"Alejo Carpentier y la música", de Blas Matamoro

Es el gran tema de Alejo Carpentier. La música como arte sonoro, en una confluencia entre América y Europa. La música como contexto antropológico de su tierra. La música como metáfora de largo alcance. Más aún: la música como banda sonora de sus narraciones, o como un ejercicio intelectual profundo, que se vincula, estructuralmente, con su literatura.

La participación de lo musical en el universo de Carpentier es tan frondosa que su análisis debe ser realizado por un tipo específico de estudioso. Aquí no basta con el notario académico que saluda, hojea la carpeta de referencias y propone una síntesis. Hay que ir más allá. Y para ello, hace falta una parte de indagación y una parte de erudición (literaria y musical, se sobreentiende). Blas Matamoro es un autor con esos requisitos de idoneidad. No sólo porque sus ensayos literarios figuran entre los más brillantes y sugestivos de la actualidad. Hay otra razón, y es que el mismo prestigio define su larga trayectoria como crítico musical. Gracias, precisamente, a esa confluencia de saberes, la obra que hoy comentamos se ofrece como una lectura imprescindible.

De forma amena y elegante, este libro retrata al autor de Concierto barroco y El siglo de las luces como músico y letrado. También como melómano, musicólogo e historiador de la música. Matamoro analiza estos avatares con precisión, encajándolos en el corpus literario del escritor cubano y asimismo en sus ideas sobre la transculturación y la identidad.

No falta, desde luego, el diagnóstico de una de las cualidades que mejor definen a Carpentier: su carácter barroco. "En las ficciones carpenterianas ‒escribe Matamoro‒, el barroco corresponde a una época, pero cuando se trata de conceptuar, la cosa cambia y pareciera que apunta a diseñar, aunque no con demasiada precisión, una especie de barroquismo intemporal, una forma arquetípica que puede darse en distintas fechas y lugares".

Ilustrado con gusto, escrito con excelente prosa y con la cortesía final de un breve Listín carpenteriano, a modo de tesauro de compositores, Alejo Carpentier y la música es la obra de un apasionado y un erudito. Sin duda, nos encontramos ante un libro que ilumina desde nuevos ángulos la obra del escritor habanero, y que además, conjuga los datos bien elegidos con la reflexión sosegada. Algo que Blas Matamoro sabe hacer como nadie.

Sinopsis

«Como todas las personas muy musicales, nunca he sido capaz de bailar correctamente. En el fondo, quisiera haber sido Fred AstaireAlejo Carpentier

Si hubiese que elegir a un escritor en lengua española que, por mitades, fuera músico y letrado, sería Alejo Carpentier. Se hizo escritor tras frustrarse como arquitecto y como músico, y fue crítico musical, musicólogo y divulgador de conocimientos musicales, todo ello en una época muy alterada por discusiones estéticas, filosóficas, políticas y técnicas referidas a la música.

En Carpentier la música no es mera afición, entretenimiento placentero o erudición, sino que le vale como elemento estructurante de sus narraciones. Su prosa se produce, a menudo, con cadencias y ritmos de raigambre musical, y la incitación musical es explícita en algunos títulos de sus libros: Concierto barroco, La aprendiza de bruja, Oficio de tinieblas, La consagración de la primavera, El arpa y la sombra. No faltan los personajes que son músicos, como el protagonista de Los pasos perdidos.

En el mundo carpenteriano el arte sonoro aparece en calidad de tema o personificado; o está sin dejarse ver ni oír, como un modelo constructivo; o va punteando los momentos relevantes de las distintas historias. Carpentier vivió la historia de la música en el siglo XX con atención punzante, y en algunos de sus episodios, como la vanguardia francesa y la polémica musical cubana, tuvo cierta participación. Trascendiéndose a sí misma, la música carpenteriana es el signo de lo inefable, una escuchable utopía poética vinculada con experiencias de lo sagrado.

Alejo Carpentier (1904-1980). Escritor, periodista y musicólogo cubano. Su trayectoria inicial estuvo muy ligada al periodismo. Tras un fugaz paso por la cárcel debido a ciertas actividades de oposición al dictador Gerardo Machado, en 1928 abandonó Cuba para establecerse en París. Allí fue corresponsal de diversas revistas culturales cubanas, labor en la que destacaron sus colaboraciones para Social y Carteles. Durante sus años parisinos, mantuvo un estrecho contacto con movimientos y nombres fundamentales de la cultura europea de la época, especialmente los surrealistas. Asimismo fue testigo y relator de unos años clave de la historia europea: los del ascenso de los fascismos, el estallido de la guerra civil española y los momentos previos al advenimiento de la segunda guerra mundial. En 1939 regresó a Cuba y entre 1945 y 1959 vivió en Venezuela, para volver a instalarse en Cuba tras la victoria de Fidel Castro. Sus últimos años los pasó en Francia como alto funcionario diplomático en la embajada de París. Con la publicación en 1933 en Madrid de su primera novela ¡Ecué-Yamba-Ó!, inició una prolífica carrera narrativa y ensayística que le convirtieron en una de las figuras más importantes de la literatura en español del siglo xx.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2007, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (TheCult.es), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las artes.

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