Filosofía ejemplar: entrevista a Javier Gomá Lanzón

Filosofía ejemplar: entrevista a Javier Gomá Lanzón Imagen superior: Javier Gomá, CC.

Javier Gomá Lanzón (Bilbao, 1965), considerado por algunos el Ortega del siglo XXI, es una figura intelectual de primer orden en el panorama español. La revista Foreign Policy lo ha incluido en dos ediciones (2012, 2014) en la lista de los cincuenta intelectuales iberoamericanos más influyentes.

En todas las entrevistas que ha concedido consta el tópico de su triple background humanístico: doctor en Filosofía y licenciado en Derecho y en Filología Clásica. Defendió su tesis en 2001 sobre la imitación (a la que luego llamará ejemplaridad) como pauta ética. Como abogado ganó con el número 1 de su promoción el acceso al Cuerpo de Letrados del Consejo de Estado. Desde 2003 es Director de la Fundación Juan March de Madrid. Como filósofo obtuvo el Premio Nacional de Ensayo (2004) por su libro Imitación y experiencia (2003), al que siguió la publicación de Aquiles en el gineceo (2007) y de Ejemplaridad pública (2009). El conjunto de estos tres libros conforma la “trilogía de la experiencia de la vida”.

El autor critica el concepto orteguiano de “masa” y reivindica la “vulgaridad” de los ciudadanos, necesario resultado del producto de la igualdad y de la finitud, pero solo como plataforma de partida para su progreso ético. Para Gomá no existe “masa” sino una pluralidad de ciudadanos, todos ellos críticos, emancipados, responsables.

En su ensayo filosófico Necesario pero imposible (2013), da un paso más allá, de la ética a la te(le)ología, planteando la posibilidad de la existencia de Dios y de una cierta inmortalidad del alma (a la que llama “mortalidad prorrogada”) a partir de un abordaje razonable, verosímil y retórico. Esta posición es muy original porque ensaya una tercera vía, la de lo razonable, igualmente alejada de la fe irracionalista y del teísmo racional de la escolástica. Este libro, junto a los tres anteriores, forma la “tetralogía de la ejemplaridad”.

Javier Gomá escribe con un estilo comprensible, accesible también a los “vulgares” ciudadanos. En esta misma línea, ha realizado un esfuerzo notable por difundir su sistema filosófico entre el gran público: ha sido y es colaborador habitual en prensa escrita (por ejemplo, en Babelia de El País), y ha llevado la sección “Filosofía mundana” del programa radiofónico La noche en vela de RNE.

Ha compilado sus colaboraciones periodísticas en libros como Todo a mil (2012) o Razón: portería (2014). Es proactivo en el mantenimiento de su facebook, en el que acoge generosamente a muchos amigos.

En esta conversación hablamos, literalmente, de lo divino y de lo humano, discurriendo desde lo más frívolo a lo más profundo. Reflexionamos sobre la importancia de las humanidades para la formación del ciudadano moderno, sobre el alma y sobre la implicación del filósofo en la sociedad. Pasen y vean: escuchen con sus ojos la conversación.

A partir de una formación en Filología Clásica, Derecho y Filosofía, has alcanzado el “éxito” profesional: eres Letrado del Consejo de Estado, que obtuvo el número 1 de su promoción; Premio Nacional de Ensayo; y Director de la Fundación Juan March, con mansión y despacho en un entorno envidiable. Te bombardean con peticiones de “bolos” y de entrevistas, incluyendo ésta (de hecho, para documentarme tuve que leer numerosas entrevistas, incluyendo una, para Jot Down Magazine, que es la más larga que he leído en mi vida). Wikipedia, el neoParnaso de la postmodernidad, te dedica una flamante entrada. ¿Tienes algo que decirles a los padres que no quieren que sus hijos estudien carreras “de letras”, porque “no tienen salida”? ¿Recomiendas a tus hijos que estudien grados universitarios técnicos y científicos, como ingeniería, medicina o informática, frente a carreras humanísticas, quizá más formativas, pero con menos encaje y demanda en el mercado laboral?

A los jóvenes no les recomiendo éxito profesional sino éxito personal. No una fulgurante carrera hacia la cumbre social sino una carrera hacia las profundidades de uno mismo. Les animo a que, en ese momento previo a la experiencia ‒a la doble especialización: casa y oficio‒, ambicionen desarrollar la mejor versión de ellos mismos, un ejemplar eminente de lo humano, no una sombra o un sucedáneo. A que emprendan el grand tour durante muchos años y retrasen el momento, si se lo pueden permitir, de su integración en la economía productiva.

Les recomiendo una juventud extraviada (como escribo en el microensayo “La gran piñata”), entregada al otium activo, sin mira de rentabilidad, cultivando lo inútil, lo desinteresado, la curiosidad errática y sin objetivo fijo, porque ya tendrán tiempo para el neg-otium, demasiado tiempo probablemente si se piensa en que la esperanza de vida en aumento y el envejecimiento de la población exigirá al joven de hoy una vida laboral muy larga, quizá hasta los ochenta años.

La paradoja estriba en que ese grand tour interior, aparentemente poco práctico, acaba redundando en una ventaja competitiva en el mercado laboral. Porque entran en el mercado todos los años miles de candidatos “indistintos” y esa formación humanística te distingue, y en ese sentido te aporta unos rasgos diferenciadores muy interesantes para el empleador. Por último, aunque quizá decepcione, he de precisar que, aunque estoy bien acomodado en la Fundación, no poseo una mansión sino un piso corriente, mi única propiedad inmobiliaria, ampliamente hipotecada, y, en cuanto a la entrada en la Wikipedia, cualquiera y cualquiera cosa la tiene. Da la casualidad de que hoy mismo he comprobado que, por ejemplo, hay una para esa moldura especial llamada “bocel”.

Los tres grandes polos de tu formación, la Filología Clásica, el Derecho y la Filosofía, tienen una imbricación clara con la cultura clásica grecolatina. Para el caso de la Filología Clásica, esto es obvio; el Derecho europeo deriva en gran medida del Derecho romano (todavía la asignatura de Derecho Romano es obligatoria en el primer curso del grado de Derecho, hasta que a algún prócer postmoderno se le ocurra defenestrarla); y la filosofía occidental se basa en la filosofía griega y romana, si damos algún crédito al aserto de Alfred North Whitehead de que toda la filosofía occidental no es más que una serie de notas a pie de página a la obra de Platón. ¿Qué te parece que se desmantelen las asignaturas humanísticas, incluyendo el latín, el griego y la misma filosofía, de los planes de estudios de Secundaria y de Bachillerato?

Supongo que por las características de mi formación, resumidas en la pregunta, se espera de mí una incendiaria diatriba contra la reforma educativa. Pero no estoy en condiciones de formularla y no quisiera improvisarla en un acto de atolondrado mimetismo para ganar el aplauso de los descontentos.

No conozco los detalles de tal desmantelamiento y prefiero no opinar sobre aquello que no he estudiado con detalle y amplia perspectiva. Por otra parte, descreo del exceso de expectativas proyectadas sobre los planes de estudio: hacer descansar la entera responsabilidad de la educación integral del ciudadano en decretos burocráticos, en una hora más o menos a la semana de una disciplina particular, aparentemente es excesivo.

La enseñanza reglada debe ofrecer algunos fundamentos y señalar direcciones pero la formación, en último término, depende de uno mismo. Toda educación es una invitación a la auto-instrucción. Las mismas clases de los mismos profesores en el mismo instituto producen individualidades divergentes. No recuerdo haber tenido un buen profesor de filosofía ni enseñanzas memorables de literatura, y pese a ello, mi vocación literaria prendió por su cuenta y con violencia.

Creo más en la influencia de ese universo simbólico latente que es la cultura genérica de un país en un momento determinado, las creencias y costumbres colectivas que lo rigen y moldean haciendo su trabajo sin apenas sentirse. Con todo, un ciudadano culto es aquel que posee conciencia histórica y para ello los estudios sobre la Antigüedad parecen muy recomendables. Además, los Antiguos grecolatinos no sólo son los primeros en muchas cosas sino que con frecuencia son los mejores o al menos supieron dar a sus obras una forma perdurable. Homero es el fundador de la literatura occidental pero también una de sus cumbres.

Admito que los planes oficiales de estudio tienen un cierto valor simbólico porque contienen algo así como una señal de lo que una sociedad juzga importante para sus ciudadanos, un compendio de los saberes recomendables. Y por último, sin importarme caer en el corporativismo, los profesores de griego, latín, filosofía y disciplinas afines, que han de desempeñar sus funciones en condiciones materiales y organizativas muy desfavorables, cuentan de partida con mi simpatía y mi solidaridad.

Hasta los libros de texto de la ESO nos recuerdan que la filosofía nace como un intento de explicación racional de la Realidad, frente a las explicaciones pre-racionales de la mitología y de la religión. Es el famoso paso del mythos al lógos. Es decir, en un primer momento la filosofía es cosa de especialistas-filósofos y se desarrolla sobre todo en una vertiente física. Pero desde época helenística (siglo III a.C.), empieza a interesar la vertiente ética de la filosofía y, además, el saber filosófico se concibe como una disciplina humanística aplicable a los problemas del ciudadano de a pie. La filosofía se convierte así en un recetario para la felicidad.

Creo que tú has cultivado ambas vertientes de la filosofía: 1) filosofía especulativa para filósofos (en tu tetralogía de la ejemplaridad, que suma más de 1700 páginas); y 2) filosofía curativa para ciudadanos (en tus artículos en Babelia, en tus conferencias divulgativas). Quería preguntarte a cuál de las dos facetas (filosofía para intelectuales o filosofía para legos) le das más importancia como tarea inherente del filósofo.

El esquema Del mito al logos, que dio título al célebre libro de W. Nestle, ha sido relativizado muchas veces con explicaciones alternativas. Yo mismo lo he hecho en microensayos como “La verdad del mito” (en Todo a mil) y he llegado a proponer otro esquema en el ensayo “Del héroe al concepto” (en Razón: portería).

Respondiendo más precisamente a la pregunta, cuando uno, como es mi caso, concibe la filosofía como una forma de literatura, la contraposición entre filosofía para filósofos y filosofía para ciudadanos decae, de la misma manera que ningún novelista escribe sólo para otros novelistas o sólo para el resto de los ciudadanos sino al mismo tiempo para unos y otros sin distinción.

Defendí en “Filosofía como literatura conceptual” que la filosofía es un género literario cuyo instrumento son los conceptos, a diferencia de la ficción, pero que, como ésta, carece de la validación o la verificación de la ciencia por cuanto su verdad descansa exclusivamente en el consenso de los lectores en el transcurso del tiempo. En este sentido, aspiro a que mi tetralogía de la ejemplaridad sea leída por cualquier lector culto, no especializado, que anhele interpretaciones elaboradas y estructuradas del mundo capaces de iluminar su vida; y también a que los colegas filósofos puedan leer con provecho los microensayos publicados en suplementos literarios y reunidos en libros.

La filosofía especializada y profesional resulta a veces ilegible porque no reflexiona sobre el mundo sino que se refiere a libros que el lector no conoce ni debe conocer. Para mí ha sido un principio indeclinable no leer más libro que el libro de la naturaleza, de la vida y de la experiencia. Y los demás libros, sólo en cuanto sirven para entender mejor este libro único. Por otra parte, la filosofía no tiene primeramente una misión curativa. No ha de pretender ser terapia, medicina, psicoanálisis o religión. Pero una buena filosofía, la gran filosofía, es, ha sido y será siempre una invitación a una vida buena.

Has declarado y escrito que la humanidad en su historia tiende al progreso, y que la civilización moderna es la más vivible, entre otros motivos porque respeta los derechos de las minorías. Estando de acuerdo con esta impresión, quería plantearte, sin embargo, la existencia de algunos elementos de regresión moral, cultural e intelectual que estamos viviendo en el siglo XXI, hasta el punto de que algunos han podido hablar de neomedievalismo: me refiero a fenómenos como el auge de los fundamentalismos religiosos (tanto en Oriente como en Occidente) o el mantenimiento de formas de pensamiento mágico (creencia en los videntes, en la homeopatía, en los fenómenos paranormales, en el creacionismo). ¿Hasta qué punto este neomedievalismo, si es que compartes que existe, afecta a tu convicción de que vivimos en el mejor de los mundos que han existido en la historia?

Que los fundamentalismos en Occidente están en retirada, es algo que no necesita prueba adicional: basta comparar el estado actual de las sociedades y estas mismas sociedades hace 50, 100 o 300 años. El sano relativismo, el multiculturalismo, el historicismo, el pluralismo cultural se impone por todos los sitios.

El pensamiento mágico también declina. Si comparásemos el número de quienes creen hoy en España que el mundo fue creado literalmente en seis días (cuando incluso la noción mismo de día, antes de crearse el sol, carece de sentido) con el número de creyentes en ese relato bíblico hace 50, 100 o 200 años, se haría evidente la tendencia.

Hay aspectos de ese pensamiento mágico que quizá no deberíamos rechazar del todo en nombre del racionalismo: una aproximación no tan técnica a la naturaleza y al hombre, una forma no guiada por el instinto de dominación y explotación, sino promover una relación más orgánica, empática, meditativa, lo que quizá un racionalismo dogmático llamaría irracionalismo. Sobre esto escribió páginas muy convincentes Scheler en Esencia y formas de la simpatía (1923), un libro que recomiendo mucho.

Ninguna época es perfecta, la nuestra tampoco, y quedan todavía muchas cosas que refinar, mejorar y reformar. Por otra parte, tampoco profeso culto a la diosa Razón, como hiciera Auguste Comte. Como escribiera Goya en un grabado, la razón a veces produce monstruos. Y, para terminar, sé que el cliché hace de la Edad Media una época oscura de la Historia, pero también en este punto hemos de ir más allá del cliché. Los griegos cultivaron el irracionalismo dionisíaco –léase las Bacantes de Eurípides, por ejemplo‒ y la religión mistérica y oracular conoció amplísimo desarrollo. En cambio, cuando uno lee, por ejemplo, la monografía clásica La filosofía en la Edad Media de Étienne Gilson, uno se asombra del exceso de racionalismo, casi asfixiante, de la filosofía en este periodo por parte de filósofos, dialécticos y lógicos, desde Pedro Abelardo hasta Duns Escoto y Guillermo de Ockam, pasando por ese monumento al racionalismo premoderno que es la escolástica.

Ocurre, eso sí, que griegos, latinos y medievales se desenvuelven en un universo, la cosmovisión antigua, que no es la nuestra, porque ha sido sustituida de modo irreversible por la subjetividad moderna.

Aunque sea por curiosidad personal, quería pedirte disculpas por formularte la pregunta que es, a la vez, la más profunda y la más tonta que se puede plantear a un filósofo. ¿Crees que el ser humano está dotado de alma y que es, en consecuencia, la combinación de alma y de cuerpo?

Si no compartimos el dictum reductor de Feuerbach, que escribió aquello de “somos lo que comemos”, y admitimos en consecuencia la existencia de otro plano no “digestivo” en la condición humana, psicológico, mental, anímico o espiritual, que trasciende el “grosero materialismo”, hemos de usar alguna palabra que designar ese otro centro humano donde reside la libertad, la creatividad, la moralidad, el pensamiento o el lenguaje.

Platón, por influjo del pitagorismo, impuso el dualismo alma-cuerpo que se ha perpetuado en Occidente, incluso durante el periodo cristiano, en paralelo a su dualismo metafísico basado en el par fenómeno-Idea.

En cambio, la tradición judía fue monista y se resistió a distinguir entre dos polos antitéticos. De ahí que, cuando una y otra tradición pensaron la supervivencia post-mortem, lo hicieron de forma diferente: los griegos como inmortalidad del alma, la cual se libera del cuerpo-tumba (soma sema), mientras que los judíos como resurrección de la carne, que incluye el cuerpo en la bienaventuranza.

Hoy nadie piensa a la griega, salvo de forma pragmática, por hacerse entender, como cuando nos referimos a Occidente o a Oriente sabiendo que no existe tal cosa. No creo que nadie en el ámbito del pensamiento use seriamente, con la intención de designar una instancia realmente existente, la pareja de conceptos alma-cuerpo. Es demasiado evidente la unidad psicosomática de la condición humana. Yo desde luego no lo uso, salvo en esa forma funcional. Y en el microensayo “Lo quiero todo”, con intención humorística, sustituyo el par cuerpo y alma por el de cuerpo y arma.

Para terminar, quiero preguntarte sobre otra dicotomía: entre el filósofo comprometido y el filósofo especulativo. En varias ocasiones, y sobre todo en tu artículo “Escurrir el bulto” (que ha suscitado bastante polémica), te has decantado en contra de una excesiva implicación del filósofo en las reivindicaciones socio-políticas. Postulas que el filósofo debe dedicar sus energías intelectuales al tratamiento de problemas genéricos y universales, y no tanto a la casuística de la arena política. Además, en el artículo individualizas la cuestión espinosa del aborto, sobre la que declinas pronunciarte.

Sin embargo, es indudable que los filósofos han contribuido sustancialmente al progreso moral de la Humanidad y a la reivindicación de derechos cívicos: estoy pensando, a bote pronto, en la postura de Séneca en contra de la esclavitud; a la lucha de Cicerón, Pico della Mirandola y Kant por los derechos y dignidad del hombre; a la reivindicación de Marx de los derechos de los obreros frente a la explotación del capital; al posicionamiento feminista de Mary Wollstonecraft o Simone de Beauvoir; y a la defensa de los derechos de los animales por parte de Plutarco, Porfirio y Peter Singer (Laguna Mariscal 2011). ¿No temes ser acusado de filósofo “de salón”, rendido al capital y al sistema, al intentar substraerte al tratamiento filosófico de la causas “políticas”, en suma al evitar “mojarte”?

Conviene distinguir entre el ciudadano y el filósofo. Un filósofo es ‒me gusta presentarlo así‒ un “especialista en ideas generales” y haría bien en mantenerse siempre en ese plano de generalidad cuando se presenta ante la sociedad como tal filósofo. Porque una cosa es ser especialista “en el todo” (en la totalidad del ser, del mundo, del sentido), que constituye la especialidad del filósofo, y otra muy distinta pretender ser especialista de todo, que es lo propio del charlista, el sabelotodo, el vendedor de crecepelos y el contertulio. De ahí que me resista siempre a dar mi opinión sobre la diversidad de temas que se me plantean sólo porque he escrito libros de filosofía.

Me complace enormemente cuando, para sorpresa del entrevistador, contesto a una pregunta: “Lo siento. Sobre esto no tengo opinión formada”. Le parece insólito y pone cara de incredulidad como diciendo: “¿No tiene opinión formada? ¿Y desde cuándo eso ha impedido a la gente decir algo, incluso perorar extensamente? Que la ignorancia no sea obstáculo para emitir toda clase de juicios”.

El reino del filósofo es el largo, larguísimo plazo: debe ser el fundador de palabras y significados que tomen en préstamo las generaciones futuras para comunicarse y entenderse a sí mismas. He aquí una responsabilidad altísima, una misión civilizatoria de primer orden y una manera decisiva de comprometerte con tu cultura y tu sociedad.

Además, desde un punto de vista estadístico, sobra el número de quienes desean expresarse sobre mil asuntos de actualidad, y en cambio, escasean quienes se comprometen no con la actualidad sino con la realidad y se mantienen fieles a un proyecto literario a largo plazo.

Ahora bien, el filósofo es también ciudadano. Y como ciudadano puede y a veces debe emitir juicios, promover causas dignas, aliarse con grupos para forzar cambios sociales o reformas institucionales. Pero entonces no lo hace en cuanto filósofo sino en cuanto ciudadano más o menos ilustrado. De todos los nombres citados en la pregunta, sólo uno es filósofo en estado puro (Singer me parece un híbrido) y sus escritos supuestamente ocasionales, como “¿Qué es la Ilustración?”, todavía hoy se leen con muchísimo provecho. El filósofo debe aspirar a hacer algo perdurable, no sólo añadir espuma a la ola de la actualidad.

Tetralogía de la ejemplarid

Así acaba nuestra entrevista, que ha confirmado la impresión que el entrevistador tenía de Javier Gomá como de un filósofo honesto y cortés. Honesto, porque, aunque se disienta de alguno de sus postulados (ese crédito otorgado a cierto irracionalismo; esa defensa “razonable” de una mortalidad prorrogada), no se le puede negar la coherencia intelectual de su sistema y también su compromiso con la sociedad.

Hablando de coherencia, Gomá sostiene que la filosofía no es una ciencia racional, sino un arte, hermano de la literatura y de la poesía. Ortega afirmó que la claridad es la cortesía del filósofo: doy fe de que Javier es un filósofo muy cortés, no solo por la claridad de su estilo escrito y oral, sino también por la deferencia que ha mostrado al conceder esta entrevista a una incipiente y (todavía) indocumentada revista como es Littera Aperta. Quede constancia aquí de mi sincero agradecimiento y de mi ofrecimiento de amistad, a manera de humilde y asimétrica retribución por su bonhomía y generosidad.

Obras citadas

De Ramón, Juan Claudio. Entrevista: “Javier Gomá: «En la cultura moderna no tenemos un lugar para pensar y sentir lo sublime»”. Jot Down. Contemporary culture mag. Marzo 2014.

Gilson, Étienne. La filosofía en la Edad Media. Madrid: Gredos, 2007.

Gomá Lanzón, Javier. Imitación y experiencia. Valencia: Pre-Textos, 2003.

---. Aquiles en el gineceo, o aprender a ser mortal. Valencia: Pre-Textos, 2007.

---. Ejemplaridad pública. Barcelona: Taurus, 2009.

---. “Lo quiero todo”. El País. 29-enero-2011.

---. “La verdad del mito”. El País. 2-abril-2011.

---. “La gran piñata”. El País. 30-diciembre-2011.

---. Todo a mil: 33 microensayos de filosofía mundana. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2012.

---. Necesario pero imposible, o ¿qué podemos esperar? Madrid: Taurus, 2013.

---. “Entrevista digital: Los lectores preguntan a Javier Gomá Lanzón”. El País. 10-abril-2013.

---. “Ejemplaridad transversal: del héroe al concepto”. La Vanguardia. 16- octubre-2013.

---. Razón: portería. Barcelona: Galaxia Gutemberg, 2014.

---. Tetralogía de la ejemplaridad. Madrid: Taurus, 2014.

---. “Filosofía como literatura conceptual”. El País. Babelia. 3-enero-2015.

Kant, Immanuel. ¿Qué es la Ilustración? y otros escritos de ética, política y filosofía de la historia. Madrid: Alianza Editorial, 2004.

Laguna Mariscal, Gabriel. “El vegetarianismo de Plutarco y su proyección en la cultura moderna: la canción "Sarcofagia" de Franco Battiato”, en Germán Santana Henríquez (ed.), Plutarco y las Artes: XI Simposio Intenacional de las Sociedad Española de Plutarquistas. Madrid: Ediciones Clásicas, 2013, 411-420.

Nestle, Wilhelm. Vom Mythos zum Logos. Die Selbstentfaltung des griechischen Denkens von Homer bis auf die Sophistik und Sokrates. Stuttgart: Kröner, 1940.

Ruiz Mantilla, Jesús. Entrevista: “Javier Gomá: «Nuestra época es la mejor de la historia universal»”. El País Semanal. 23-enero-2015.

Scheler, Max. Esencias y formas de la simpatía. Ediciones Sígueme: Salamanca, 2005.

Copyright del artículo © Gabriel Laguna Mariscal. Publicado previamente en "Littera Aperta. International Journal of Literary and Cultural Studies" con licencia CC 4.0. Se publica en TheCult.es con la misma licencia por cortesía de la Universidad de Córdoba. 

Gabriel Laguna Mariscal

Gabriel Laguna Mariscal. Profesor Titular de Universidad (Filología Latina)

Dpto. Ciencias de la Antigüedad y Edad Media. Facultad de Filosofía y Letras.

Universidad de Córdoba.

Sitio Web: www.uco.es/~ca1lamag/CV.htm

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