Stephen Hawking (1942-2018). Breve historia de una vida

Stephen Hawking (1942-2018). Breve historia de una vida Imagen superior: Stephen Hawking en el Gonville & Caius College de Cambridge (Reino Unido). / Lwp Kommunikáció.

Stephen William Hawking nació justo 300 años después de la muerte de Galileo: el 8 de enero de 1942 en Oxford, Inglaterra, y nos dejó en su casa de Cambridge, el 14 de marzo de 2018, el día que los matemáticos celebran el Día de Pi (3,14).

La casa de los padres de Hawking estaba en el norte de Londres, pero durante la Segunda Guerra Mundial, Oxford fue considerado un lugar más seguro para tener bebés, por lo que decidieron desplazarse hasta allí.

Cuando tenía ocho años, su familia se mudó a St Albans, un pueblo a unos 32 km al norte de la capital británica. A la edad de once años, Stephen fue a la escuela de esta localidad y luego al University College, uno de los colleges (donde también estuvo su padre) más antiguos de la Universidad de Oxford.

Hawking quería estudiar matemáticas, aunque su padre hubiera preferido medicina para él. El grado de Matemáticas no se impartía en el University College, y en su lugar se decantó por la Física. Después de tres años y sin mucho esfuerzo, obtuvo su título con honores en esta disciplina científica.

Después se fue a Cambridge para hacer una investigación en cosmología, ya que no había nadie trabajando en esta área en Oxford en aquel momento. Su supervisor fue el físico britanico Denis Sciama, considerado uno de los padres de la cosmología moderna, aunque esperaba encontrar al astrónomo también británico Fred Hoyle, que trabajaba en Cambridge.

Después de obtener su doctorado, se convirtió primero en investigador y más tarde en profesor asociado en el Gonville & Caius College, uno de los más antiguos y grandes de Cambridge. Hawking dejó el Instituto de Astronomía en 1973 y años más tarde, en 1979, llegó al departamento de Matemática Aplicada y Física Teórica. Ocupó el cargo de profesor 'Lucasiano' de Matemáticas desde 1979 hasta 2009. Esta cátedra fue fundada en 1663 por el reverendo Henry Lucas –de ahí el nombre– y se ha mantenido con figuras tan destacadas como Isaac Newton.

Hawking fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica, ELA, poco después de su 21 cumpleaños. Tras su jubilación en 2009, Hawking siguió siendo parte activa de la Universidad de Cambridge y conservó una oficina en el departamento de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica de este prestigioso centro académico. Aquí continuó trabajando en física teórica hasta su fallecimiento a los 76 años, la misma edad a la que murió Albert Einstein, quien casualmente también nació un 14 de marzo.

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Imagen superior: Stephen Hawking en "Star Trek: La Nueva Generación" (1987).

Las claves secretas del universo

Respecto a sus investigaciones, Stephen Hawking trabajó en las leyes básicas que gobiernan el universo. Con Roger Penrose mostró que la teoría de la relatividad general de Einstein implicaba que el espacio y el tiempo tendrían un comienzo en el Big Bang y que puede tener un final en los agujeros negros. Estos resultados indicaron que era necesario unificar la relatividad general con la teoría cuántica, el otro gran desarrollo científico de la primera mitad del siglo XX.

Una consecuencia de esta unificación que descubrió el eminente físico fue que los agujeros negros no deberían ser completamente negros, sino que podían emitir radiación (la llamada radiación de Hawking), para finalmente evaporarse y desaparecer. Otra de sus conjeturas es que el universo no tiene borde o límite en el tiempo que podamos imaginar. Esto implica que la forma en que comenzó el universo estaba completamente determinada por las leyes de la ciencia.

Hawking publicó numerosos artículos científicos, libros y vídeos de divulgación. Sus publicaciones incluyen La estructura a gran escala del espacio-tiempo, escrito junto a George F.R Ellis; y Relatividad general: Revisón del centenario de Einstein, escrito con Werner Israel, un colega físico con el que también escribió 300 años de gravedad. Entre sus libros más populares figura su best seller: Una breve historia del tiempo, además de otros títulos, como Agujeros negros, pequeños universos y otros ensayos, El universo en una cáscara de nuez, El gran diseño y Breve historia de mi vida.

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Imagen superior: Stephen Hawking y el actor que encarnó al científico en el cine, Eddie Redmayne.

El profesor Hawking obtuvo doce títulos honoríficos. Fue galardonado con la Orden del Imperio Británico en 1982, y entró a formar parte de la Orden de los Compañeros de Honor en 1989. Recibió numerosos premios, medallas y galardones, entre ellos ser miembro de la Royal Society y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

En 2014 se estrenó en Estados Unidos una película basada en su vida, La teoría del todo, título que hace referencia a una de sus mayores aspiraciones en el campo de la física teórica: conseguir una teoría que unifique todos los fenómenos físicos conocidos hasta ahora.

Como ya indicamos, Hawking fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad de la neurona motora, poco después de su 21 cumpleaños. Desde entonces condicionó su vida, aunque a pesar de estar en silla de ruedas y depender de un sistema de voz computarizado para comunicarse, pudo compaginar su vida familiar (dejó tres hijos y tres nietos) con sus investigaciones en física teórica.

Además, nunca abandonó su extenso programa de viajes y conferencias públicas, incluidas algunas en España, aunque dejó uno de sus sueños sin realizar: viajar al espacio.

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Imagen superior: Stephen Hawking y Jim Parsons en "The Big Bang Theory" (2007).

El sueño incumplido de un astrofísico

Con 65 años, el astrofísico británico pudo liberarse por un día de la silla de ruedas en la que llevaba décadas confinado debido a su enfermedad, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA). Durante dos horas a bordo de un Boeing 727-200 adaptado para la ocasión, Hawking saboreó la ingravidez.

Este viaje debía ser el preludio de algo más grande: viajar al espacio y cumplir uno de sus sueños. La fecha para tal acontecimiento se fijó en 2009 gracias a la compañía Virgin Galactic, pero el periplo fue finalmente aplazado por problemas técnicos.

La ilusión de Hawking no se desvanecería: en 2017 aceptó la invitación del millonario Richard Branson, presidente de Virgin Galactic, para formar parte de su proyecto de turismo espacial. Pero en esta ocasión, el empeoramiento de su estado de salud se adelantó y truncó su sueño.

La enfermedad no le impidió contribuir a cambiar en los últimos 50 años la imagen del universo, cuyo origen le empezó a interesar de niño. Desde entonces, no paró de investigar a pesar de todas las complicaciones de salud: sufría parálisis y dependía de un sistema de voz computarizado para comunicarse.

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Imagen superior: Stephen Hawking en "Star Trek: La Nueva Generación" (1987).

“Por muy difícil que sea la vida, siempre hay algo que uno pueda hacer bien”, dijo en junio de 2016 en la tercera edición del Festival Starmus, celebrado en Tenerife y La Palma. Lo importante es “no rendirse nunca”.

El evento –el mayor festival científico que congrega cada dos años a las mentes más brillantes del mundo, entre ellos varios premios Nobel– rindió ese año homenaje al investigador británico con la entrega de la primera edición de la Medalla Stephen Hawking a la Divulgación Científica, que premió al físico de la Universidad de Surrey Jim Al-Khalili, al cineasta Mark Levinson y su documental sobre el bosón de Higgs y al compositor Hans Zimmer.

En un emotivo discurso Hawking repasó su vida personal y su carrera científica, y promovió la investigación espacial para la propia supervivencia del ser humano. “Miremos arriba hacia las estrellas y no abajo hacia nuestros pies” fueron sus palabras. Con ese mismo deseo se dirigió en 2012 al público de la ceremonia inaugural de los Juegos Paralímpicos de Londres.

Para Hawking, el espacio ya no era solo un sueño, de él depende el futuro de la humanidad. “No podremos sobrevivir mil años más sin escapar de nuestro frágil planeta”, dijo durante su intervención en Tenerife. El científico invitaba a ser curioso y a preguntarse por la existencia del universo, y fomentaba el interés por el espacio. Quizás las futuras generaciones sí puedan cumplir su sueño.

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Imagen superior: Stephen Hawking durante su conferencia 'Breve historia de mi vida' en 2016 en el Festival Starmus, Tenerife. / SINC

Stephen Hawking en España

“Nací justo 300 años después de la muerte de Galileo”, decía Stephen Hawking al comienzo de su conferencia en el Festival Starmus. Esta casualidad ya parecía marcar prematuramente el camino de uno de los científicos que más han cambiado la visión del universo en las últimas décadas. Hawking nos recordó que ese 8 de enero de 1942 miles de niños "también vieron la luz".

Aunque nunca destacó en el colegio –“mis apuntes eran un caos”, confesó en Tenerife–, sus compañeros de clase le llamaban Einstein. Ya con sus primeros debates escolares entre amigos empezó a interesarse por el origen del universo y si había un Dios que lo hacía funcionar. Pero más de 50 años después, la imagen del universo ha cambiado mucho, “y estoy contento de haber hecho una pequeña contribución”.

Hawking, que tenía 74 años cuando visitó nuestro país, repasó en aquella comparecencia púbñica las diferentes etapas de la cosmología, una ciencia que no comprendía a fondo al inicio de su carrera. Pero esta se ha desarrollado y se ha convertido en una ciencia de precisión, hecho que ejemplificó con los resultados del satélite WMAP en 2003. Tras la imagen de la inflación y la formación de las galaxias, se ha obtenido el mapa del cielo de la temperatura del universo, es decir “la huella de la estructura de todo lo que hay en el universo”.

El científico se mostró esperanzado con los estudios que conllevará el descubrimiento de las ondas gravitacionales, que permitirán “mirar hacia el origen del Big Bang”, pero esperaba que haya otros descubrimientos ambiciosos. “Puede que consigamos cartografiar miles de galaxias y así comprenderemos mejor nuestro lugar en el cosmos”, nos dijo.

Para ello, animó al auditorio a "seguir viajando al espacio por el futuro de la humanidad. No podremos sobrevivir mil años más sin escapar de nuestro frágil planeta". Fomentar el interés por el espacio es entonces fundamental.

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Imagen superior: Stephen Hawking experimentó en 2007 la gravedad cero a bordo de un avión propiedad de la Zero Gravity Corporation. / Jim Campbell/Aero-News Network.

Con el rápido empeoramiento de su salud, y la poca esperanza de vida que le daban los médicos, Hawking llegó a deprimirse y a pensar que "no viviría lo suficiente para terminar su tesis". Pero mejoró y su trabajo progresó sin tregua. "Mientras hay vida, hay esperanza", afirmó en esa visita a España.

Por las mismas fechas, publicaba en Physical Reviews Letters un estudio sobre la ampliación de la teoría de la 'cabellera cuántica' de los agujeros negros, que sugiere que la información caída en ellos podría ser devuelta al universo, al contrario de lo que se pensaba hasta ahora.

Durante décadas esta problemática, denominada la paradoja de la información del agujero negro, ha preocupado a los científicos, ya que estos objetos, según la teoría de Hawking, pierden masa y, eventualmente, acaban desapareciendo. Esto implicaba, según apuntó el astrofísico, “un problema que amenazaba el corazón de la física y que se opone a la mecánica cuántica”.

“La información no se pierde en un agujero negro, pero no se devuelve de modo útil”, destacó aquel día el investigador. “No se pierde la información, pero es difícil leerla”, bromeó aquel día.

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Hay un momento para echar la vista atrás, recordando las condiciones en que nosotros, la especie Homo sapiens, emprendimos nuestra andadura. Hay un momento para explicar lo que fuimos, en el plano científico y cultural, e imaginar lo que seremos, más pronto que tarde. Tú y yo. Ustedes que nos leen y los que escribimos a este lado de la pantalla. Hay, en fin, un momento para explicar el trabajo de los paleontólogos ‒los historiadores de la vida‒ y sumarlo al de tantos otros investigadores que comprueban cómo la cultura altera nuestro recorrido social y evolutivo. Sabios que rastrean las civilizaciones en que se escindió la humanidad. Expertos que nos hacen partícipes de creencias y costumbres, creaciones artísticas y avances tecnológicos. Entre todos, definen una sutil conexión que que nos mantiene unidos desde hace... ¿cuánto tiempo ya? ¿165.000 años? ¿315.000?

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