La imaginación dadaísta de Chiquito de la Calzada

La imaginación dadaísta de Chiquito de la Calzada Imagen superior: Chiquito de la Calzada en "Brácula: Condemor II" (1997), de Álvaro Sáenz de Heredia.

El genial Chiquito de la Calzada, llamado realmente Gregorio Esteban Sánchez Fernández, nos dejó para siempre en su tierra natal, Málaga, el 11 de noviembre de 2017, a los 85 años.

Cuando la televisión nos anunció su fallecimiento, los informativos ilustraron la noticia con momentos de sus actuaciones. Es decir, que uno estaba inundado por la pena de la noticia, pero no podía evitar una sonrisa al escuchar su agudo grito de guerra, o sus “¿Cómor?” o sus “¡Quietor!”.

Fistro, cobarde, pecador, diodeno… Todas ellas son expresiones que ya forman parte del vocabulario informal de una enorme parte de los españoles, desde el frutero de la esquina a algún que otro miembro de la Real Academia de la Lengua (Arturo Pérez-Reverte le dedicó en 1994 un estupendo homenaje escrito al cómico malagueño).

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Imagen superior: Chiquito de la Calzada en "Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera" (1996), de Álvaro Sáenz de Heredia.

A mediados de los 90, un servidor era un adolescente bastante insufrible, y sintió rechazo por el fenómeno que supuso Chiquito. De hecho, no me molesté en ver ninguna de sus actuaciones. En mi defensa, he de decir que sus diamantes humorísticos estaban rodeados de material de derribo en espacios como Genio y Figura (1994), donde don Gregorio compartía programa con lamentables cuentachistes cuyo “gracejo andaluz” era más teórico que práctico.

El caso es que, una vez calmados tanto el fenómeno social como mi tontería teenager, descubrí que Chiquito no era el típico humorista que contaba chistes rancios de “mariquitas” y gitanos, sino que partía de esa base para conseguir algo que nadie había hecho antes.

Lo suyo era una especie de performance dadaísta de la que el propio autor posiblemente no fuera consciente, sino que brotaba directamente de su subconsciente al escenario, sin filtro (pero sí fistro), a través de extraños movimientos corporales, gritos insólitos y expresiones inventadas por él, procedentes de a saber dónde. Quizá fragmentos mentales de cultura pop ("pecador de la pradera"), de sus viajes como cantaor buscavidas (que le llevaron hasta el lejano Japón) o reinterpretaciones de nuestro idioma ("amatoma", "meretérica"…).

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Imagen superior: Chiquito, a la izquierda, en un episodio de la teleserie "Vacaciones en el mar" ("The Love Boat") rodado en Barcelona en 1985.

El caso de Chiquito de la Calzada también es extraordinario por ser un español que triunfó, pero cuyo éxito no provocó la envidia ni el rechazo de sus compatriotas. Un hombre al que la fama y el dinero le llegaron ya con una edad, después de haber vivido siempre a dos velas y de haber luchado en los frentes de guerra más duros del mundo del espectáculo: esos tablaos para turistas, esas fiestas privadas tan sórdidas…

Sus poderes cómicos procedían de la improvisación y la espontaneidad, de la explosión humorística breve, del arrebato. Por eso, las películas que protagonizó ‒Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera (1996), Brácula: Condemor II (1997) y Papá Piquillo (1998)‒ no le hacían justicia. El guión cinematográfico encorsetaba sus ocurrencias y la larga duración acababa por disipar el humor.

Por otro lado, acompañar con un secundario humorístico a Chiquito fue una mala idea. Una idea terrible si añadimos que el acompañante era un humorista tan poco inspirado como Bigote Arrocet.

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Imagen superior: Chiquito sorprende a Leslie Nielsen en "Spanish Movie" (2009).

En el cine, Chiquito funcionaba mejor como secundario que aparecía de repente y robaba la película a los protagonistas ‒pongamos el caso de Franky Banderas (2003)‒, pero lo suyo siempre fueron las actuaciones escénicas y el chiste alternado con cantes flamencos. En definitiva, su mayor virtud consistía en provocar que el público llorara de risa sin saber muy bien por qué.

Si la vida no tiene sentido, el humor lo tiene aún menos. En todo caso, si el abismo te devuelve la mirada, hazle burla y sácale de quicio. Chiquito, como los buenos humoristas, nos ayudó en esa eterna lucha contra la oscuridad, y por eso su vida fue tan valiosa.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

Es coautor del libro 2001: Una Odisea del Espacio. El libro del 50 aniversario (Notorius Ediciones, 2018).

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