Una ópera para Napoleón

Una ópera para Napoleón Imagen superior: Paisiello retratado por Marie Louise Élisabeth Vigée-Lebrun en 1791, mientras interpreta la partitura de "Nina, o sia La pazza per amore".

Giovanni Paisiello fue un auténtico hijo de su época, músico errabundo que sabía impregnarse de las corrientes estéticas de su generación. En la postrera fase de su carrera, después de las fructíferas etapas rusa (El barbero de Sevilla), vienesa (El rey Teodoro en Venecia) o napolitana (La molinera) fue llamado por Napoleón a París (donde años atrás había triunfado con Nina, la loca por amor) para dar algo de impulso a la mortecina producción lírica francesa.

Esto suponía para el compositor forastero (Gluck pocos años antes lo había entendido bien) el adaptarse a las normas allá imperantes, las de la tragedia lírica a lo Lully y Rameau, algo nada complicado para un profesional de los recursos de Paisiello. Así surgió esta Proserpine (tema: el rapto de la hija de Júpiter por el infernal Plutón, ya musicado por Lully), dada a conocer en marzo de 1803, o sea seis días después del nacimiento de Adolphe Adam y nueve meses antes del de Hector Berlioz, dos nombres decisivos de la operística gala, y que estrenó la soprano favorita de Napoleón, Caroline Branchu (nombre artístico adoptado por matrimonio con un célebre bailarín de tal apellido), reputada intérprete gluckiana y más tarde spontiniana y cherubiniana.

Paisiello, quién puede dudarlo, se adaptó a la prosodia francesa y a los gustos musicales del público al que iba destinado su drama en tres actos, de modo que Proserpine suma el lirismo y el colorido de la inspiración propia del compositor mediterráneo con el equilibrio, el control y la elegancia de las maneras propias de los músicos franceses.

No hay un instante de desfallecimiento en esta bella partitura y merece destacarse, sólo por citar algún número, el aria de Ceres Déserts écartés, el dúo de Proserpina y Plutón Rendez-moi donc le bien qui m’était destinée, así como todos los espléndidos y variados coros que nada tienen que envidiar a Gluck, en cuyo modelo están indudablemente inspirados.

Una obra que, en la grabación que recomendamos, sacan adelante un plantel de preparados intérpretes, entre los que destaca el protagonismo de Sara Allegretta (tan expresiva como superadora de las apreciables dificultades), bajo la maleable batuta de Giuliano Carella.

Disco recomendado: GIOVANNI PAISIELLO (1740-1816): Proserpine (drama en tres actos) / Allegretta, Martorana, Edwards, Guarnera / Orquesta Internacional de Italia. Dir.: Giuliano Carella / DYNAMIC / Ref.: CDS 442/1-2 (2 CD)

Copyright © Fernando Fraga. Imágenes y notas informativas extraídas de diverdi.com. Este artículo se publica en TheCult.es por cortesía del autor y de Diverdi. Reservados todos los derechos.

Fernando Fraga

Es uno de los estudiosos de la ópera más destacados de nuestro país. Desde 1980 se dedica al mundo de la música como crítico y conferenciante.

Tres años después comenzó a colaborar en Radio Clásica de Radio Nacional de España. Sus críticas y artículos aparecen habitualmente en la revista Scherzo.

Asimismo, es colaborador de otras publicaciones culturales, como Cuadernos Hispanoamericanos, Crítica de Arte, Ópera Actual, Ritmo y Revista de Occidente. Junto a Blas Matamoro, ha escrito los libros Vivir la ópera (1994), La ópera (1995), Morir para la ópera (1996) y Plácido Domingo: historia de una voz (1996).

Es autor de las monografías Rossini (1998), Verdi (2000), Simplemente divas (2014) y Maria Callas. El adiós a la diva (2017).

En colaboración con Enrique Pérez Adrián, escribió para Alianza Editorial Los mejores discos de ópera (2001) y Verdi y Wagner. Sus mejores grabaciones en DVD y CD (2013).

Copyright de la fotografía © Blas Matamoro.

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