El Cerro de los Batallones, paraíso de los “tigres dientes de sable”

El Cerro de los Batallones, paraíso de los “tigres dientes de sable” Imagen superior: Reconstrucción de una escena en el interior de la trampa natural de Batallones-1, mostrando el cuerpo de un rinoceronte que se disputan dos ejemplares adultos de Machairodus aphanistus (Mauricio Antón).

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco) son los más singulares de Madrid, y pueden contarse entre los más interesantes del registro fósil del Mioceno continental mundial. Tanto en conjunto como individualmente pueden considerarse como yacimientos con fósiles de conservación extraordinaria.

El primero, ahora denominado Batallones 1, se descubrió de forma fortuita en 1991, cuando la empresa minera TOLSA comenzó la explotación de sepiolita (tipo especial de arcilla) en el cerro. Los fósiles obtenidos durante las primeras campañas de excavación (7 meses entre los años 1991 a 1993) eran excepcionalmente abundantes, con excelente conservación; había representación anatómica de todos los huesos del esqueleto, incluyendo los cráneos, que en general son elementos muy frágiles.

Muchos huesos se encontraban articulados entre sí, lo que denotaba que habían sufrido poco transporte; y lo más sorprendente: la mayoría de los huesos fósiles encontrados pertenecían a diferentes especies de mamíferos carnívoros.

Es bien conocido que los carnívoros en las biocenosis actuales constituyen una mínima parte de la biomasa, siendo su número por unidad de superficie muy pequeño. Este hecho provoca que en los yacimientos paleontológicos formados sin intervención humana, la proporción de los restos pertenecientes a carnívoros no sea nunca superior al 10% (que es un porcentaje notablemente mayor que su porcentaje de biomasa en los medios naturales).

La explicación de la abrumadora presencia de carnívoros en Batallones 1 sólo es posible si pensamos en la existencia de algún fenómeno natural que los concentró selectivamente en un área determinada. Así pues, hace 9 millones de años en el Cerro de los Batallones existió una trampa natural en la que los carnívoros del entorno, bien en busca de carroña o bien en busca de agua, quedaron atrapados, dando lugar a esta asombrosa acumulación de carnívoros fósiles. Pero a partir del año 1999 la historia de estos hallazgos cambia bruscamente cuando en los seguimientos paleontológicos realizados durante el proceso de minería dieron lugar al descubrimiento de nuevos yacimientos.

Batallones 1 es el yacimiento en el que se ha empleado más esfuerzo, y por tanto el más estudiado. Después de 11 campañas de excavación se han obtenido más de 20.000 restos óseos, que mayoritariamente corresponden a animales carnívoros. La fauna determinada hasta el presente se compone de anfibios; reptiles: tortugas terrestres, lagartos; aves: varias especies, mayormente rapaces; y diversos grupos de mamíferos como insectívoros; lagomorfos; roedores: 5 especies; carnívoros: 11 especies, entre las que destacan por su abundancia los tigres diente de sable, representados por dos especies; proboscídeos; perisodáctilos: dos rinocerontes y un hiparion; y artiodáctilos: 3 especies, un bóvido de gran talla y dos rumiantes de tipo móschido.

Las especies más abundantes son los tigres diente de sable, representados por una especie de la talla de un puma, Paramachairodus ogygia, y otra de la talla de un tigre, Machairodus aphanistus. No obstante, el hallazgo de 8 nuevos yacimientos en el Cerro de los Batallones aportó una ingente cantidad de datos adicionales, que sólo con la formación de un equipo multidisciplinar estamos comenzando a procesar.

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Imagen superior: reconstrucción de ‘Machairodus aphanistus’ de Batallones: arriba, esqueleto completo; abajo, aspecto en vida. Ilustración de Mauricio Antón.

Cavidades que actuaron como trampas

El proceso de formación de las cavidades, sin excluir mecanismos aún más complejos, pudo estar relacionado con fenómenos de agrietamiento y fracturación de los sedimentos originales, a partir de los cuales se generó un medio de alta capacidad de infiltración de agua, formándose túneles y cavidades. Este proceso es conocido como erosión en túnel o piping. Las cavidades formadas pudieron tener una cierta resistencia y durabilidad por la presencia de niveles sedimentarios silicificados muy resistentes. Pero esto es sólo el comienzo de la historia, puesto que estas cavidades, por razones todavía por dilucidar, actuaron como trampas, en las que quedaron atrapados todo tipo de organismos.

Mientras se producía esta hecatombe, las cavidades se estaban rellenando de sedimentos procedentes del exterior. Este proceso de colmatación llegó a obstruir por completo las cavidades, formándose, en la parte superior de las cavidades, depresiones de escasa profundidad que actuaron como zonas palustres, en las que nuevas asociaciones de fósiles quedaron depositadas.

La historia de estas cavidades es sumamente compleja y en los sedimentos conservados se refleja el proceso de relleno de las mismas, con al menos dos niveles paleontológicos diferentes; uno inferior sólo detectado por el momento en Batallones 1 y 3, que se interpreta como originado por trampas naturales, y otro superior representado en todos los yacimientos, menos en Batallones 3. Estos niveles superiores son radicalmente diferentes en los distintos yacimientos, y por esta razón suponemos que representan etapas diferentes e individualizadas de los últimos momentos de la historia de los yacimientos.

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Imagen superior: Reconstrucción de ‘Promegantereon ogygia’ de Batallones: arriba, cráneo y vértebras cervicales; medio, musculatura; abajo, aspecto en vida. Ilustración de Mauricio Antón.

Las 101 “batallas” de Jorge Morales

Por qué uno se dedica a la Paleontología y no a otra cosa, es cuestión de múltiples factores, por lo general incontrolables. Por alguna razón que desconozco, sería fácil decir que mi nombre (Jorge: el que trabaja la tierra) marcó mi destino: tenía decidido estudiar Geología desde los 11 años, quería descubrir minerales, y me fascinaba la hipótesis de la deriva continental de Wegener. Pero nunca pensé dedicarme al estudio de los fósiles hasta que me topé en la Universidad Complutense con Emiliano Aguirre, y digo aposta toparse, porque Aguirre no era un profesor cualquiera, era mucho más, y en unos meses ya nos movíamos por toda España buscando fósiles, excavando y dispuestos a hacer tesis, tesinas o lo que hiciese falta.

Uno de los primeros yacimientos en los que trabajamos fue en Venta del Moro (Valencia). Era el yacimiento ideal para mi carácter, había camellos, los más antiguos del "Viejo mundo", hipopótamos recién llegados de África, antílopes y un montón de carnívoros. Era una fauna excepcional, contemporánea con uno de los momentos más dramáticos de la historia geológica reciente, la desecación del mar Mediterráneo, acaecida hace unos 5,5 millones de años.

El estudio de los carnívoros fue el tema de mi tesina y el conjunto de la fauna de macromamíferos el de mi tesis, ambas dirigidas por Emiliano Aguirre. Tras el obligado paso de todo paleontólogo de mi generación por Atapuerca, a partir de 1982 me incorporé como becario postdoctoral al equipo de Mª Teresa Alberdi, y se puede decir que ya nunca abandoné el Terciario (Cenozoico). A mediados de los 80, junto con Dolores Soria, formamos nuestro propio grupo de investigación, y seguimos estudiando el Mioceno, en la cuenca del Tajo y del Duero, en Calatayud-Daroca-Teruel, en la Depresión Intermedia y otras áreas de España.

Desde 1994 nos unimos a Martin Pickford y Brigitte Senut en la investigación de las faunas de mamíferos del Mioceno de África, excavando los yacimientos del desierto de Namibia, siempre buscando fósiles sin parar, pues el destino del paleontólogo no es otro que descubrir nuevos fósiles.

Copyright del artículo © Jorge Morales Romero. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Jorge Morales Romero

Paleontólogo y profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Director del yacimiento paleontológico del Cerro de los Batallones. Principales líneas de investigación: Sistemática y Biogeografía de mamíferos (Carnívora y Artiodactyla) del Terciario de Eurasia y Africa. Biostratigrafía, Tafonomía y Paleoecología de las faunas de mamíferos del Neógeno español.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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