y en cuanto al hecho de que a la gente le guste Tygra: Fuego e Hielo... Dios, no puedo repetir otros títulos que a la gente le gustan, y que pierdo la esperanza de ver algún día [Risas]. La gente no siempre toma las mejores decisiones cuando se habla de películas».

Ya ven que Bakshi no deja espacio para la duda. Y sin embargo, por contundente que nos parezca la opinión de su propio director, hablamos de un film que conserva el encanto de una época ‒fines de los setenta, principios de los ochenta‒, y sobre todo, que aún nos transmite ese poderío y esa inspiración propios de la espada y brujería. Un sentimiento jubiloso que, hablando de Robert E. Howard, fue descrito así por Fernando Savater: «Sal a su encuentro, únete a los bárbaros, créales una quinta columna fantástica en lo más tuyo de tu corazón (...) ¡Ah, los dragones, la lucha contra la fiera, su ternura, su nostalgia!».

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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