Al rescate del sapo partero

Al rescate del sapo partero Imagen superior: Alytes muletensis, Mallorca (Tuurio y Wallie, CC).

Cuatro de las cinco especies de sapos parteros que existen en el mundo son endémicos de la Península Ibérica y todos sufren un declive en sus poblaciones por una enfermedad fúngica y por la degradación de su hábitat. La situación del sapo partero balear (Alytes muletensis) es especialmente delicada. Las medidas de protección se hacen ahora más imprescindibles que nunca.

“Todas las especies de sapos parteros se encuentran en retroceso fundamentalmente por la pérdida y degradación del medio. En España la mayoría de las poblaciones del centro y sur peninsular están además en retroceso por la sequía y el cambio climático”, confirma Jaime Bosch, uno de los mayores expertos españoles en anfibios e investigador en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

Las especies de anfibios son las que más riesgo de extinción tienen en todo el mundo. Los ecologistas prevén que más del tercio de estas especies desaparecerán en un futuro inmediato después de 360 millones de años habitando el planeta. Además, según los expertos, por cada especie de ave o mamífero amenazado, dos o tres anfibios están muy cerca de la extinción.

En el caso de los sapos parteros, degradación y pérdida de hábitat, sequía, sobreexplotación de acuíferos, cambio climático, la enfermedad llamada quitridiomicosis, que provoca un hongo, y la introducción de especies alóctonas (que viven en un lugar diferente al de su origen) son sus principales amenazas en España.

Pero la situación de cada una de las cuatro especies de sapos parteros endémicos de la Península Ibérica varía de una población a otra. El sapo partero bético (Alytes dickhilleni) cuenta con menos de 200 poblaciones, y “muchas de ellas están formadas por un número bajísimo de ejemplares (solo varias parejas)”, aclara Bosch.

Este sapo se distribuye por las zonas montañosas de Jaén, Granada, Almería, Murcia y Albacete, y se considera “vulnerable”. Su área de ocupación es menor de 2.000 km2, y su distribución está “severamente” fragmentada. Según el científico, sus poblaciones sufren un continuo declive en la extensión y calidad de su hábitat, y en el número de subpoblaciones.

“Por el contrario, el sapo partero común y el sapo partero ibérico están mucho mejor, y el número de poblaciones existentes todavía serían miles”, afirma el investigador. El sapo partero común (Alytes obstetricans) es el menos amenazado. Su estado en España es de “preocupación menor” porque presenta una distribución muy amplia: desde la mitad norte de España hasta Alemania.

“En España las poblaciones del Norte no presentan muchos problemas, aunque a medida que descendemos hacia el sur cada vez es más raro y está más amenazado”, explica Bosch. El sapo partero ibérico (Alytes cisternasii) está distribuido por el suroeste peninsular (incluyendo Portugal) y se considera “casi amenazado”.

El anfibio más amenazado

La situación más preocupante la sufre el sapo partero balear o ferreret (Alytes muletensis). “Con un área de ocupación menor a 20 km2, y sensible a actividades humanas o sucesos estocásticos que podrían hacerlo desaparecer en un corto período de tiempo, es la especie de sapo partero más amenazada en España”, especifica el experto.

Además de las enfermedades de las que es muy sensible como la quitridiomicosis –una enfermedad fúngica-, el sapo partero balear está amenazado por la introducción de culebras de agua y ranas verdes desde la Península a las islas, por lo que está confinado a zonas altas de la sierra de Tramontana en Mallorca, y cuatro de las 34 poblaciones que existen están infectadas con el hongo patógeno.

Hasta hace diez años, esta especie de sapo era la más amenazada del planeta. Tras un plan de reintroducción de la especie, el ferreret ha pasado de considerarse “en peligro crítico” a “vulnerable”.

Sin embargo, en la naturaleza quedarían “únicamente” 40.000 larvas, lo que corresponde a unas 2.000 parejas reproductoras que estarían repartidas en sus 34 poblaciones. “En varios zoológicos del mundo se mantienen poblaciones cautivas por si llegasen a extinguirse en la naturaleza”, manifiesta el investigador.

Hacia la salvación de la especie

El ferreret ha estado al borde de la extinción pero la especie ha logrado sobrevivir. En España, en los años ’90, el Gobierno de Baleares completó el programa de reintroducción del sapo partero de Mallorca, que contó con la ayuda de un proyecto LIFE europeo.

A partir de ese momento, se establecieron colonias de cría en varios zoo europeos, sobre todo en el Zoo de Jersey (Durrell Wildlife Conservation Trust) en Reino Unido, y se reintrodujeron unas 2.500 larvas y 2.000 adultos en Mallorca. La especie pasó de tener unas 11 poblaciones a las 34 actuales.

En la actualidad, en varios zoos europeos se mantienen colonias cautivas de sapo partero de Mallorca, “aunque ya no se considera necesario continuar con la cría en cautividad dado que ya no quedan lugares susceptibles en la naturaleza para liberar más ejemplares”, concreta Bosch.

Aunque la situación de los sapos parteros en España parece controlada, estas especies son muy susceptibles a cualquier cambio por lo que el seguimiento de sus poblaciones es “imprescindible”. Las diversas acciones que se están realizando permiten una supervivencia que por sí solas serían incapaces de lograr. La Cumbre de la Biodiversidad que se celebra esta semana en Nagoya (Japón) a lo mejor ayuda a cambiar la situación de estas y muchas más especies en el mundo. Pero la incertidumbre persiste.

La quitridiomicosis, una enfermedad letal

“Todos los sapos parteros son especialmente sensibles a la enfermedad fúngica conocida como quitridiomicosis, provocada por un hongo patógeno (Batrachochytrium dendrobatidis) que el ser humano está introduciendo en todo el mundo. Esta enfermedad es la responsable de la desaparición de unas 200 especies de anfibios en todo el mundo en los últimos 30 años”, denuncia Bosch.

En el caso del sapo partero balear, las poblaciones del norte, y sobre todo las de zonas de alta montaña, se encuentran amenazadas por este hongo patógeno, “que está provocando mortalidades masivas y extinciones locales”, asegura el investigador.

Hoy un proyecto de investigación financiado con más de dos millones de euros por la Unión Europea a través de la proyecto ERA-net BiodivERsA se está desarrollando para estudiar el riesgo de la quitridiomicosis en los anfibios europeos (sobre todo el sapo partero común). El investigador principal en España es Jaime Bosch.

Además de este proyecto, los investigadores han empezado a ensayar métodos de mitigación de la quitridiomicosis en la naturaleza. Gracias a la reciente financiación de la Fundación General CSIC, un nuevo un proyecto permitirá continuar este trabajo.

Perfil del sapo partero

Especies: En el mundo existen cinco especies de sapos parteros. El sapo partero común (Alytes obstetricans), el sapo partero ibérico (Alytes cisternasii), el sapo partero balear o ferreret (Alytes muletensis), el sapo partero bético (Alytes dickhilleni), y el sapo partero magrebí (Alytes maurus). Salvo éste último, las cuatro primeras especies son endémicas de la Península Ibérica.

Características: Los sapos parteros son tóxicos, pero excepcionalmente, el sapo partero de Mallorca no presenta toxinas, por lo que es muy vulnerable a las culebras de agua introducidas en Mallorca desde la Península. Por esta razón, sólo sobrevive en las zonas altas de la isla (Sierra de Tramontana) donde las culebras no pueden llegar. Por otro lado, las larvas de todos los sapos parteros no presentan toxinas y son presa fácil de culebras de agua, peces introducidos, cangrejos, etc.

Depredadores: Los adultos de sapos partero cuentan con pocos depredadores ya que son bastante tóxicos, y sólo ocasionalmente son depredados por culebras y aves de presa nocturnas.

Amenazas: Las zonas altas de montaña son las más sensibles al hongo patógeno, ya que éste requiere temperaturas relativamente bajas para desarrollarse. En el extremo opuesto, las zonas más áridas y calientes presentan problemas derivados de la sequía, sobreexplotación de acuíferos y cambio climático.

Hábitat: Los sapos parteros ocupan una amplia variedad de medios, desde el nivel del mar hasta alturas superiores a 2.500 metros, desde zonas boscosas, zonas de alta montaña, encinares, zonas deforestadas y semiáridas, cañones y barrancos profundos, etc.

Alimentación: Los sapos parteros se alimentan de todo tipo de invertebrados, pequeños moluscos, anélidos, arácnidos, etc.

Medidas: A nivel europeo, y sólo para el caso del sapo partero común que es el que se distribuye por gran parte de Europa, se han realizado varias actuaciones de conservación local, como un proyecto LIFE en Holanda, o varios Action plans en distintas zonas como en Bavaria (Alemania) y Suiza. A nivel de investigación en España, el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino (MARM) encargó a la Asociación Herpetológica Española (AHE) un programa de seguimiento de anfibios y reptiles que incluye, además del seguimiento de distintas poblaciones de todas las especies de sapos parteros, un programa de seguimiento específico del sapo partero bético.

SINC

Adeline Marcos

Los artículos de Adeline Marcos se publican en TheCult.es (Thesauro Cultural) por cortesía de la Agencia SINC.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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