Crítica: "American Assassin" (Michael Cuesta, 2017)

¿Está recuperándose en cine de acción estadounidense? Todavía es pronto para decirlo, pero después del daño hecho por Michael Bay y por el estilo pseudo-documental, se está notando cierta tendencia que trata de rescatar la acción en la que el espectador aprecia lo que está pasando y disfruta del trabajo de los especialistas, en lugar de asistir a un confuso batiburrillo de primeros planos e imágenes movidas.

American Assassin intenta, con no demasiada fortuna pero sí loable empeño, seguir el modelo de esta corriente de cine de acción “neoclásico”, que están cultivando en Hollywood directores como David Leitch o Chad Stahelski. El manejo de la cámara y el montaje no están a la altura de lo que se ha podido disfrutar en John Wick o Atomic Blonde, pero no llega a hacer daño a los ojos, y el espectador, al menos, es consciente de los mamporros, tiroteos y proezas varias de los especialistas, coordinados por el legendario veterano en estas lides Vic Armstrong (director de la segunda unidad), a quien tanto deben personajes como 007, Indiana Jones o Conan.

Basado en la novela homónima de Vince Flynn (primera de la larga serie de libros protagonizados por el rudo agente Mitch Rapp), el guión de American Assassin llama la atención por parecer algo escrito en plena era Reagan. No llega a ser del todo un desvarío islamófobo a lo Donald Trump y compañía, pero se acerca más a esos extremos que a la corrección política (término tan sobado por unos y otros que nadie sabe ya muy bien lo que significa).

El héroe de la función es el clásico joven (Dylan O'Brien) destrozado por la muerte de su prometida, cosida a tiros por yihadistas en una playa de Ibiza al minuto de recibir el anillo de compromiso. Después de esta tragedia, se embarca en una misión solitaria para acabar, él solo, con el terrorismo islámico. La CIA aprovecha su potencial y le ficha para una unidad encargada de trabajos especialmente sucios llamada Orión, donde recibirá entrenamiento y será supervisado por un duro ex-Navy SEAL (Michael Keaton).

Por su parte, el villano de la función (además de un montón de terroristas y maquiavélicos altos cargos iraníes) es el típico agente renegado (Taylor Kitsch), creado, usado y abandonado por Orión y lanzado a una venganza frankensteiniana.

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Este guión tan básico y repleto de clichés habría funcionado a la perfección si hubiera sido una superproducción de acción de 1987, producida por Mario Kassar y Andrew G. Vajna, protagonizada por Mel Gibson y dirigida por George Pan Cosmatos. En 2017, lo que tenemos es un film de aspecto modesto (a pesar de las múltiples localizaciones internacionales) y razonablemente entretenido, que habría agradecido un director con más sentido del espectáculo que el televisivo Michael Cuesta.

Al protagonista, Dylan O'Brien, le faltan mala uva y rudeza, y no intimida como debería hacerlo su personaje, mientras que el gran Scott Adkins (el mejor actor occidental de artes marciales que jamás ha habido, ahí queda eso) vuelve a ser desperdiciado con un irrelevante papel secundario. El villano, Taylor Kitsch, casi cae bien al espectador, pese a ser más malo que la quina, y Michael Keaton, sobreactuando como sólo él sabe hacerlo, se come al resto del reparto y a la propia película.

Si American Assassin comienza como una violenta y oscura película de espionaje y contraterrorismo, en el último acto se transforma en algo un poco más estúpido y propio del cine de acción caricaturesco y digital del que, en principio, parecía querer alejarse.

Pese a todo, se agradece el intento.

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Sinopsis

Mitch Rapp (Dylan O'Brien) es un joven recluta de operaciones encubiertas de la CIA bajo la instrucción del veterano de la Guerra Fría, Stan Hurley (Michael Keaton). Ambos son llamados por la Directora Adjunta de la CIA, Irene Kennedy (Sanaa Lathan) para investigar una ola de ataques aparentemente aleatorios a objetivos militares y civiles. Juntos, los tres descubrirán un patrón en la violencia que les llevará a unir fuerzas con un letal agente turco (Shiva Negar) para detener a un misterioso operativo (Taylor Kitsch) que intenta empezar una Guerra Mundial en Oriente Medio.

Cuesta explica: "Esta es la historia de origen de Mitch Rapp, sobre cómo se transforma de un hombre en busca de venganza personal a un profesional que opera con un intenso sentido de la justicia. Estoy entusiasmado de ofrecer a los fans de los libros y a todos los demás la oportunidad de ver a Dylan O’Brien convertirse en Mitch. Dylan tiene un atractivo muy contemporáneo como estrella de acción para este milenio, y creo que a los espectadores les va a encantar su interacción con Michael Keaton, que clava su interpretación de la imagen de tipo duro de Hurley, como un John Wayne del siglo XXI".

En palabras de la viuda de Vince Flynn, Lysa, ver la obra de su marido cobrar por fin vida en la gran pantalla resultó profundamente conmovedor, y comenta sobre la experiencia: "Después de ver la película, no podía sentirme más entusiasmada y en paz sabiendo que Vince puede sentirse sumamente orgulloso y honrado. La integridad de los personajes se ha trasladado perfectamente del libro a la pantalla".

Lo que Tom Clancy supuso para el thriller de espionaje de la década de 1980 (moldeando la materia prima que le proporcionaba la Guerra Fría y los recovecos más oscuros de las operaciones estadounidenses de espionaje para crear historias tremendamente amenas) fue en lo que se convirtió Vince Flynn para el nuevo milenio. A medida que el mundo cambiaba tras el 11 de septiembre a un vertiginoso laberinto de peligros que eran casi imposibles de prever, Flynn cambió con él la novela de espionaje. Se alejó de la era de los estilizados tecno-thrillers entre los dos grandes bloques para sumirse en un nuevo mundo de intensas amenazas espontáneas que pueden proceder de cualquier parte. Vio pronto que el ascenso global del terrorismo contra civiles suponía que la CIA necesitaría un nuevo tipo de recluta. Con terroristas procedentes de lugares y entornos muy distintos, las agencias de inteligencia pondrían especial importancia en espías capaces de meterse en las oscuras mentes de aquellos motivados no tanto por objetivos políticos como por arrasar el mundo con su furia.

Por eso creó la apasionante serie de novelas de Mitch Rapp, centrada en las implacables habilidades de un hombre, un individuo que utiliza su rabia, su idealismo, su orgullo y su ponzoña sumamente personal para pagar con la misma moneda a las amenazas moralmente desarraigadas y vengativas que definen cada vez más los tiempos que corren.

Flynn introdujo inicialmente a Rapp en 1999. Ya era un veterano de la CIA que reservaban para las misiones más peliagudas en Transfer of Power, en la que un ataque terrorista convierte la Casa Blanca en una situación con rehenes, a la que envían a Rapp como comando a la desesperada para tratar de salvar al mismísimo gobierno estadounidense que tanto le exaspera. Se convirtió en un éxito al instante, alabado por Publisher’s Weekly por ofrecer "intriga continua". El libro se convirtió entonces en el punto de partida de una serie de novelas publicadas en rápida sucesión, que abarcan 13 entregas de Mitch Rapp escritas por Flynn, así como otras más escritas posteriormente por Kyle Mills, que fue elegido para continuar la saga tras la prematura muerte de Flynn.

Flynn no tardaría en acumular la aprobación de miembros reales de la comunidad de inteligencia, pasmados por la precisión milimétrica de sus novelas. Escribía con un conocimiento de experto sobre cómo funcionan las agencias del gobierno, cómo se desarrollan las operaciones encubiertas, además de cómo las luchas políticas internas de Washington y las maquinaciones de las potencias mundiales pueden generar una densa niebla en torno a la lucha para mantener a salvo a los norteamericanos.

La serie de Rapp consiguió fans de toda clase y condición, desde políticos de Washington a jefes de estado extranjeros, desde Bill Clinton a George W. Bush o el rey Abdalá II de Jordania, y sobre todo entre las tropas estadounidenses que servían en el extranjero, donde se dice que las literas de los barracones están abarrotadas de sus ediciones en tapa blanda. Todos sus libros figuraron en la lista de los más vendidos del New York Times, con más de 12,5 millones de ejemplares de las novelas de Rapp vendidas en Estados Unidos, además de distribuirse internacionalmente en otros 20 mercados más.

En 2010, Flynn respondió a las súplicas de sus fans de pulsar el botón de rebobinado y ofreció por fin a sus lectores la historia que querían: los orígenes de Rapp, que exploraban cómo un chico solitario, emocionalmente deshecho y recién salido de la universidad se convirtió en la peor pesadilla de todo terrorista. Ese libro fue American Assassin, y se convertiría en su novela más querida y más alabada por la crítica, en la que se recogía el atormentado pasado de Rapp, su amor perdido, el dolor que lo impulsó y su reclutamiento por parte de un programa secreto del gobierno para formar agentes que operaran fuera de las reglas convencionales. Publisher’s Weekly comentó en esta ocasión: "Flynn ofrece su habitual thriller internacional explosivo pero, al darnos el origen de Rapp, lo dota de mayor profundidad y corazón".

Trágicamente, en 2013, Vince Flynn falleció a la edad de 46 años a causa de un cáncer de próstata. Pero antes de su muerte, llegó a un acuerdo con di Bonaventura y Wechsler para llevar el estilo de espionaje del nuevo milenio de Rapp a los espectadores actuales. Flynn continuó escribiendo mientras luchaba contra el cáncer, manteniendo su dedicación a los millones de leales fans de Mitch Rapp. Igualmente, tras el fallecimiento de Flynn, di Bonaventura y Wechsler siguieron tan comprometidos como siempre a trasladar la historia de Rapp a la gran pantalla. Estaba claro que American Assassin tenía que ser la primera historia que adaptaran.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © CBS Films, Lionsgate Films. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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