Basil Rathbone, el eterno Sherlock Holmes

Está casi fuera de toda discusión que Basil Rathbone encarnó de manera magistral al personaje de Sherlock Holmes, tanto por su aspecto físico como por su formidable interpretación.

Alto, con distinguidas facciones aquilinas, dotado de una magnifica voz, Rathbone desbordaba energía física e intelectual; ningún actor anterior o posterior ha reunido tal equilibrio de características que le hicieran merecedor del título del Holmes definitivo.

El éxito y el reconocimiento popular le sonrieron desde la primera cinta en que interpretó al detective, y también alcanzaron a Nigel Bruce, el Dr. Watson más popular, precisamente debido a su asociación con Rathbone.

El vínculo entre ambos actores se prolongó a lo largo de catorce películas. Juntos intervinieron en un serial radiofónico que se mantuvo en antena durante varios años y, ya por separado, aparecieron de nuevo en la radio, la televisión o el teatro.

No obstante, la relación terminó en enemistad años más tarde, cuando Rathbone, cansado del personaje, no renovó los contratos que le vinculaban a Holmes en el cine y la radio. Bruce se sintió traicionado, aunque hubo reconciliación años más tarde.

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La era Rathbone se divide en dos etapas: la del estudio 20th Century Fox (dos películas) y la de la productora Universal (doce títulos, rodados entre 1942 y 1946).

El debut se produjo con Sherlock Holmes y el perro de los Baskerville (The Hound of the Baskervilles, 1939), la quinta y mejor adaptación de esta novela cuya acción transcurre en 1889.

Jamás una película de Holmes había sido ambientada en la época victoriana hasta entonces. El guión aprovecha los elementos fantásticos y tenebrosos contenidos en la obra original, logrando una atmósfera sobrecogedora como nunca antes se había visto, en lo que resulta en una fiel y extraordinaria adaptación.

Esto se ve reflejado en el diseño de producción, en especial en el escenario del páramo de Grimpen: una borboteante y siniestra ciénaga envuelta por la niebla. Este escenario fue recreado en un gran plató, y se alcanzaron tales cotas de realismo que el actor Richard Greene (Henry Baskerville) se perdió en él.

En el reparto nos encontramos, entre otros, con Lionel Atwill, en el papel del Dr. Mortimer, quien se enfrentará a Rathbone como Moriarty en uno de los títulos venideros de la Universal; y John Carradine, como el mayordomo Barryman.

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Atwill y Carradine fueron dos actores asociados con papeles de villanos o secundarios, sobre todo dentro del género fantástico. Esto no debió de ser algo hecho al azar: la siniestra presencia de ambos contribuía a realzar el tono tenebroso del film. Al actuar como señuelos, desviaban la atención respecto a la identidad del autentico villano de la película.

Se advierte cierta amargura en unas declaraciones de Carradine respecto a su papel, cuando manifestaba lo poco creíble que resultaba que un mayordomo británico luciese barba y que era una mera cortina de humo para desviar la atención del villano.

Si bien el actor lucía un aspecto muy diferente al del caballero del sur que interpretaba en La diligencia, de John Ford, rodada ese mismo año, lo cierto es que se asemeja al personaje de la novela, y su presencia y caracterización tienen su razón de ser en la trama.

Hay que añadir que el personaje de la novela se llama Barrymore, al igual que John BarrymoreHolmes en 1922 y patriarca de la famosa saga cinematográfica–, y que esa coincidencia fue el motivo del cambio.

El resto del casting es excelente, incluido el sabueso asesino, un gran danés de aspecto absolutamente terrorífico. Nigel Bruce interpreta al Dr. Watson de manera correcta, pese a que existen interpretaciones anteriores más sobresalientes que la suya. En todo caso, está lejos aún de caer en los manierismos de películas posteriores, y sobre todo, de convertirse en el Watson adocenado de gran parte de las cintas de la Universal.

El éxito de taquilla y crítica fue arrollador. Frank Nugent y Graham Greene se deshicieron en elogios, y contribuyeron a disipar las dudas que la Fox pudiese albergar respecto a la viabilidad del filme.

Todo ello propició el rodaje inmediato de una secuela: Sherlock Holmes contra Moriarty (The Adventures of Sherlock Holmes, 1939), que algunos consideran superior a su antecesora. Pese a figurar en los créditos como basada en el texto teatral de William Gillette, la cinta toma pocos elementos de ese libreto. El guión presenta al profesor Moriarty urdiendo un plan para humillar a Holmes: roba las joyas de la Corona británica y se desencadena un duelo de titanes entre el detective y el Napoleón del crimen.

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George Zucco, otro de los villanos residentes del Hollywood de la época, interpreta al súper criminal y hace una gran composición del personaje, logrando que salten chispas en cada escena con Rathbone. Además, el guión plantea una sólida trama policiaca, donde Holmes despliega el abanico de sus facultades, algo que permite el total lucimiento del actor. La película fue otro gran éxito, y todo hacía presagiar una nueva entrega cuando la Fox canceló la serie.

No quedan claros los motivos, aunque se suele achacar al estallido de la Segunda Guerra Mundial y a la creencia del estudio de que el público no estaría interesado en temas tétricos en el reinante clima bélico. No obstante, Rathbone y Bruce cambiaron el cine por la radio, y en octubre de 1939 comenzaron las emisiones de The Adventures of Sherlock Holmes.

En 1942 el dúo de actores volvió a la gran pantalla de la mano de la productora Universal, nueva propietaria de los derechos. La compañía se encontraba en una zona intermedia de la industria: no era una de las grandes como la Warner o la Fox –en el nuevo ciclo se echaría de menos el plató de esta última que reproducía el Londres victoriano–, aunque se encontraba por encima de productoras de serie B y seriales como la Monogram o la Republic.

Así pues, queda claro que trabajar para la Universal era trabajar en segunda división. No hay más que ver los filmes de terror producidos en los años cuarenta: pura serie B.

Volvemos a encontrarnos con Holmes y Watson en ambientes contemporáneos, y en 1942 esto quería decir totalmente comprometidos en el esfuerzo bélico contra las fuerzas del Eje.

Esta etapa está integrada por las tres primeras cintas del ciclo: Sherlock Holmes y la voz del terror (Sherlock Holmes and the Voice of Terror, 1942), Sherlock Holmes y el arma secreta (Sherlock Holmes and the Secret Weapon, 1942), donde se enfrenta a un Moriarty (Lionel Atwill) al servicio de los nazis; y Sherlock Holmes en Washington (Sherlock Holmes in Washington, 1943), donde el villano es un agente nazi interpretado por George Zucco.

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Desafiando a la muerte, título con el que se estrenó en España, o Sherlock Holmes desafía a la muerte (Sherlock Holmes Faces Death, 1943) recupera la ambientación tétrica y oscura del primer film de la Fox, y también algo de su gloria, aunque no pierde de vista el conflicto mundial. En esta ocasión, Holmes investiga unos crímenes en una mansión habilitada como sanatorio para militares convalecientes.

Notable también fue La mujer araña (The Spider Woman, 1944), donde Holmes se enfrenta a una mente maestra femenina en una cinta cuyos cimientos descansan sobre la novela El signo de los cuatro y el relato La banda moteada. Esta vez, incluso Nigel Bruce está a la altura de las circunstancias.

La garra escarlata (The Scarlet Claw, 1944) es el mejor título de la serie, repleto de elementos terroríficos que remiten a El perro de los Baskerville. Holmes investiga una serie de asesinatos en la aislada localidad canadiense de La Morte Rouge –obvio guiño a Poe– atribuidos a un ser sobrenatural. 

Sin embargo, las críticas empezaron a ser menos favorables. Se acusó a Rathbone de interpretar su papel de modo repetitivo y cansado.

La perla maldita o La perla de la muerte (The Pearl of Death, 1944) también figuran entre las mejores del ciclo. Dicha cinta que vuelve a internarse en los terrenos de lo tenebroso, y en su reparto figura el actor Rondo Hatton.

Hatton fue un habitual del género fantástico durante parte de los años treinta y cuarenta, debido a su rostro desfigurado por la acromegalia.

En Sherlock Holmes y la casa de la muerte (The House of Fear, 1945), el detective investiga unos asesinatos en un siniestro caserón escocés y se perciben los primeros síntomas del cansancio de Rathbone respecto al personaje, además del lastre que suponía un guión más que mediocre y plagado de incongruencias.

Continuó la decadencia con El caso de los dedos cortados La mujer de verde (The Woman in Green, 1945), cinta que enfrenta a Watson con una hipnotista y con Moriarty, magníficamente interpretado por Henry Daniel, un actor que ya había intervenido en dos cintas anteriores de la Universal.

Nigel Bruce alcanza las más bajas cotas en el papel de Watson, en especial cuando da rienda suelta a una sarta de bufonadas al encontrarse bajo los efectos de la hipnosis.

Por cierto, no queda claro a qué se refiere el color verde del título, porque la cinta es en blanco y negro; es más explicita la referencia de los dedos cortados del título español de su estreno, ya que aparecen una serie de cadáveres con el pulgar mutilado.

Con Persecución en Argel (Pursuit to Algiers, 1945) la serie toca fondo. Nos hallamos ante una insulsa intriga sobre una conspiración contra el rey de una imaginaria nación europea, en la que si se cambiase el nombre de Holmes por otro no habría diferencia alguna.

Terror en la noche o Terror nocturno (Terror by Night, 1946) recuperó un poco el tono de los mejores momentos de la serie. Su intriga incluye el robo de un famoso diamante y varios asesinatos durante un viaje en ferrocarril.

El criminal responsable es el coronel Moran, mano derecha del Moriarty literario, quien se oculta bajo una falsa identidad. Algunos críticos han teorizado sobre esta mejoría, y argumentan que Rathbone había decidido no seguir interpretando a Holmes y ya veía la luz al final del túnel (Terror en la noche era la penúltima película de su contrato).

Cierto o no, la actuación del actor nos retrotrae a tiempos mejores, aunque en Vestida para matar o Vestida para el asesinato (Dressed to Kill, 1946), su última película como Holmes, su trabajo se encuentra entre los más flojos del conjunto.

Quizá sus pensamientos se concentraban ya relanzamiento de su carrera escénica.

Considerar a Rathbone como el mejor Holmes de todos los tiempos no es descabellado, aunque el ciclo cinematográfico es una colección de luces y sombras, principalmente en lo que se refiere a las producciones de la Universal. No obstante, hay que recordar las circunstancias en que se rodó, con la Segunda Guerra Mundial de por medio.

Si el rumbo de la historia hubiera sido diferente, quizá la Fox hubiera continuado con la brillante saga que había iniciado, aunque esto es pura especulación. Rathbone intentó despegarse de la sombra de Holmes pero, para bien o para mal, ésta le acompañó durante toda su vida.

Copyright del artículo © José Luis González. Reservados todos los derechos.

José Luis González

Experto en literatura, articulista y conferenciante. Estudioso del cine popular y la narrativa de género fantástico, ha colaborado con el Museo Romántico y con el Instituto Cervantes. Es autor de ensayos sobre el vampirismo y su plasmación en la novela del XIX.

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