El retrato del oso hormiguero del rey Carlos III

El retrato del oso hormiguero del rey Carlos III Imagen superior: El oso hormiguero junto al cuadro que se atribuye a Goya en la exposición "Una colección, un criollo erudito y un rey", que conmemoró los 240 años del MNCN / Servicio de fotografía del MNCN.

Carlos III (1716-1788), que inauguró el 4 de noviembre de 1776 el Real Gabinete de Ciencias Naturales, origen del actual Museo de Ciencias Naturales, mostró a lo largo de su vida gran interés por los animales domésticos y exóticos. Su afición le llevó a tener en las residencias reales, entre otros animales, dromedarios, avestruces, llamas, renos y elefantes. Concretamente de estos últimos tuvo cuatro a lo largo de su vida.

Los animales ocupaban distintos espacios en el Palacio de El Retiro, residencia real hasta 1764, año en que el rey se trasladó al Palacio Nuevo. Hay que destacar que aunque la familia real vivía allí, los jardines de El Retiro podían ser visitados por cualquiera que lo solicitara siempre que cumpliera unas normas, ya que no estaban permitidos, por ejemplo, sombreros, capas amplias, navajas y cuchillos, a fin de evitar posibles conflictos entre los visitantes.

La documentación conservada en el Archivo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (AMNCN) indica que el 4 de julio de 1776 llegó desde Buenos Aires a la Leonera del Retiro una criatura que fue el asombro de cuantos la vieron: un oso hormiguero tan manso que el rey lo vio por primera vez en su propio cuarto. La impresión que causó en los madrileños este extraño animal, nunca visto con anterioridad, fue grande. Para que en el futuro se tuviera noticia de semejante ser, Brú de Ramón lo incluyó en su trabajo titulado Colección de láminas que representan los animales y monstruos del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid, con una descripción individual de cada uno, llevado a cabo entre 1784 y 1786.

La descripción científica de Brú es la siguiente: “La cabeza de este animal es pequeñísima respecto al tamaño del cuerpo, pero su hocico es larguísimo. Carece de dientes. Tiene el cuello corto, los ojos pequeños, las orejas chicas y casi redondas, y la lengua rolliza y larga, como corresponde al hocico. Su cuerpo está cubierto de cerdas blancas, pardas y negras, más cortas en la parte anterior del cuerpo que en la posterior. Desde el pecho sale una lista toda negra que se extiende por los costados, terminando en el espinazo, cerca de los lomos. Sus piernas, que rematan como las del oso, son casi del mismo color que el cuerpo, pero las manos, algo más cortas que los pies, son de otro color más claro. Tiene cinco dedos en cada pie y dos en cada mano, éstos muy encorvados y con una mancha negra hacia el medio. La cola es negrusca y cubierta de unas cerdas larguísimas y chatas en su extremo. La vuelve y revuelve a todos lados, de modo que le sirve de abrigo cuando llueve o cuando hace sol. Las cerdas del pescuezo y de la cabeza parecen estar vueltas hacia delante. Cuando le acosan, se pone sobre dos pies como un oso, amenazando con sus garras. Si tiene hambre se va a donde ve hormigas y dexa arrastrar la lengua por tierra y, estando ya bien cargada, la recoge velozmente y se las traga. Duerme todo el día, tapando la cabeza con las piernas delanteras. Dícese que se sirve de la cola para colgarse de las ramas. Camina con mucha lentitud, pero trepa con gran ligereza por los árboles. Se halla en la América meridional y en el Brasil. Su carne huele muy mal, y sin embargo, los salvajes la comen con gusto. El que se conserva en el Real Gabinete le traxeron de América y vivió algún tiempo en el Buen Retiro”.

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Acompaña al texto una lámina en la que el naturalista dibuja a “la osa Palmera”. Palmera no parece ser un nombre propio, sino que probablemente se deba al hecho deque en Sudamérica a los osos hormigueros se les llamaba “osos palmeros”, y es posible que el animal fuese una hembra. Además, el rey encargó a su primer Pintor de Cámara, Antón Rafael Mengs, que hiciera un retrato del oso hormiguero para al Real Gabinete de Historia Natural; retrato de gran tamaño (1,05 x 2,09) y cuidada ejecución que se conserva en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

En primer plano, está el animal visto lateralmente, destacando su larga lengua y las garras de sus patas delanteras. Cerca de él hay una basa arquitectónica con la siguiente inscripción: “Este animal se llama oso hormiguero porque en el campo se mantiene con hormigas. Se ha copiado al natural por el que está en la Casa de Fieras del Retiro en julio de 1776. Vino de Buenos Ayres donde se crían bastantes de su especie. Tiene treinta meses, y crecerá hasta seis o siete años”.

Como fondo, unos arbustos. Delante de la basa, un oso hormiguero enrollado sobre sí mismo, en posición de reposo. A lo lejos, una construcción cuadrangular poco definida y como fondo, unas montañas.

No hay firma ni rasgo en el anverso ni en el reverso que identifique al autor de la pintura. El rey hizo el encargo a Mengs, pero hoy sabemos que finalmente no fue él el autor de la obra. Un documento encontrado en el Archivo General de Palacio (AGP) indica “que se entreguen a Mengs quince doblones de a sesenta reales que el Rey ha mandado se den a un Pintor que bajo su dirección ha copiado al natural el Oso palmero que está en Buen Retiro”.

unosa hormiguera de su maje

Imagen superior: el monarca ordenó su retrato a Mengs que, según Javier Jordán de Urríes, autor del artículo “Un Goya exótico: La osa hormiguera de Su Majestad” (Revista Goya, Museo Lázaro Galdiano), trasladó parte de esa labor a Francisco de Goya y Lucientes.

Sin embargo, la apacible vida de nuestro protagonista no duró mucho: un documento del AGP fechado el 31 de enero de 1777 especifica:  “Exmo. Sr. Esta mañana se encontró muerto, en la Leonera de este sitio, el oso ormiguero que embiaron al Rey, por el mes de Julio del año anterior de la provincia de Buenos Ayres y que SM hizo retratar a D. Antonio Rafael Mengs. Le hé hecho llevar inmediatamente al Gavinete de Historia natural, y lo aviso a V. e. para su noticia”.

De acuerdo con la documentación, el oso hormiguero vivió en El Buen Retiro sólo seis meses, de julio de 1776 a finales de enero de 1777. Una hipótesis razonable es que durante los primeros meses fuese fácil encontrar hormigas suficientes para su sustento, lo que no pudo lograrse durante el invierno.

A fin de conservarlo para la ciencia, el cadáver fue llevado al Gabinete para su naturalización y exposición, de la que da fe el texto de la lámina de Brú. En el Libro de Cuentas del Real Gabinete se anota el 7 de enero de 1777: “un gasto de 000,22 reales por traer un oso hormiguero que murió en el mismo Retiro”. El 13 de febrero “se pagaron a un mozo 2 reales por sacar al campo la carne del oso hormiguero”. Por último, el 25 de junio de 1777 se apunta: “El pago de 000,1 reales por unos colgaderos para colocar el oso hormiguero con su cuadro”. Ningún dato es posterior.

En la actualidad, en el Museo Nacional de Ciencias Naturales sólo hay naturalizado un Myrmecophaga, que no puede ser el de Carlos III, ya que la escala en pies que incluye con rigurosidad científica el dibujo de Brú indica que el ejemplar del rey era de bastante mayor tamaño. No podemos ver al exótico animal que fascinó a la familia real y a la sociedad ilustrada del siglo XVIII, pero la documentación existente nos ha permitido reconstruir su corta historia y la del cuadro al que dio lugar.

Copyright del artículo © Ana Victoria Mazo Pérez. Publicado originalmente en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

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