Cómo escribir (y cómo leer) más

Cómo escribir (y cómo leer) más Imagen superior: ilustración de N.C. Wyeth.

Stephen King continúa con el asunto de  la relación entre leer y escribir y dice:

“Yo nunca salgo sin un libro, y encuentro toda clase de oportunidades para enfrascarme en él. El truco es aprender a leer a tragos cortos, no sólo a largos. Es evidente que las salas de espera son puntos ideales, pero no despreciemos el foyer de un teatro antes de la función, las filas aburridas para pagar en caja, ni el clásico de los clásicos: el váter. Gracias a la revolución de los audiolibros, se puede leer hasta conduciendo…”

Después continúa con el tema:

“La gente bien considera de mala educación leer en la mesa, pero si aspiras a tener éxito como escritor, deberías poner los modales en el penúltimo escalón de las prioridades. El último debería ocuparlo la gente bien y sus expectativas. ¿Dónde más leer? En la cinta de correr…”

Pero la clave del asunto es probablemente otra:

“La verdad es que la tele es lo que menos falta le hace a un aspirante a escritor… Tienes que estar dispuesto a replegarte a conciencia en la imaginación y me parece que no es muy compatible con los presentadores de los talk-shows de moda; leer toma su tiempo y el pezón de cristal te roba demasiado. Una vez destetada del ansia efímera de la tele, la mayoría descubrirá que leer significa pasar un buen rato. He aquí una sugerencia: la desconexión de la caja-loro es una buena manera de mejorar la calidad de vida, no sólo la de la escritura”.

Me parecen muy buenos consejos. Cuando a mí me preguntan que de dónde saco tiempo para hacer las cosas lo primero que digo es que no veo la tele. No ver la tele significa dos horas libres como mínimo cada día, que suelen ser las horas mejores para hacer algo interesante.

Además de no ver la tele: viajo en metro, tren y autobús, lugares perfectos para leer o tomar notas. Pero estoy sobre todo de acuerdo con lo que dice King acerca de mejorar la calidad de vida si no ves la tele, sobre todo la tele española, que está llena de gente insultándose unos a otros y contando cotilleos. Ver eso, quieras o no, afecta a su vida, no solo por la pérdida tempo para hacer otras cosas, porque somos lo que comemos, también intelectualmente.

Por otra parte, creo que los más esclavos de la televisión suelen ser sus mayores detractores: parecen siempre irritados por lo mal que está el país, por lo estúpido que es todo el mundo y lo horrible que es la televisión, pero quizá deberían mirar hacia otro lado si quieren ver algo mejor, y no hacia la pantalla de la tele.

Comentario en 2017: todos estos consejos siguen siendo buenos y catorce años después la televisión sigue como antes, o peor, puesto que ahora los programas del corazón ya no son solo de famosos que lo son por salir en televisión, sino de política. En su momento, se me olvidó señalar que también hago lo que dice King de llevar siempre un libro encima. Durante años llevaba libros incluso a las discotecas, en especial Aurelia y Noches de octubre de Gerard de Nerval, y de vez en cuando leía allí mismo, buscando un lugar con algo de luz. También leía entonces por la calle, sin dejar de caminar, una costumbre que al parecer también tenía mi padre, lo que le hizo en alguna ocasión estar a punto de ser atropellado al cruzar la calle. Ahora escucho libros continuamente gracias al móvil, e incluso en la piscina con auriculares sumergibles. Y por supuesto, cuando voy a comer solo, suelo leer un libro, ahora también con el móvil (que no uso como teléfono apenas, pero sí como almacén de libros en texto y en audio), o para tomar notas y apuntar ideas.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

Daniel Tubau

Nacido en algún lugar de Barcelona en algún momento del siglo XX, Daniel Tubau ha trabajado como guionista, director de televisión, profesor de narrativa audiovisual en lugares como la Universidad Carlos III, la Juan Carlos I, la Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid (ECAM), y muchas otras. También ha trabajado en productoras como Globo Media y ha escrito guiones o dirigido muchos programas y series de televisión.

En su juventud, Daniel Tubau escribió algunos libros extravagantes, como La espada mágica, uno de los primeros libros hipertextuales, Deep Purple, que tiene el mérito de haber sido escrito por alguien al que no le gustaba demasiado el rock duro, o diversos cuentos de terror en la Biblioteca Universal del Misterio y Terror.

Tras su fracaso como escritor precoz, Daniel Tubau se lo pensó durante un tiempo hasta que publicó de nuevo, dedicándose a su profesión de guionista y director, o periodista en El independiente. Finalmente, ya en el siglo XXI, Tubau empezó a publicar cuentos, ensayos y novelas, como Las paradojas del guionista, editado en Alba editorial, que es un perfecto complemento de El guión del siglo 21; o La verdadera historia de las sociedades secretas, Recuerdos de la era analógica (una antología del futuro), Elogio de la infidelidad, ambos en la editorial Evohé, o Nada es lo que es: el problema de la indentidad, en la editorial Devenir, un ensayo que ganó el Premio Ciudad de Valencia en 2009.

Asimismo, es autor de No tan elemental. Cómo ser Sherlock Holmes (Ariel, 2015) y El espectador es el protagonista (Alba, 2015).

Sitio Web: wordpress.danieltubau.com/

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