Los muertos parlantes. Cómo la personalidad condiciona nuestra adicción a los smartphones

Los muertos parlantes. Cómo la personalidad condiciona nuestra adicción a los smartphones Imagen superior: KristopherK, Pixabay, CC.

¿Cuántas veces al día chequeas tu teléfono inteligente? Según una reciente investigación, el americano medio lo hace una vez cada seis minutos y medio, o lo que viene a ser lo mismo, 150 veces al día.

Otra investigación ha descubierto que la frecuencia asciende a 300 veces diarias. En el caso de los jóvenes, esa inclinación se agrava particularmente: el 53 por ciento de las personas de entre 15 y 30 años confesaron que preferirían perder su sentido del gusto antes de renunciar a sus teléfonos inteligentes.

Estos datos sugieren con claridad que muchos usuarios pueden, de hecho, ser adictos a sus teléfonos inteligentes. He estudiado la adicción a las compras durante 20 años y tengo una idea clara de cuándo los comportamientos normales se convierten en preocupaciones poco saludables. El hecho de que entre el 80 y el 90 por ciento de las personas usen sus teléfonos mientras conducen ‒lo que, según una estimación, causa al año 6.000 muertes y daños que ascienden a 9.000 millones de dólares‒ es una señal clara de que algo anda mal. Y como profesor universitario, he comprobado, de primera mano, la abrumadora distracción causada por los teléfonos inteligentes en el aula.

Pero también me pregunto: ¿hay personas más propensas que otras a volverse adictas a sus teléfonos? Disponemos de un buen repertorio de investigaciones que relaciona ciertos tipos de personalidad con la propensión a otras adicciones. ¿Podría existir un vínculo similar en esta adicción a smartphones?

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Imagen superior: Asderknaster, Pixabay, CC

Una atracción asombrosa

En primer lugar, quise profundizar un poco más en ese control que el teléfono inteligente ejerce sobre nuestra atención. En 2014 dirigí una investigación con varios coautores, con el fin de estudiar la cantidad de tiempo que los jóvenes pasan con sus teléfonos. Descubrimos que los estudiantes universitarios gastan un promedio de 8 horas y 48 minutos diarios en sus teléfonos (una cifra que todavía me parece alucinante).

Este dato se une a una serie de hallazgos que reflejan este apego intenso: las encuestas han revelado que el 79 por ciento de usuarios busca el teléfono durante los 15 minutos posteriores al momento en que despierta, el 68 por ciento duerme con él, el 67 por ciento consulta el dispositivo incluso cuando no vibra ni está sonando, y el 46 por ciento afirma que "no puede vivir sin sus teléfonos inteligentes".

Sin embargo, hay quien es menos propenso a dejarse seducir ​​por los numerosos embelecos del smartphone: rara vez lo usa, o directamente, lo evita por completo. Estos usuarios están en el otro extremo del espectro de aquellos que han perdido el control, exhibiendo algunos de los signos clásicos de adicción ‒uso creciente, euforia, tolerancia, síntomas de abstinencia, conflicto y recaída‒ que identifiqué durante la investigación que me llevó a escribir el libro Too Much of a Good Thing.

Para averiguar qué tratamiento requiere alguien susceptible a esta adicción, recientemente realicé un estudio junto a mis colegas Chris Pullig y Chris Manolis. Nuestro objetivo consistía en averiguar si las personas con ciertos rasgos de personalidad tienen más o menos probabilidades de volverse adictas a sus smartphones. Partiendo de una muestra de 346 universitarios estadounidenses promedio, investigamos cuál de los siete rasgos de personalidad podría predecir este trastorno. También medimos la impulsividad de cada estudiante.

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Imagen superior: Rawpixel, Pixabay, CC

¿Un chupete y un símbolo de status?

Nuestros resultados nos permitieron comprender mejor el papel que desempeñan ciertos rasgos en el desarrollo de esta adicción. En primer lugar, descubrimos que la baja capacidad de atención y la alta impulsividad estaban relacionadas con ella. Si la persona tiene problemas para concentrarse en lo que tiene delante y en sus tareas, es más probable que use su teléfono de forma compulsiva.

Estos hallazgos llegan cuando nuestra capacidad de atención ya se está reduciendo. Un estudio de 2015, realizado por Microsoft, reveló que nuestro promedio de atención es de aproximadamente 8,25 segundos. Es decir, más breve que el lapso de atención de nueve segundos del Carassius auratus (el pez dorado común), y casi cuatro segundos más corto que nuestro promedio de atención de hace 15 años (12 segundos).

Al explorar los rasgos de personalidad, descubrimos que son tres los que influyen en la probabilidad de que seas adicto a tu dispositivo. El primero es la inestabilidad emocional. Las personas temperamentales son más propensas a ser adictas a sus teléfonos inteligentes que otras más estables. Parece que estas personas buscan una combinación de consuelo y distracción en sus smartphones. Como sucede con muchas adicciones a sustancias químicas, revisar compulsivamente las notificaciones o desplazarse por una sucesión de noticias puede ser un intento de reparar el estado de ánimo: un chupete de alta tecnología, por así decirlo.

En segundo lugar, nos encontramos con que los estudiantes universitarios más extrovertidos, que a menudo buscan ser el alma de la fiesta y conectarse con quienes los rodean, son más propensos a ser adictos que los introvertidos. Asimismo, descubrimos que la "sensación de estar conectado" es el impulso emocional más importante en el uso de teléfonos inteligentes. Por lo tanto, los introvertidos, que no comparten esta necesidad de conectarse, podrían estar menos dispuestos a sucumbir a esta tendencia.

Por último, los estudiantes materialistas nos informaron de que son más dependientes de sus smartphones. Esto puede parecer una conexión un tanto extraña, pero dado el importante papel que desempeñan los teléfonos inteligentes en la vida de los adultos jóvenes, no es sorprendente. Dado que los adultos jóvenes constantemente exhiben y usan sus móviles en público, la marca y las funciones de sus dispositivos le dicen mucho al mundo sobre quiénes son. En esencia, sus teléfonos inteligentes se han convertido en una forma de alardear, del mismo modo que un bolso o reloj caro puede reflejar algo acerca de la riqueza del propietario.

Nuestra obsesión por los teléfonos inteligentes es un buen ejemplo de lo que se conoce como la "paradoja de la tecnología". El moderno smartphone nos brinda la libertad de hacer cosas en lugares que solo podíamos soñar hace 20 años, pero también, de cierta manera, nos esclaviza. ¿Ha llegado el uso de los smartphones a un punto de inflexión, cruzando la línea que va de lo beneficioso a lo perjudicial? A ti, lector, te corresponde responder a esa llamada.

Copyright © James A. Roberts. Traducción de Guzmán Urrero. Artículo publicado originalmente por The Conversation y publicado en TheCult.es con permiso de sus editores. Lea aquíel artículo original.

James A. Roberts

James A. Roberts es profesor de Mercadotecnia en la Universidad de Baylor, en Waco, Texas. Es una autoridad muy reconocida en el campo de los comportamientos adictivos. Too Much of a Good Thing, su segundo libro, sigue de cerca los pasos de su gran éxito, Shiny Objects, en el que analizaba cómo nuestro amor por el dinero y las posesiones materiales afecta a nuestra felicidad.

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