La luz del mar

La luz del mar Imagen superior: Yoru Ido. Resplandor azul del mar causado por miles de pequeños organismos bioluminiscentes, en concreto el dinoflagelado Noctiluca scintillans.

Claridad, resplandor, luminosidad, destello… Múltiples nombres para un fenómeno físico a la vez que poético que se conmemoró en el Año Internacional de la Luz.

Allí donde se juntan la física, la química y las ciencias naturales emerge la magia de la bioluminiscencia que no es otra cosa que la luz creada por los seres vivos. Aristóteles ya hizo observaciones sobre este fenómeno en el siglo IV a. C. y escribió sobre la luminosidad que presentaban algunos peces muertos; ahora sabemos que se debía a la infección por bacterias bioluminiscentes. Pero no fue hasta cuatro siglos después, cuando Plinio el Viejo realizó la primera descripción sistemática de diversos organismos bioluminiscentes como medusas, moluscos, luciérnagas y hongos en su Historia Natural.

En la mayoría de los organismos la luminiscencia es el resultado de la oxidación de una proteína llamada luciferina, que en latín significa “portador de luz”. Se trata de un proceso extraordinariamente eficiente; por ejemplo, en las luciérnagas menos del 2% de la energía se convierte en calor, mientras que en una bombilla incandescente éste puede superar el 90%.

Uno de los aspectos más interesantes de la bioluminiscencia es que se trata de un fenómeno de evolución convergente, ya que se estima que los rasgos bioluminiscentes han evolucionado independientemente al menos 40 veces a lo largo de la historia de la vida.

Esto ilustra muy bien su valor de supervivencia, mientras que su abundancia y ubicuidad en el océano testimonian su importancia en los ecosistemas marinos. Emitir luz debe resultar muy ventajoso en las profundidades del océano donde la oscuridad es casi absoluta.

Se sabe que el 90% de los organismos marinos que viven por debajo de los 700m son luminiscentes, desde las bacterias hasta los peces, pasando por prácticamente todos los grupos de invertebrados. En tierra la situación es diferente, ya que, aunque existen algunos hongos e insectos que brillan, difícilmente vamos a encontrar plantas con flores, anfibios, reptiles, aves o mamíferos bioluminiscentes.

Muchas de estas criaturas encierran belleza y misterio al mismo tiempo. Como ese mar lácteo bioluminiscente de más de 15.400 km2, el equivalente a la extensión de la provincia de Toledo, que pudo fotografiarse desde el espacio y que se cree que consiste en masas gigantes de bacterias luminosas en asociación con floraciones de microalgas. Son muchos los marineros que han visto estos mares lácteos que ya describiera Julio Verne en su novela Veinte mil leguas de viaje submarino.

Copyright del artículo © Carmen Martínez. Publicado originalmente en NaturalMente, revista del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). Se publica en www.TheCult.es con licencia CC, no comercial, por cortesía del MNCN.

Carmen Martínez

Carmen Martínez es responsable de la Unidad de Comunicación y Difusión Científica del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) del CSIC. Los artículos de Carmen Martínez se publican en www.TheCult.es por cortesía del MNCN con licencia CC no comercial.

Sitio Web: www.mncn.csic.es

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Lobo (Oberon7up), ratonero de cola roja (Putneypics) y paisaje montañoso (Dominik Bingel), CC

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Caballo islandés (Trey Ratcliff), garza real (David MK), vacas de las Highlands (Tim Edgeler), pavos (Larry Jordan) y paisaje de Virginia (Ed Yourdon), CC

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