Rodrigo Cortés: "Richard Matheson es uno de mis autores imprescindibles"

Conocí a Rodrigo Cortés en 2010, cuando, lógicamente, aún nadie le preguntaba por la vertiginosa experiencia de dirigir a Robert DeNiro y Sigourney Weaver (Luces Rojas, 2012) o a Uma Thurman (Down a Dark Hall, 2017). Los años que han pasado desde entonces le han consolidado como uno de nuestros realizadores con mayor proyección.

No sólo eso. Cortés ha mostrado su músculo creativo como escritor y aforista (A las 3 son las 2, 2013; Sí importa el modo en que un hombre se hunde, 2014; Dormir es de patos, 2015), y también ha encontrado su espacio como comentarista cultural en la radio y en el mundo del podcast.

Cuando nos encontramos por primera vez en las oficinas de Warner Bros., Rodrigo ya había dado un paso de gigante. De ser un cineasta de minorías, elogiado por su debut en Concursante (2007), pasaba a ocupar la primera fila gracias a esa magnífica película que es Buried.

El hecho de que ésta fuera, en cierto sentido, la aventura más anticonvencional que uno pueda imaginar, no restaba ni un ápice de atractivo a un largometraje vibrante y angustioso.

Retrocedamos en el tiempo para recordar ese momento, muy significativo en la carrera del realizador. Como refleja este diálogo, Cortés empieza a asumir que esa aventura de supervivencia –toda la acción se desarrolla en el interior de un ataúd– alcanzase el éxito en el Festival de Sundance. Y es que Buried no es sólo un drama de aislamiento. También es un thriller poderoso, inteligente y divertido, protagonizado por un héroe sufrido y luchador: el camionero Paul Conroy, al que encarna con una entrega sin límites Ryan Reynolds.

Partiendo de un suspense de resonancias hitchcockianas, la película desciende al cuarto de calderas del Irak en armas, y convierte el secuestro del personaje principal en una odisea desesperada y también terrorífica, que reclama nuestra atención con la misma intensidad que una bomba de relojería.

Buried se ambienta en un escenario y en un momento muy decisivos: el Irak actual. Pero en el fondo, más allá de esa impresión, nos relata una historia que remite al cine de Hitchcock y del primer Spielberg –pienso en El diablo sobre ruedas–, y además me recuerda el tipo de relatos que escribían autores como Robert Bloch y Richard Matheson en torno a los años cincuenta. ¿En qué medida tuviste en cuenta esos antecedentes?

Ahí has sido muy sagaz y no has errado en un solo punto. Estoy contigo... Irak es un tema que hace que la película tenga una ubicación muy real, muy presente. Pero Irak es el McGuffin. Sirve de telón de fondo. Si este mismo guión contase la historia de un fontanero enterrado en Carolina del Norte, habría hecho la película con el mismo entusiasmo.

No es una metáfora política, ¿verdad?

Me gustan mucho el cine político y los thrillers políticos, pero Buried no pertenece a ese género. Por el contrario, tiene mucho que ver con esa literatura de la que me hablabas. Podríamos incluso remontarnos a Poe con El enterramiento prematuro y llegar a las adaptaciones de Roger Corman... Pero, efectivamente, la película tiene mucho de ese espíritu de la obra de Richard Matheson.

La sombra de Hitchcock es alargada, y él es el maestro en cuyo honor quemamos más velas de incienso. No en vano, esta película representa ese tipo de desafío narrativo y técnico, contra el sentido común, que le era tan querido.

Por otro lado, también es verdad que, cinematográficamente, tiene mucho que ver con ese Spielberg de los setenta, con películas como El diablo sobre ruedas o Tiburón. Y desde luego, si hablamos de El diablo sobre ruedas hablamos de su guionista, Richard Matheson, que es uno de mis autores imprescindibles.

Hay algo en la película que también recuerda antiguas series como En los límites de la realidad, Thriller o Galería nocturna.

Incluso hablaría de Alfred Hitchcok presenta..., otra producción que también tiene que ver con Matheson y con autores de esa categoría. Se trata de teleseries realizadas con pequeñas piezas de género. Eran divertimentos que elevaban la tensión hasta límites muy elevados.

Hay algo de todo ello en Buried, aunque no existan referencias concretas en la trama o en lo cinematográfico, pero sí como una especie de influencia omnipresente.

Después de participar en el rodaje de Encuentros en la Tercera Fase, François Truffaut dijo que lo que más le admiraba de Spielberg era su capacidad para improvisar a partir de un guión técnico medido al milímetro. Tengo la impresión de que el guión de Buried tiene esa misma precisión, y sin embargo, has logrado transmitir frescura en cada plano. ¿En qué medida te liberaste de las imposiciones de un plan de trabajo tan riguroso?

Lo creas o no, también me salí del guión técnico... Tomaba decisiones constantemente. Pero esto no es tan sencillo, y requiere una explicación.

Hice un desglose muy, muy pormenorizado de toda la película: frase a frase, página a página... Si vieras mi guión de rodaje, está lleno de líneas de color, de conjuntos y de subconjuntos, de gráficos y esquemas, donde subrayo planos concretos, emociones que hay que reflejar, frases que tienen que ser enfatizadas de determinada manera...

Quería que la película se reinventara a sí misma cada ocho minutos, evolucionando no sólo en su trama, sino también en lo estilístico, en lo narrativo, en lo visual. Buried empieza con un planteamiento muy riguroso, muy cartesiano, y poco a poco empieza a salirse de sus barreras y acaba desatada, sin que sepamos muy bien cómo ha podido suceder todo eso dentro de una caja.

Y todo eso estaba perfectamente determinado. Pero después, aunque había secuencias con un planteamiento de cámara muy estudiado, también había zonas intermedias donde los planos no estaban prefijados uno a uno.

Me daba cuenta de que, en una película como ésta, muchas de las cosas tenían que ser orgánicas, e ir alimentándose espontáneamente de lo que hubiese sucedido hasta ese momento.

Tienes una caja y tienes una persona, con algún elemento más. A partir de ahí, cada mínima decisión se convierte en lo que, en una película normal, sería un gran gesto. Cuando él se gira, y voltea su cuerpo y cambia de postura en el ataúd, eso mismo, en una película convencional, equivale a cambiar de estancia, a recorrer una selva o a subir por la pared escarpada que escalan los protagonistas de Los cañones de Navarone.

En realidad, no hay mucha distancia entre lo que el espectador siente cuando ve ese ascenso y lo que experimenta cuando cree que el cuerpo de Ryan Reynolds se va a quebrar porque no hay manera de que alguien de uno noventa de estatura pueda girarse en un ataúd de tamaño convencional.

Buried, de Rodrigo Cortés

¿Rodaste el guión de forma cronológica?

Sí, el rodaje fue absolutamente cronológico. Es la primera vez en mi vida que he podido rodar así, y seguramente sea la última, pero para una vez que tienes una única localización, y pudimos darnos ese lujo...

Además, no tuvimos muchas facilidades en esta película. Hacerlo cronológico era importante por una cuestión técnica, y es que debíamos conseguir que los movimientos de Ryan Reynolds, sus posiciones, pudieran ir evolucionando con una perfecta coordinación, sin que hubiera ningún salto. Además, era necesario que la evolución dramática de su personaje se pudiera ir construyendo también desde la nada, de manera que Ryan fuera desarrollando esas emociones.

Para un actor, ese trabajo con planos tan cercanos resulta muy exigente, y sin embargo, Reynolds hace creíble al personaje de principio a fin. De hecho, su actuación es un auténtico recital... ¿Hubo una etapa de ensayos antes de que se metiera en el ataúd?

Preparamos mucho la parte general: lo que significaba cada cosa y cómo evoluciona el personaje, pero no se ensayó... Él no quiso ensayar. Para empezar, decía que no podía estar más de diecisiete días allí dentro, y que además quería ir descubriendo las emociones del protagonista durante el proceso de filmación.

Es algo que a priori me daba mucho miedo. Prefiero ensayar y establecer una partitura con la que trabajar. Pero percibí que en su deseo había algo especial, y que desde luego, no estaba hablando desde la pereza, ni nada por el estilo. Es más, nuestra comunicación fue muy buena desde el primer momento, y teníamos ideas muy parecidas.

Al final, él tuvo toda la razón del mundo. Cuando dije acción por primera vez, él mostró su primera reacción al verse enterrado en vida. Ahí vuelca todo su temor primario, todo ese pánico primigenio, con una verdad absoluta. Luego, a partir de ahí, fue evolucionando con el personaje. Creativamente, hizo sus deberes.

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Sin un actor tan comprometido con el papel, supongo que Buried no hubiera llegado a buen puerto.

Hicimos la película en solo diecisiete días. Es un sinsentido. Normalmente, se ruedan diez, doce planos diarios... Nosotros hacíamos treinta, treinta y cinco planos diarios. Uno de los días llegamos a los cincuenta y dos.

Por suerte, Ryan Reynolds es un Stradivarius, un instrumento perfecto, que alcanza todas las notas. Puedes dar quince instrucciones, y las incorpora orgánicamente. Es absolutamente veraz, y no hay forma de pillarle mintiendo a la cámara.

Mientras que alumbra con la linterna el techo del ataúd, consigue que la luz rebote e ilumine su rostro de la forma idónea para la lente, al tiempo que esquiva por un centímetro el reguero de arena que cae sobre él. Y por si no fuera suficiente, en mitad de todo eso, es capaz de asimilar cualquier instrucción nueva de cara a la siguiente toma. Es realmente prodigioso.

¿Cómo llegaste a la conclusión de que Reynolds era el actor idóneo para este proyecto?

Yo lo descubrí hace dos años, durante el Festival de Sitges, viendo una película de John August que se titula The Nines. Ahí me encontré con un actor con una sensibilidad inmensa para mostrar aspectos de verdad a través de movimientos mínimos, y eso es algo que para un director es un regalo. Lo relevante no es cómo grita, ríe o llora, sino cómo coge un objeto o cómo mira. Cuando en esos pequeños detalles se transmite verdad, es algo así como magia en acción.

Además, Ryan tiene un sentido del timing extraordinario. Me puse a rescatar su carrera, e incluso en sus comedias más memas y en sus películas de terror más ridículas, él siempre tiene un compromiso actoral impresionante. Sin ir más lejos, pienso en una película tan mala como Terror en Amityville...

Ahí está espléndido, a pesar de todo lo que le rodea y del guión tan mediocre que tiene que defender.

En mi opinión, la descomposición del personaje es mejor que la de Jack Nicholson en El resplandor, siendo la de Kubrick una película muy superior a Terror en Amityville.

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¿De qué modo entraste en contacto con él?

Sabíamos perfectamente que nunca iba a aceptar hacer la película, pero fuimos directamente a por él. En realidad, toda la película se ha hecho contra el sentido común, así que un acto más en esa dirección no iba a notarse.

Leyó el guión y le gustó mucho, pero consideró que ni por casualidad se podría hacer una película con ese texto. Era absolutamente imposible.

Quiso ver mi primer a película, Concursante, y algo encontró en ella que hizo que, mientras desfilaban los créditos finales, estuviera al teléfono, deseando saber más.

Le envié una memoria de dirección que detallaba paso a paso cómo pensaba abordar el proyecto. Dos días después, nos encontrábamos en Los Ángeles, y cuarenta minutos más tarde nos estrechábamos las manos. Fue así de ridículamente sencillo.

Lo que puedo asegurarte es que él no sabía donde se metía hasta que, afortunadamente, ya era demasiado tarde.

Supongo que la experiencia de rodar en esas condiciones no es nada placentera. ¿Cómo lograste que asumiese esa disciplina tan espartana?

El primer día estaba agotado y rendido hasta extremos que no había contemplado... Lo que pasa es que dejó completamente la vanidad a un lado, y la suya fue una entrega absoluta. Tiene que ser así, desde luego, si quieres que te entierren en arena y sudor.

Lo devolvimos a Los Ángeles sangrando por la espalda, con los dedos achicharrados por sostener un Zippo encendido a temperaturas imposibles, con la piel hecha tiras y erosionada, y sin poder dar un solo paso.

Eso en lo físico... imagínate en lo emocional. En Buried, él recorre todo el catálogo de emociones que un ser humano, a menudo, no experimenta en una vida entera. Y lo hace en noventa minutos.

Normalmente, en una película, un plano complicado lleva un día entero. Aquí el plano complicado era uno de los veintisiete o de los treinta y dos que había que rodar en el mismo día. Con lo cual, él podía atravesar siete emociones extremas y distintas a lo largo de una sola jornada de rodaje, sometido a una exigencia física difícil de aguantar.

De hecho, Ryan me confesó que, después de este rodaje, ha perdido la capacidad de quejarse.

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Otro realizador que hubiera leído el guión de Chris Sparling quizá hubiera optado por un estilo experimental, minimalista, más próximo al cine de autor. En cambio, tú has convertido la película en un thriller comercial, muy épico, en el que no faltan los giros retorcidos y ciertas dosis de humor negro. ¿Tuviste clara esa opción desde el comienzo?

Sí, desde que leí el guión sabía que tenía que hacer eso. El guión es de Chris Sparling, de principio a fin. Mi intervención consistió en optimizar aspectos de dirección, especialmente los visuales. Ahí es donde aparecieron la linterna y determinados gadgets visuales que se integran en la trama y hacen que ésta evolucione.

El recurso de la linterna provoca mucha tensión. Me pareció todo un acierto.

Es una linterna que no funciona, y eso incorpora un nivel de angustia nuevo, porque nos habla de lo que le esta sucediendo al protagonista.

¿Retocaste los diálogos?

Intervine en los diálogos, tratando de llevarlos a un nivel nuevo. A mí me entusiasman los diálogos, y esta película era una oportunidad perfecta para conseguir determinadas cosas, y para introducir ese humor negro del que hablabas.

Yo estaba convencido de que la película necesitaba determinadas espitas para liberar presión, y eso en ningún momento iba a perjudicar la identificación del espectador con el protagonista.

De hecho, mi relación con Chris Sparling fue magnífica, y mis únicas discrepancias con él tuvieron que ver con esto. Chris no estaba muy seguro de que hubiera que incorporar humor negro. Pensaba que la gente podía tomarse a broma la historia. Yo le decía "Estás equivocado. Estas reacciones las tenemos que hacer desde el personaje. El humor surgirá desde el personaje y desde su situación. El humor surge de la desesperación". También le dije algo que le dejó muy desconcertado: "Tú no te has dado cuenta, pero has escrito una comedia".

En películas como After Hours o El apartamento, consigues que al personaje le pasen las peores cosas posibles, y cuando crees que no le pueden ocurrir más, inventas una nueva. Para poder escribir de ese modo necesitas un determinado disfrute consciente acerca del maltrato al personaje. Eso es lo que sucede en Buried, cuyo esqueleto narrativo no es tan lejano al de After Hours, sólo que en nuestra película es mucho más intenso, más insoportable y te lleva a un escenario de enorme ansiedad.

Eso es algo que Ryan Reynolds transmite a la perfección.

Era el actor idóneo. Su sentido del timing iba a conseguir que la película tuviera esos detalles tan sutiles: una réplica o una contrarréplica, el modo de prolongar una frase dos segundos más allá de lo necesario para que tenga un efecto concreto...

Vuelvo a lo que te decía: Buried es épica, y eso es algo que no sé si todo el mundo supo ver antes de que emprendieras el rodaje.

Desde luego, al leer el guión yo vi la oportunidad de hacer una gran película, y no una pequeña película experimental. Esa fue mi primera lucha, tratando de convencer a todo el mundo, Yo insistía en que no es una película intimista o introspectiva, y tampoco algo al estilo de Open Water. Al contrario, es Indiana Jones... quiero decir Indiana Jones dentro de una caja.

Por eso los créditos empiezan así, de una forma tan espectacular. Le están dando al espectador la información de que es un thriller de alta tensión.

La banda sonora de Víctor Reyes también consigue dar ese tono.

Sí, es épica. Al principio, casi no te enteras de que está sonando. Es muy subterránea, muy abstracta. Poco a poco, empieza a evolucionar y acaba siendo sinfónica y épica. Eso deja claro que Buried es un thriller de acción, con un componente de aventura.

Es una forma de decirle al público: "No vais a ver una película yugoslava, oscura, densa y extraña. Pero ahora ya sabéis lo que vais a ver, y estáis todos preparados para esos tres minutos de oscuridad a los que se enfrenta el protagonista al comienzo".

Esta era una obsesión muy precisa. Otra cosa que me obsesionaba era convertir la película en una experiencia física. Porque Buried no es una película para ser vista sino para ser experimentada. Por eso la hemos rodado con dos cámaras y en formato de 75 milímetros, para capturar toda esa tensión.

Quiero que el público crea, y sobre todo, que el público sienta y vaya al lugar donde necesita estar para entrar en esta aventura.

Con un plan de rodaje tan breve, imagino que el equipo técnico también llegó al límite de sus posibilidades.

Cuando acabó la película, Ryan dijo que él sentía que todo el mundo había estado con él dentro de la caja. Es una forma amable de decir: "Gracias por el esfuerzo, pero aquí dentro he estado yo, sufriendo, y nadie se vuelve sangrando".

Lo cierto es que todo el equipo acababa el día realmente extenuado. Ha sido una experiencia de máximo sufrimiento para todo el mundo. Conseguir hacer toda esa cantidad de planos con esa exigencia técnica y emocional diaria, exige un grado de tensión y de concentración constante que no se puede relajar en un solo momento del rodaje. Eso sólo puede darlo un equipo comprometido más allá del deber. Y este, indiscutiblemente, fue el caso.

Después de un trabajo tan duro, llega ese momento tan delicado en el que compruebas cómo reacciona el público..., y la verdad es que las primeras impresiones son extraordinarias. Sinceramente, ¿qué sientes al leer críticas tan elogiosas? ¿Eres ya consciente de lo que Buried puede suponer para tu carrera?

Mira... te lo voy a poner en contexto y lo vas a entender... Buried se rodó en diecisiete días. Empecé a montarla al día siguiente de terminar el rodaje, porque no tenía otra opción si quería llegar a tiempo al Festival de Sundance.

En lugar de quince semanas y media de montaje, tenía que hacerlo en cinco semanas y media, como mucho... lo cual es imposible. Imagínate: dieciocho, veinte horas de trabajo todos los días, incluidos sabados y domingos.

Afortunadamente, Sundance quiso programarla, pero la película llegó allí goteando, al poco de acabarla. Me cogieron de los hombros, me metieron en un avión y me arrojaron en la nieve. De manera que cuando nos encontramos con las colas de espectadores, aguantando seis horas de espera y pagando diez veces el precio de la entrada, viví todo como si le estuviera pasando a otra persona. Estaba tan exhausto que no había forma de conectar con lo que pasaba. Acabó la proyección. Se vino el teatro abajo, y empezó la guerra de pujas: Fox contra Sony, Sony contra Lionsgate... Yo lo único que decía es "Todo está muy bien, pero necesito irme a la cama y descansar".

Me voy adormir, y al día siguiente se cierra la puja con Lionsgate por una cantidad que no se ha conocido en Sundance en años. Mientras voy en coche hacia Salt Lake City, empiezo a recibir todas las críticas en la blackberry. Los elogios en Variety, en Ain't Cool News, en el Times, son de tal calibre que no hay forma de que lo asuma.

Verás, en cierto modo me siento como si esa no fuera mi realidad... Algo así como si estuviera leyendo un libro en el que un asistente le entrega a Spielberg las críticas fotocopiadas de Tiburón mientras se encuentra en una playa de Malibu.

Encima, fuimos a Sundance con expectativas completamente neutras, porque así es como me enfrento a cada cosa en la vida: no esperando nada.

Es muy difícil saber si es bueno o malo lo que te sucede hasta que no pasa cierto tiempo. Mi anterior película, Concursante habla de eso, entre otras cosas. Prefiero estar sencillamente despierto, alerta, y dispuesto a reaccionar ante lo que suceda.

¿Y cuando vives ese momento, qué intuyes que va a suceder después?

No lo sé. Incluso con esta película pudieron ocurrir cosas muy distintas. Las películas, al principio, están muy desprotegidas. Luego adquieren una inercia y empiezan a blindarse, para bien o para mal. En este caso, la inercia es inmejorable, pero aun así, pueden suceder tantas cosas... Pero yendo al grano de lo que tú has preguntado sobre mi impresión, honestamente es algo de lo que me di cuenta leyendo el guión.

No sabía dónde iba a llevar esto. Ahora tampoco lo sé, pero en aquel momento sentí que se me brindaba la oportunidad de hacer algo literalmente inédito. Algo que no se había hecho jamás, y que era un reto narrativo y técnico inabordable.

Sus características insensatas fueron precisamente las que me atrajeron, claro. Esta película se hizo contra el sentido común.

Entrevista realizada el 16 de junio de 2010.

Copyright del texto y la fotografía de Rodrigo Cortés © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes de "Buried" © 2010 Versus Entertainment, The Safran Company, Dark Trick Films y Studio 37. Cortesía de Warner Bros. Pictures International España. Reservados todos los derechos.

Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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