Crítica: "A Ghost Story" (David Lowery, 2017)

A lo largo de los años, los aficionados al cine han recurrido al término “película Sundance” para referirse a determinadas producciones independientes norteamericanas (estadounidenses y/o canadienses), que generalmente pasan por el célebre festival creado por Robert Redford y que, pese a ser muestras de cine alternativo, suelen compartir ciertos rasgos estéticos y narrativos reconocibles por parte de la cinefilia.

A Ghost Story posee ese tipo de ritmo calmo e imagen fría ‒de espíritu fotográfico‒ que asociamos al cine Sundance. A primera vista, llama la atención el formato 4:3 (con las esquinas curvas) con el que se ha rodado el film, y que acentúa ese tono fotográfico. Más sutil, pero acertada en lo psicológico, es la elección de efectos visuales, que no buscan el espectáculo, sino que intentan pasar desapercibidos. Sirva de ejemplo la combinación de distintas velocidades (imágenes por segundo) que usa David Lowery para retratar a los personajes vivos y muertos.

Todo lo dicho sobre Sundance y las peculiaridades técnicas de A Ghost Story es, básicamente, un advertencia para quienes, fijándose sólo en su título, crean que este film es una de esas hiperactivas películas de sustos de James Wan y compañía, o una comedia al estilo de Scary Movie. Este es un equívoco que uno podría sentir al ver el cartel de la película, que muestra a un fantasma de los de sábana y ojos recortados: ese disfraz de baratillo que todos nos hemos puesto alguna vez.

No, A Ghost Story no es nada de eso. En realidad, es un drama, tan bello como desolador, sobre la pérdida, el olvido y lo frágil de la existencia.

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No es la primera vez que asistimos a una historia de fantasmas vista desde la perspectiva del espectro, pero en esta ocasión el cineasta David Lowery se arriesga al hacer que el difunto sea presencia casi inmóvil, muda y sin ningún tipo de expresión facial (¡no tiene cara visible!). Una imagen triste y desamparada dentro de un film de tranquila crueldad, y una astuta herramienta para que el espectador se vea forzado a poner parte de sus propias emociones en la pantalla. Una suerte de variación del efecto Kuleshov.

Al ver lo que plantea el primer acto de A Ghost Story, parece que no va a suceder gran cosa durante la película, a causa de la parsimonia y la sencillez de la trama. Sin embargo, Lowery nos sumerge en la percepción del tiempo que tiene el fantasma protagonista (Casey Affleck, especializado en cine deprimente), captando el interés del espectador y sorprendiendo en más de una ocasión con saltos temporales. Una experiencia realmente estimulante.

O no.

Quizá nos encontremos ante una película falsamente profunda. Un tedio. Una obra pretenciosa. Todas esas cosas que se dicen desde el invento del cinematógrafo de cada film que intenta hacer algo diferente de lo acostumbrado, porque… ¿quién decide si algo es profundo o no? Pues el propio espectador, claro. Aunque ante películas de este tipo, siempre ayuda ser ancho de miras.

Es recomendable acercarse a A Ghost Story con actitud abierta. Así pues, dejen atrás los prejuicios. No esperen encontrarse con el mayor desvarío hipster jamás visto ni con una obra maestra del fantástico. Hay que relajarse, que de aquí a cien años, todos calvos (Esa es la moraleja de la película).

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Sinopsis

David Lowery (En un lugar sin ley, Peter y el dragón) regresa a la gran pantalla con A Ghost Story, una curiosa historia en torno al legado, la pérdida, y la necesidad esencial de todo ser humano de encontrar un significado y una conexión. El fantasma vestido con una sábana blanca (el oscarizado Casey Affleck) de un hombre fallecido recientemente regresa a su casa para consolar a su esposa (Rooney Mara, nominada por la Academia), pero descubre que en su nuevo estado espectral ya no pertenece a un tiempo concreto y solo le queda observar con total pasividad cómo se le escapan lentamente la vida que conocía y la mujer que ama. Cada vez más perdido, el fantasma se embarca en un viaje cósmico a través de los recuerdos y la historia, enfrentándose a las eternas preguntas de la vida y a la inmensidad de la existencia. A Ghost Story es una inolvidable reflexión acerca del amor y del dolor a través de una visión surrealista, una experiencia única que permanece mucho después de que se encienden las luces.

Meses antes de fascinar al público de todo el mundo con el aclamado remake de Peter y el dragón, en el verano de 2016 el guionista y realizador David Lowery ya estaba sumido en su nuevo proyecto, una película independiente de fantasmas que transcurre en su Texas natal protagonizada por las dos estrellas de la película que le catapultó a la fama, En un lugar sin ley. Al igual que Peter y el dragón, su cuarto largometraje explora el mito y la fantasía, alcanzando una gran profundidad emocional a través de la necesidad universal de amor y de comunicación, incluso después de la muerte.

A Ghost Story sitúa a David Lowery entre los pocos cineastas que se sienten igual de cómodos en grandes producciones o en proyectos independientes más intimistas. La película, además de ser una poética reflexión en torno al tiempo y los lazos de unión, plantea la pregunta de si nuestros actos en la vida tienen un sentido más amplio. En A Ghost Story, el peso de la existencia aterra tanto a los vivos como a los muertos, penetrando en todas partes, desde los movimientos fantasmales de Casey Affleck bajo su sábana blanca, hasta el monólogo de Will Oldham, un colaborador habitual del cineasta, pasando por los largos planos secuencia inspirados en realizadores europeos y asiáticos. El tiempo no se detiene para nadie, y cuanto antes lo aceptemos, antes se romperá el círculo. "Llega un momento en que debemos dejarlo", explica David Lowery. "No tenemos elección. Lo más difícil es aceptar que no tenemos opciones, y gran parte de esta película trata de eso".

De hecho, el cineasta se sintió atraído inicialmente por el cine porque le permitía jugar con el tiempo; podía conservarlo, extenderlo, volver atrás, incluso entrar en el futuro, algo que hace en A Ghost Story. "A menudo me aterra pensar en lo rápido que pasan los años", dice. "Esta película intenta enfrentarse al paso del tiempo, pero el tiempo seguirá adelante me guste o no, y llegará el momento en que todo por lo que me esforcé o lo que conseguí no significará nada". David Lowery sugiere que todos acabamos siendo fantasmas; mediante ciertas acciones y reflexiones aprendemos a superar la oscura noche del alma.

A Ghost Story también es una fuerte reflexión sobre el amor y los vínculos. El protagonista de la película añora a su compañera por muchos años que transcurran y busca algún significado en su eterna soledad. "En el fondo soy un romántico", añade el director. "No empiezo contando una historia de amor, pero acaba apareciendo. En parte se debe a la increíble química que existe entre Casey y Rooney, una química que incluso existe cuando no están juntos. Basta con plantar la semilla, verles juntos, como hicimos en mi anterior largometraje, En un lugar sin ley, y la película se convierte en una gran historia de amor. No intento decir que una conexión puede trascender el espacio y el tiempo, no creo que sea así. Pero sí creo que hay vínculos con ciertas personas que nos ayudan a superar crisis vitales que a menudo se convierten en miasmas de desesperación".

David Lowery concibió A Ghost Story en diciembre de 2015 después de una discusión con su mujer acerca de si debían mudarse a Los Ángeles para poder dirigir más películas comerciales como Peter y el dragón, o quedarse en Texas, donde el inmenso paisaje inspiró sus primeras películas, St. Nick y En un lugar sin ley. "Fue uno de los mayores desacuerdos que hemos tenido", recuerda el director. "Por el dramatismo, parecía la escena de una película".

Durante los siguientes meses empezaron a aparecer otras ideas y a mezclarse con algunas de sus obsesiones, entre ellas el tiempo y su papel en los espacios físicos que nos rodean, así como los umbrales y pasillos interiores que a menudo aparecen en sus películas. Ben Foster, que trabajó en En un lugar sin ley, dijo una vez en una entrevista que a David Lowery le interesaba más la puerta que la persona que la cruzaba. El guionista y director no lo niega: "Puedo quedarme horas mirando una puerta abierta".

Asimismo, siempre le han preocupado los fantasmas, sobre todo la imagen del espíritu bajo una sábana blanca persiguiendo a una persona. "Hace años que quiero contar una historia de fantasmas tradicional", reconoce. "Me encanta la imagen clásica del fantasma con sábana blanca. Cualquiera, da igual de qué parte del mundo sea, los conoce". Durante años, el cineasta ha visto esta imagen volver una y otra vez en fotos y videoclips o en la película Finisterrae, de Sergio Caballero, donde dos fantasmas con sábanas blancas recorren el Camino de Santiago. También recuerda la inolvidable escena de Halloween cuando Michael Myers se esconde bajo una sábana antes de lanzarse a matar a todo el mundo. "Si un tipo con una máscara se coloca una sábana encima, es aún más aterrador", dice.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Sailor Bear, Zero Trans Fat Productions, Ideaman Studios, Scared Sheetless, Universal Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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