Elefantes como regalo diplomático

Elefantes como regalo diplomático Imagen superior: El elefante de Nápoles de Carlos III. Autor: Giusseppe Bonito.

Hacia el año 800, el califa de Bagdad, Harem al-Raschid, envió un elefante a Carlomagno. Los enviados del califa cruzaron con él el Mediterráneo y pasaron el invierno al sur del lago Mayor. Fundida la nieve, cruzaron los Alpes y llegaron a Aquisgrán, la ciudad mas occidental de Alemania, en julio del 802.

El Emperador apreciaba mucho al animal, que murió en el 810 ahogado en el Rhin. Es tradición que con uno de sus colmillos se hizo un gran olifante.

El segundo elefante que se vio en Europa fue un obsequio del sultán Al-Kamil de Egipto, tras la cruzada de 1228, a Federico II de Sicilia, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Federico II, que hablaba varios idiomas y fundó la Universidad de Nápoles, fue un defensor de la integración de la cultura, independientemente del origen o religión de los hombres. La corte era itinerante de Sicilia a Alemania, y cuando el rey se desplazaba, lo hacía con sus ministros, pajes, burócratas, juglares, músicos, halconeros, caballos, camellos, elefante, perros de caza…, mostrando su poder. El elefante murió en Cremona en 1248.

A mediados del siglo XIII, Luis IX de Francia, tras el fracaso de la séptima cruzada, trajo a París un elefante. En 1255 se lo regaló a su cuñado Enrique III de Inglaterra, construyéndose para alojarlo una caseta cercana a la Torre de Londres. El elefante murió en el año 1258, pero existe un dibujo que hizo Mattehw Paris que muestra a un ejemplar africano y es la primera representación realista de un elefante, ya que hasta entonces tanto la pintura como la escultura habían representado a los elefantes lejos de la realidad.

En el siglo XV, Manuel I de Portugal era famoso por sus riquezas y por su afición a los animales exóticos. Lisboa era entonces uno de los puertos mas importantes del mundo juntamente con Sevilla. D. Manuel tenía gacelas, antílopes, leones, un caballo persa, una onza amaestrada, y cinco o seis elefantes, conseguidos por Alfonso de Alburquerque en 1511 al conquistar Malaca, con los que desfilaba por Lisboa.

En 1514 el rey organizó una embajada de homenaje al Papa León X que fue el mayor despliegue de poder y lujo que se había visto en el Vaticano. Llevaban, entre otros regalos, un antiguo manuscrito chino, un frontal de altar cubierto de piedras preciosas, un cáliz de oro y 44 animales exóticos; entre ellos el elefante, de piel muy clara. La expectación fue indescriptible, especialmente cuando el elefante se inclinó ante el Papa, lo que muchos consideraron un milagro. Se conserva un dibujo del elefante hecho por Miguel Ángel o por un seguidor suyo. El animal murió en junio de 1516; León X redactó su epitafio y Roma lloró su pérdida.

D. Manuel murió en 1521, pero en 1551 su heredero, Juan III, hizo al archiduque Maximiliano de Habsburgo, casado con María, hija de Carlos V, un regalo de boda nada común: un elefante. Consta que el proboscídeo se desplazó desde Lisboa hasta Viena, adonde llegó en marzo de 1552, muriendo el año siguiente.

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Imagen superior: elefante dibujado por Rembrandt en torno a 1637.

En España, Felipe II fue de 1581 a 1583 también rey de Portugal, residiendo en ese país. En julio de 1582 recibió como regalo para el infante D. Diego un elefante que fue traído a Madrid y llevado a El Escorial. Se sabe que los embajadores japoneses que vinieron a la corte en 1584 lo admiraron.

Ya en el siglo XVIII, el rey Carlos III tuvo cuatro elefantes. El primero de ellos, en Nápoles, cuando D. Carlos reinaba allí. Se presentó al pueblo como un regalo del sultán de la Sublime Puerta, pero parece probable que llegara por un trueque en el que el sultán habría recibido una mesa de piedras duras, intercambios usuales en la diplomacia del siglo XVIII.

El animal, muy dócil, vivió un tiempo en Nápoles, y cuando murió el rey mandó dibujarlo y montar su esqueleto, que todavía se conserva.

Carlos III, que vino a España como rey en 1759, tuvo otros tres elefantes, pero estos no fueron regalados. El esqueleto y la naturalización del segundo de ellos son piezas emblemáticas del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

A partir del siglo XVIII, los elefantes comenzaron a ser habituales en las llamadas “casas de fieras” de las ciudades ilustradas y perdieron su valor como regalo diplomático.

Copyright del artículo © Ana Victoria Mazo Pérez. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC