Rodeados de plásticos

Rodeados de plásticos Imagen superior: Barco en el plástico, Kichrim, 25 de abril de 2009. / Dimitar Dilkoff

¿Por qué hablar de ‘basura marina’? Simplemente porque todos los residuos que se producen en tierra acaban, directa o indirectamente, en el mar.

Hoy la basura es parte integrante de nuestro día a día. Estamos tan acostumbrados a ver botellas y bolsas de plástico, colillas de cigarros, latas, papeles, neumáticos, electrodomésticos en cualquier lado de la calle, playa o parque, que ya no nos sorprendemos, a menos que estemos paseando por un lugar bello y limpio. Y todos estos residuos han llegado, llegan o llegarán al mar algún día, ya sea en forma de fragmentos macroscópicos o de partículas microscópicas. De esta manera tendremos varios tipos de basura marina en función del área que contamine: basura flotante, basura de playa, basura del fondo del mar (de aguas profundas y someras), basura de ingestión, basura de ‘enredo’, microbasura y basura de ríos.

El plástico es el material que predomina sobre todos los demás y aparece en cualquier lugar, desde la ciudad más poblada hasta la isla más remota. El planeta ha evolucionado de natural a naturalmente plástico.

¿Cuánto plástico nos rodea realmente? ¿Dónde está todo este plástico? ¿Cuánto tendremos en el futuro? ¿Cuánto de lo que tiramos vuelve a nuestras casas? Según un estudio publicado por Geyer et al. (2017) desde el año 1950, época que coincide con el boom económico en muchos países y la producción a gran escala de los materiales sintéticos, se han producido 8.300 millones de toneladas de plástico. Un peso inimaginable. Una cantidad que según el cálculo de Geyer et al. equivale a 822.000 veces el peso de la Torre Eiffel o a 25.000 veces el del Empire State Building, y si le resulta difícil imaginarlo, piense en 80 millones de ballenas azules o 1.000 millones de elefantes. Una cantidad prácticamente no reutilizable.

De esa cifra, 6.300 millones de toneladas se han convertido en residuos: 4.900 millones (79%) se acumulan en vertederos o en el medio ambiente, 800 millones (12%) son incineradas y sólo 600 millones (9%) son recicladas. Un crecimiento continuo. Hay una enorme producción a escala global que seguirá creciendo exponencialmente y se estima que en 2050 llegaremos 34.000 millones de toneladas de plástico. Una presencia imponente. Ninguno de los plásticos de uso común son biodegradables. Como resultado, se acumulan en lugar de descomponerse, y la única forma de eliminar permanente mente los desechos plásticos es a través de un tratamiento térmico destructivo como la combustión o la pirólisis.

Por lo tanto, los residuos de plástico que los humanos han producido podrían persistir durante cientos o incluso miles de años, generando una casi permanente contaminación del medio natural con estos desechos (Geyer et al. 2017).De hecho, la presencia persistente del material sintético en el medio natural se ha observado en forma de piedra, el plastiglomerado, descubierto por primera vez en la playa Kamilo de la Isla de Hawái. Este nuevo mineral está formado por una mezcla de plástico derretido, sedimento de playa, fragmentos de lava basáltica y desechos orgánicos (Corcoran et al. 2014). Un elemento en el alimento. Como un ciclo, todo vuelve al principio: a las manos del hombre. Los residuos plásticos no biodegradables se reducen a microplásticos ingeridos sucesivamente por los organismos marinos. Así, recientes estudios han demostrado la presencia de microplásticos en el intestino del pescado y marisco recolectado para el consumo humano (Greenpeace, 2016).

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El mundo, como sistema conjunto de hombre y naturaleza, no está preparado para la presencia masiva de este material y, a pesar de haber estado presente desde hace más de 50 años, todavía no sabemos cómo gestionarlo, convirtiéndose en el mayor desafío ambiental a nivel global después del cambio climático.

Las organizaciones mundiales para la protección de los océanos, las convenciones marítimas regionales (OSPAR, HELCOM, UNEP) y la Comisión Europea, se están ocupando activamente del manejo y monitoreo de la basura marina en los mares desde un punto de vista ambiental (ej. redacción de protocolos de monitoreo), social (ej. campañas de sensibilización), y político–económico (ej. economía circular y la estrategia por el plástico).

Sin embargo, todo esto no es suficiente. Este es el mundo que estamos dejando, el mundo de los millennials. Una generación que vive de la tecnología, y que tendrá que desarrollar nuevos campos de estudio y trabajo en las ciencias de los materiales, del reciclaje, de la gestión de la basura y de la contaminación marina para crear una forma de vida más sostenible y un consumo más responsable. Para ello, se puede empezar por un sencillo decálogo de reducción de cantidad de basura en los océanos. En la naturaleza del plástico: todo se crea, nada se destruye, solo se transforma y se muda a otro lugar.

Copyright del artículo © Anna M. Addamo y Azucena López Márquez. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Anna M. Addamo y Azucena López Márquez

Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN–CSIC). Los artículos de Anna M. Addamo y Azucena López Márquez se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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