Science Fake News

Vivimos en la era de las fake news, las noticias falsas, la posverdad. Es preocupante cuando se trata de información sobre temas políticos o sociales… aunque podría entenderse, porque en tales asuntos las interpretaciones, los sesgos y la ideología son prácticamente inseparables de lo que nos gusta llamar “los hechos”. Los hechos sociales, inevitablemente, se construyen.

Pero preocupa aún más cuando se trata de temas relacionados con las ciencias naturales. No porque éstas sean esencialmente distintas o mejores. Los hechos científicos también se construyen, pero estamos acostumbrados a que vengan, de origen, avalados por un proceso de control de calidad extremadamente riguroso, que minimiza –aunque no elimina– la posibilidad de que se cuelen datos falsos, o de que la ideología predomine sobre la evidencia.

Esto es posible porque el proceso social mediante el que se construye el conocimiento científico, resultado del trabajo de una comunidad mundial de expertos que tienen una formación especializada y que siguen un conjunto de reglas y estándares, hace posible que se generen consensos muy sólidos. A diferencia de lo que ocurre en las ciencias sociales, las humanidades o el arte, las ciencias naturales logran, en un tiempo relativamente breve, una aceptación casi unánime del conocimiento que generan.

Cualquier libro de química mexicano dice básicamente lo mismo que uno ruso, chino o chileno. No hay “escuelas” o marcos teóricos alternativos para los conceptos que forman el esqueleto básico de estas ciencias (aunque sí hay mucha discusión, claro, respecto al conocimiento que está en proceso de construcción en sus fronteras).

Es por eso por lo que perturba tanto ver que aparezcan, en medios noticiosos reconocidos y profesionales, noticias científicas basadas en conceptos absurdos o francamente ridículos.

Un ejemplo –de muchísimos que ocurren con cierta frecuencia prácticamente en cualquier medio– se presentó el 4 de enero de 2017, cuando la agencia Notimex difundió una nota, que luego reprodujeron diarios como Excélsior o Publimetro, y sitios web como UnoTV, además de numerosos blogs.

En ellos se afirmaba que el misterioso planeta Nibiru ¡podría destruir la Tierra!
Desde su primera frase, el texto era como una condena a muerte: “Nibiru es el nombre de la amenaza que destruirá en octubre de este 2017 a la Tierra”. Pero lo que seguía era peor: “Nibiru es un planeta misterioso, azul y también gigante, uno de los siete que orbitan al Planeta X, en realidad un sistema solar. La fuerza de gravitación del planeta será la que destruya a la Tierra, y si los científicos no han detectado ese peligro es por la aproximación oblicua con que se acerca a la Tierra. El supuesto incremento de la actividad sísmica y de tormentas es una de las pruebas que se esgrime para demostrar la aproximación de esa masa destructiva.”

Olvídese usted de la pésima redacción y de lo incoherente de la información, que hace que el texto prácticamente carezca de sentido. Se trata de una más de las muchas teorías de conspiración que desde hace años circulan por ahí: la idea de que hay, efectivamente, un “planeta misterioso” que por alguna razón los astrónomos jamás han detectado, pero que al mismo tiempo “se sabe” que tiene una órbita que “se cruza” con la de la Tierra y que, debido a ello, la destruirá. Sobra decir que tal idea carece de toda base científica y que ha sido refutada, una y otra vez, por los expertos. ¡Basta consultar Google!
Sólo hasta el cuarto párrafo se intuye que la nota –que no venía firmada– en realidad pretendía ser una crítica a un reportaje publicado por el diario sensacionalista inglés The Sun, y que comentaba detalles como que la catástrofe de Nibiru se ha predicho, obviamente de manera infructuosa, en numerosas ocasiones.

La pregunta es inevitable: ¿entonces, por qué publicar esta nota? Y peor, ¿por qué hacerlo de una manera tan confusa que hace pensar al lector que se le está informando de un hecho real, y no comentando una teoría ridícula?
Las preguntas podrían continuar: ¿por qué la agencia noticiosa del estado mexicano difunde notas tan poco profesionales? ¿Por qué tantos medios que supuestamente sí lo son la retomaron casi literalmente? (Mención aparte merece Milenio Diario, que al menos la contextualizó como lo que era, y enfatizó desde el titular el carácter ficticio de la supuesta “noticia”.)

Independientemente de que la nota circuló a principios de año, época especialmente árida en cuanto a noticias, una de las causas de que ocurran cosas como ésta es que falta un buen control de calidad en la información científica (o supuestamente científica) que se publica en los medios noticiosos nacionales. Esto a su vez es debido, sin duda, a la escasez de periodistas científicos –editores, reporteros, columnistas– preparados profesionalmente y con experiencia. Además, por supuesto, de la falta de interés de los medios por contratarlos… y por pagar adecuadamente su trabajo. (Problema aparte es la casi nula exigencia de calidad informativa por parte de nuestros públicos, tan acostumbrados a la información chatarra. Aunque en lo personal creo que la labor de crear públicos cada vez mejor educados y por tanto más exigentes recae en nosotros, los comunicadores.)

No sé cómo, pero urge mejorar la calidad de la ciencia que se publica en los medios. De otro modo, pronto ya no seremos capaces de distinguir las fake news de los temas realmente importantes.

Aclaración: Por un error por completo atribuible a este autor, en la versión de este texto publicado en Milenio Diario mencioné que la nota de Notimex había también sido reproducida por el diario El Universal y por el sitio web Aristegui Noticias. No fue así.

Copyright del artículo © Martín Bonfil Olivera. Publicado previamente en "La Ciencia por Gusto" y reproducido en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Martín Bonfil Olivera

Martín Bonfil Olivera, mexicano, es químico farmacéutico biólogo y estudió la maestría en enseñanza e historia de la biología de la Facultad de Ciencias, ambas en la UNAM.

Desde 1990 se ha dedicado a la divulgación de la ciencia por escrito. Colaboró en los proyectos del museo de ciencias Universum y el Museo de la Luz, de la UNAM. Es autor de varios libros de divulgación científica y hasta 2008 fue editor de libros y del boletín El muégano divulgador.

Ha sido  profesor de la Facultad de Ciencias de la UNAM y la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Ha colaborado regularmente en varias revistas (Milenio, Cambio, Los universitarios) y periódicos (La Jornada, Crónica, Reforma). Actualmente escribe la columna semanal “La ciencia por gusto”, que aparece los miércoles en Milenio Diario (puede consultarse en el blog La Ciencia por Gusto), además de escribir mensualmente la columna “Ojo de mosca” para la revista ¿Cómo ves?

Ha colaborado también en el canal ForoTV y en los programas de radio Imagen en la Ciencia e Imagen Informativa, de Grupo Imagen, Hoy por hoy, de W Radio, y actualmente Ecléctico, en la estación de radio por internet Código Radio, del gobierno del DF, con cápsulas de ciencia.

En 2004 publicó el libro La ciencia por gusto, una invitación a la cultura científica (Paidós). Desde 2013 es miembro del comité editorial de la revista de divulgación científica Hypatia, del Consejo de Ciencia y Tecnología del Estado de Morelos (CCyTEM).

En 2005 recibió la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Creación Artística y Extensión de la Cultura. Ha impartido numerosos cursos de divulgación escrita en casi todos los Estados de la República Mexicana.

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