Un matemático se encuentra con las musas

José Luis Casado, en M21 Radio, presenta Madrid con los cinco sentidos, con la sección de Daniel Tubau Una cita con las musas

Aquí puedes escuchar (y ver algunas imágenes) de Una cita con las musas, en un programa en el que Chus Natera y Daniel Tubau hablan de cómo el gran matemático francés Heni Poincaré propuso que nuestra mente es capaz de darnos ideas sin que nos demos cuenta de cómo hemos llegado a ellas.

CHUS: La semana pasada nos hablabas de cómo los poetas griegos invocaban a las musas para que les inspiraran. Esas nueve musas que ya nos presentaste en otro programa y que trabajan para que los poetas se luzcan.

DT: Sí, para que se lucieran los poetas, porque el resto de las artes, los griegos consideraban que eran una tecné o una técnica, es decir que había que seguir unas reglas determinadas para lograr crear un objeto artístico, como la Venus de Milo o el Partenón de Atenas, sin embargo creían que la poesía procedía más bien de una inspiración divina. Algo que no había manera de controlar.

CHUS: Y a partir de ahí se fue desarrollando la idea de que la creatividad solo podía venir por la inspiración.

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Imagen superior: "El fauno" (1923), de Carlos Schwabe.

DT: Sí, pero esa idea se hizo más extrema con la llegada del cristianismo, cuando en Roma se adoptó como religión oficial, porque mientras que los griegos decían que el universo surgió de un caos original que ordenó la diosa Gaia, en el judaísmo y en el cristianismo (y posteriormente en el Islam) se pensaba que Dios había creado el universo a partir de la nada y que, por lo tanto, crear, lo que se dice crear, solo podía hacerlo Dios. Los seres humanos lo único que podían hacer era descubrir lo que ya había sido creado, así que durante la Edad Media incluso los poetas perdieron el nombre de creadores, para no caer en la herejía.

CHUS: Vaya. Entonces en la Edad Media no gustaba mucho la creatividad, la de las personas, me refiero, y hasta te podía meter en un lío y ser considerado hereje…

DT: Así es, porque competías con Dios mismo. Se apreciaba mucho más la repetición de los temas clásicos, de los autores grecolatinos que se habían conservado, de los Padres de la Iglesia, San Agustín… Incluso se llamaba peligrosos novatores o innovadores a quienes querían hacer algo novedoso, las personas que ponían en entredicho lo que ya había sido revelado y creado por Dios.

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Imagen superior: Marsias castigado por Apolo por querer competir con él con la flauta doble inventada por Atenea

CHUS: Claro, porque pasaba algo que sucede todavía ahora, que nos da miedo lo desconocido.

DT: Pues sí, y eso incluso sucedía en Grecia, donde había un miedo a las nuevas artes, a los nuevos medios… O como cuando surgió la televisión que se llamó la caja tonta, o llegó internet y se decía que todo lo de internet era basura. Es el miedo a las nuevas narrativas, a las nuevas creaciones.

CHUS: Entonces viene de lejos la cosa…

DT: Sí, todavía tenemos un poco ese miedo a lo nuevo. Pero como decíamos, después de la Edad Media, hacia el Renacimiento, los poetas dijeron que el poeta también podía crear, del mismo modo que lo hacía Dios. Se atribuye a un poeta y sacerdote polaco la idea [aunque yo la he encontrado antes en Torcuato Tasso] y poco a poco ésta fue extendiéndose. Los escultores y pintores renacentistas, incluso los orfebres, reivindicaron que también ellos eran seres inspirados y creadores, como Cellini. Y con la revolución científica iniciada más o menos cuando se creó la Royal Society en 1660 en Inglaterra, también los científicos se consideraron creativos y creadores.

CHUS: Entonces, en ese momento tenemos como a tres cuartas partes de la sociedad considerándose creadores, los poetas, los escultores, los científicos…

DT: Todo el mundo era creador, sí. Pero, aunque fueron muchos los que consideraban que la creatividad sí estaba a nuestro alcance, el asunto de la inspiración seguía ahí intocable. El hecho de que una persona tuviera ideas geniales, de que se le ocurrieran cosas insólitas, soluciones inesperadas se seguía considerando algo más bien mágico, una inspiración que, si no procedía directamente de las musas griegas, sí podía proceder de Dios, del destino, de la configuración de las estrellas, es decir del cielo astrológico o de la genética.

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Imagen superior: Henri Poincaré

CHUS: ¿Y cuando cambió la cosa?

DT: Empezó a cambiar poco a poco, cuando algunas personas empezaron a pensar que quizá la creatividad o era un fenómeno tan inexplicable. Uno de los pioneros fue un matemático francés llamado Henri Poincaré. Este matemático se había dado cuenta de que somos especialmente creativos justo antes de dormirnos y justo antes de despertarnos. Son momentos en los que se nos ocurren muchas ideas…

CHUS: Es verdad, pero da mucha rabia que después intentas acordarte de ellas y no puedes.

DT: Claro, porque si nos dormimos ya se nos olvidan y si nos despertamos enseguida con las cosas de la vida cotidiana también se nos escapan esas ideas. Pero Poincaré inventó un método para atrapar esas ideas, que consistía en sentarse en un sillón de esos en los que se puede apoyar cómodamente los brazos. Después ponía alrededor del sillón todo tipo de objetos de metal, bandejas, platos, copas…. Y finalmente esperaba a tener sueño y entonces se sentaba en el sillón y sujetaba en cada una de sus manos una bola de metal bien grande y pesada, justo encima  de las bandejas de metal…

CHUS: Ya me estoy imaginando lo que pasaba…

DT: Pues sí, Poincaré sostenía las bolas en sus manos, pero cuando el sueño le vencía sus manos caían sin fuerza y las bolas se estrellaban contra las bandejas y platos de metal, montando un tremendo estruendo que lo despertaba. Así que rápidamente cogía una libreta y apuntaba todo lo que se le había pasado por la mente justo en el momento de empezar a tener sueño. Este método también lo usaba Dalí y se puede encontrar un video en YouTube donde lo cuenta. En realidad se lo copió a Poincaré.

CHUS: Es un método un poco ruidoso y Poincaré se llevaría unos buenos sustos.

DT: Pues sí, pero funciona bastante bien. También se puede hacer dejando una libreta y un boli al lado de la cama y entrenándote para conseguir despertarte cuando sueñas algo interesante, y entonces apuntarlo en la libreta y seguir durmiendo.

CHUS: Claro, es menos ruidoso y no molestas al vecino, porque si hacemos lo de las bolas cada noche…

DT: Claro, demasiado ruido: “¡Ya está creando otra vez el vecino a las tres de la madrugada!”. Si dejas la libretita al lado y te entrenas para despertarte del sueño cuando tienes una idea, que también se puede lograr.

CHUS: ¿Y eso funciona?

DT: Yo lo he hecho y funciona, aunque a veces no hay manera de entender la letra, al escribir a oscuras. Ahora con los móviles es más fácil, porque al menos se ilumina la pantalla. Lo que pasa es que acabas durmiendo poco, porque se te acaban ocurriendo muchas ideas cuando sueñas. Eso sí, a veces también puede pasar eso que contaba Hitchcock de un guionista que soñó un guión fabuloso para una película, pero que, como había dejado la libreta en la mesilla pudo escribirlo medio dormido. Al día siguiente se despertó, recordó que había tenido un sueño fabuloso y corrió a leer la libreta. Y allí ponía: “Chico conoce chica”.

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Imagen superior: Poincaré examina un problema con Marie Curie. De pie está Albert Einstein.

CHUS: Directo a los Oscar… Pero Poincaré no se limitó a apuntar sus ensoñaciones…

DT: No, porque empezó a investigar cómo se producía la inspiración. Se había dado cuenta en varias ocasiones de que cuando se enfrentaba a un difícil problema matemático, después de trabajar durante mucho tiempo intentando resolverlo sin éxito, acababa por rendirse, se olvidaba del asunto y de repente, un día, de manera inesperada, como en una ocasión subiendo al tranvía, le venía un golpe de inspiración con una posible solución a aquel problema que casi había dejado de lado ya.

CHUS: Caramba, así que le visitaban las musas en el tranvía…

DT: Sí, a veces en el tranvía, y a veces justo cuando le reclutaron y se iba a hacer el servicio militar, pero de lo que se dio cuenta es que esto le pasaba no cuando estaba pensando en ese problema que le agobiaba, sino cuando se rendía y renunciaba a resolverlo. Esto le permitió lanzar una teoría que en su época fue muy polémica y que hizo que muchos pensaran que era un gran matemático pero que estaba un poco loco.

CHUS: ¿Y cuál era esa teoría?

DT: La teoría o más bien hipótesis, porque había que confirmarla, era que nuestro cerebro trabaja de forma inconsciente, o subconsciente o no consciente, sin que nosotros nos demos cuenta de ello. Y cuando encuentra la solución que buscamos, nos la ofrece. También decía que durante los sueños nuestro cerebro no solo se limita a repasar o a ordenar los acontecimientos del día, sino que es creativo.

CHUS: Es decir que el cerebro o la mente es capaz de trabajar en segundo plano sin que nos demos cuenta…

DT: Así es. Como ya he dicho, eso le ganó muchas críticas cuando lo explicó en su libro El valor de la ciencia, pero con el tiempo, se demostró que tenía razón

CHUS: Pero eso, como ya se está terminando nuestro tiempo, lo veremos la semana que viene.

DT: Así es. Entonces sabremos definitivamente cómo entraron las musas en el laboratorio.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Dentro del programa Madrid con los cincos sentidos (Radio M21), de José Luis Casado, se encarga del espacio Una cita con las musas.

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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