Una dedicatoria

José Ramón tiene 46 años y es catedrático de Química en la Universidad de Barcelona. Marcelino tiene 15 y es un prometedor estudiante. Marcelino es hijo de su padre, el catedrático de Matemáticas Menéndez Pintado, que fue alcalde de Santander durante el bienio progresista. Marcelino padre y José Ramón son amigos, pasan los veranos juntos en Castropol. Cuando llega el momento de que Marcelino hijo vaya a la universidad, su padre se decanta por Barcelona y pone el destino de su hijo en manos de su amigo.

José Ramón es soltero. Vive en la pensión de doña Francisqueta, en la calle de la Fuente de San Miguel. Y allí se instalará Marcelino que, décadas después, dirá aquello de “gracias a doña Francisqueta y a Luanco no me convertí en un estudiante desaliñado y ajeno al mundo, como temía mi madre”.

José Ramón de Luanco, catedrático de Química, introductor de la teoría atómica en las enseñanzas universitarias españolas, es, además, un consumado humanista. Buscador incansable de manuscritos alquímicos, comparte con su pupilo esa pasión por los libros raros, los documentos antiguos, las historias peregrinas, los datos insólitos... Dice, una vez más, Marcelino:

“Entre las principales fortunas de mi vida cuento el haber pasado algunos años de mi primera juventud al lado de don José Ramón Luanco, paisano y fraternal amigo de mi padre. En aquel varón excelente no vi más que sanos ejemplos, y aunque he cultivado muy distintos estudios que él, bien puedo llamarme discípulo suyo, puesto que su vasta y sólida cultura se extendía a varios ramos del saber, y muy particularmente a las letras humanas, en que no sólo podía calificársele de aficionado, sino de conocedor muy experto. Él me comunicó su afición a los libros raros, y me hizo penetrar en el campo poco explorado de nuestra bibliografía científica”.

Dice José Rodríguez Mourelo, biógrafo de Luanco, químico con él, que hay un hecho decisivo en la vida del asturiano y es su conocimiento y amistad con Marcelino:

“Muy mozo era cuando conoció a Luanco; más éste, al tratarlo, debió sentir, con el asombro que siempre produce su saber, la sugestión que sobre todos nosotros ejerce aquel tan fino y superior entendimiento, que, sin quererlo él mismo, es soberano maestro de todo trabajo intelectual, del pensar recto para realizarlo, del bien decir para expresarlo”.

1889. José Ramón de Luanco ya tiene 64 años. Su pupilo Marcelino, 31. Marcelino Menéndez Pelayo, que ya se ha transformado en el más destacado historiador de su generación. José Ramón lleva décadas acumulando información sobre la alquimia en España. Y Marcelino le anima a publicarlo. Y así lo hace aquel viejo maestro, impulsado por la pasión arrolladora de su joven pupilo. 1889. De las prensas barcelonesas de Redondo y Xumetra sale el primero de los dos volúmenes de La Alquimia en España, en cuya primera página puede leerse:

“Querido Marcelino: Me dedicaste las primicias de tu ingenio, que es la admiración de cuantos te conocen, y yo te correspondo con las postrimerías del mío, que nunca fue privilegiado. Bien sabes que en este libro doy a luz mis pasatiempos y no un estudio formal y completo de la Alquimia en España; pero tú has querido que se publicasen reunidos los escritos que fueron apareciendo sin enlace y hasta sin orden en la revista titulada Crónica Científica, y no puedo negarme a tu deseo. Queden, pues, estos entretenimientos de mi vida como testimonio del cariño de tu apasionado (firmado) José Ramón”.

Me ha conmovido esta dedicatoria. Sabía de la relación entre Luanco y Menéndez Pelayo pero, reconozco, nunca había leído esta dedicatoria. No, al menos, como la he leído hoy. He escrito unas cuantas dedicatorias en mi vida. Una, al menos, por libro. Sé lo que significa dedicar un escrito tuyo. Sé que, muchas veces, he escrito algo sólo por dedicárselo a una persona concreta. Y, he de decir, me ha conmovido la dedicatoria que le hace Luanco a Menéndez Pelayo porque me he reconocido en todas y cada una de sus palabras. Porque así he escrito yo la dedicatoria de mi último libro.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

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Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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