Crítica: "Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca" (Bonni Cohen y Jon Shenk, 2017)

Escribo estas líneas en pleno rifirrafe sobre el referéndum catalán. Uno no puede evitar meterse en Internet o encender la televisión sin asistir a debates y riñas sobre la posible independencia de Cataluña. Curiosamente, a nadie parece preocuparle que la temperatura media en ese territorio haya aumentado 1,55 grados desde 1950, y que vaya a crecer otro tanto en los próximos treinta años, un periodo en el que ‒según las proyecciones más dramáticas‒ se dispondrá de un 18% menos de recursos hídricos en las áreas del interior de la región. Si a ello le sumamos una rápida y constante erosión en las playas y en los deltas, ya pueden imaginarse lo que nos espera, tanto en esa comunidad como en el resto de España y del mundo. Pero como ya ven, una cuestión tan grave como ésta queda enterrada bajo el peso de las noticias políticas, de una trascendencia mucho más limitada, aunque a veces no lo parezca.

Hoy, 2 de octubre, se registra en Madrid una temperatura de 28ºC, y ya ni recuerdo la última lluvia. En la capital es verano desde primeros de mayo y la contaminación se ha disparado, pero no veo que todo eso resulte alarmante para nadie. Incluso hay quien se alegra del calor (gente de ciudad, básicamente), por aquello de que así hay más oportunidades para estar en las “terracitas”.

Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca (Bonni Cohen y Jon Shenk, 2017) es una secuela de Una verdad incómoda, el célebre documental sobre el cambio climático dirigido por Davis Guggenheim en 2006, y protagonizado por el ex-vicepresidente (y casi presidente) estadounidense Al Gore, el más importante portavoz y activista de la lucha contra la parte del calentamiento global que originamos los seres humanos.

Hace una década, Al Gore estaba en boca de todos por su activismo: el documental ganó dos premios Oscar, que fueron inmediatamente acompañados por un Premio Príncipe de Asturias y por el Premio Nobel de la Paz en 2007.

¿Qué queda hoy de todo aquello? Está claro que impacto humano sobre el clima no ha mejorado en los últimos 10 años, sino que ha ido a peor. ¿Sirvió de algo la campaña que entonces se emprendió?

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Al Gore reflexiona sobre ello en este nuevo documental, desde el punto de vista técnico y personal. Visita varios lugares del mundo en los que el cambio climático es algo obvio e indiscutible (ante la evidencia, el negacionismo casi ha desaparecido), y también habla con científicos que le muestran cómo se derriten los glaciares polares, y con otros que le enseñan a dónde va ese agua: a las calles inundadas de Miami.

Por otro lado, el documental también nos hace un retrato “desde dentro” de la complicada Cumbre del Clima de París de 2016, incluyendo las dificultades para convencer a la India, cuyas reticencias forman parte del film. Ese segmento acaba de manera optimista, ya que la cumbre fue un éxito, pero a continuación, se nos muestra a Trump y sus secuaces diciendo que van a echar abajo lo acordado.

En todo caso, el documental pasa del aparente pesimismo al optimismo, sobre todo cuando hace un repaso sobre inversiones en energías renovables que han funcionado mejor de lo esperado (especialmente divertido resulta el caso de ese alcalde de Texas, republicano, entusiasta de estas energías) o cuando anima al espectador a formar parte de su proyecto de “apóstoles”: voluntarios que explican cómo combatir el cambio climático mediante charlas divulgativas.

Como suele ocurrir, Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca sólo convencerá a los ya convencidos, y los negacionistas más intransigentes seguirán diciendo eso de “el calentamiento global es sólo una fase”, como esos padres que no quieren admitir que sus hijos sean gais.

En todo caso, resulta inspirador ver a alguien como Al Gore, que ya lleva cuatro décadas dándolo todo para luchar por el medio ambiente.

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Sinopsis

En 2006, año en el que el vicepresidente Al Gore se convertía en el centro de atención de la película galardonada con el Oscar de la Academia Una verdad incómoda, tenía que decidir qué hacer con su vida, después de haber llegado a la proverbial encrucijada: trazar un nuevo camino después de la agotadora y controvertida elección presidencial que tuvo lugar en el año 2000, y que dio lugar a una decisión del Tribunal Supremo sin precedentes. Acosado por la necesidad de seguir adelante de una manera que tuviera sentido, Gore abandonó la escena política y siguió sus instintos y su corazón, lo que le hizo adentrarse en territorio ignoto. Se consagró en cuerpo y alma, dando todo lo que tenía, toda su energía, intelecto, impulso y voz, a una descomunal y abrumadora misión cuya llama ardía en su interior desde hacía mucho tiempo: enfrentarse a la cada vez más alarmante perspectiva de una crisis climática mundial que pudiera, literalmente, amenazar al futuro de la civilización humana.

En aquel momento, la propia crisis climática estaba en una encrucijada. Se estaba creando un consenso científico sobre cuáles serían los costes humanos, económicos y planetarios del cambio climático si nadie hacía un esfuerzo, por mínimo que fuese, para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por el hombre. El público estaba empezando a tener conocimiento del gran alcance de la amenaza, y la industria de los combustibles fósiles estaba ofreciendo una seria resistencia.

Pero eso ya es pasado. Y en los 10 años que han transcurrido desde entonces se han producido muchos cambios.

La emotiva historia de lo mucho que se ha avanzado en la lucha contra el cambio climático, y de los motivos por los que Gore afirma en la actualidad que la inercia es imparable, forma el núcleo de Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca. La película parte en una nueva dirección, para convertirse en una visión desde dentro del cambio positivo que se está produciendo, al exponer cómo se ha enfrentado Gore a fuerzas implacables y de qué modo ha capeado decepciones, para acabar recuperándose y llenando de energía a una oleada de personas dispuestas a hacer lo que sea necesario para que una de las más trascendentales misiones de nuestro tiempo llegue a buen puerto.

Las profundas transformaciones que se han producido desde 2006 han tenido lugar tanto en el plano personal como en ámbitos globales. Gore se ha convertido en una figura que ha trascendido a la política como ninguna otra, que promueve ideas que van más allá de cualquier partido y de cualquier cargo; Una verdad muy incómoda: Ahora o nunca, junto con otros medios de comunicación, ha logrado que el cambio climático quede imbricado en el propio tejido de la cultura actual; y cuando se trata de detener la implacable subida de las temperaturas, se presentan grandes conceptos en el horizonte. Está surgiendo a un ritmo sin precedentes una economía con una reducida huella de carbono, impulsada por tecnologías innovadoras y unas crecientes ventajas económicas. De hecho, en 2016 se alcanzó el punto máximo de la historia en inversiones en energía renovable en todo el mundo.

Cuando la desesperanza amenazaba con imponerse, han empezado a sucederse las acciones correctivas. El revolucionario Acuerdo de París de 2015 ha unido al mundo en la tarea de abordar la reducción de los gases de efecto invernadero. Los países en vías de desarrollo han soslayado las viejas redes energéticas ineficientes y los combustibles a base de carbón, y han abrazado las alternativas sostenibles. Lo que resulta aún más elocuente, Gore ha dejado de ser la voz aislada que hace un esfuerzo sobrehumano para captar la atención, y ahora es la voz más alta y más clara en una sinfonía de voces crecientes, de todas las naciones, de todos los ámbitos sociales y de todas las ideologías políticas, determinadas a llevar a cabo profundos cambios en un tiempo récord.

Todo esto queda reflejado en una película rodada con un emocionante estilo de "cine directo", que echa abajo el muro existente entre el público y el tema abordado. Las cámaras siguen a Gore en una odisea a través de Groenlandia, India, Europa, Asia y por todo Estados Unidos, mientras siguen sus pasos por los pasillos del poder y las trincheras donde se encuentran los supervivientes, científicos, líderes inesperados y personas normales que han sentido la llamada para realizar acciones excepcionales, tienen lugar situaciones espontáneas, no guionizadas, que nos permiten comprender mejor su vida, nuestra época y la realidad que Gore afirma que no podemos pasar por alto: ahora que sabemos que debemos cambiar y que podemos cambiar, tenemos que hacerlo más rápidamente.

En palabras de la co-directora Bonni Cohen: "Este es el siguiente capítulo de la historia de la crisis del clima, en el que somos testigos de la aceleración del cambio y de la aparición de nuevas batallas. La pregunta ya no es si tenemos que cambiar o no, sino si estamos cambiando suficientemente deprisa o no. Eso es lo que impulsa a Al todos los días. Con esta película hemos tenido la oportunidad de narrar la historia de lo que Al ha seguido haciendo todos estos años. Después de Una verdad incómoda, Al no se durmió en los laureles. Se preparó implacablemente para crear un ejército de personas que trabajasen en las soluciones, incluso en los momentos en los que se daba una situación de bloqueo en la política estadounidense. Es como el Lorax, defendiendo al planeta a contracorriente, solo que ahora buena parte del mundo está de su parte".

Entre las historias de éxito rotundo frente al cambio climático de las que Gore ha sido testigo o partícipe recientemente destacan las siguientes:

Por primera vez ciudades de todo el mundo están alcanzando el objetivo de emplear un 100% de electricidad proveniente de fuentes renovables, como ocurre por ejemplo en Rockport, Missouri, Greensburg, Kansas, Burlington, Vermont, Aspen, Colorado, Columbia, Maryland y Kodiak Island, Alaska, en Estados Unidos. Muchas otras se acercan rápidamente a ese objetivo. En varios países de Europa ha llegado a haber días en los que el 100% de sus necesidades de electricidad han sido satisfechas por fuentes renovables, principalmente eólicas y solares. Más de un tercio de la electricidad de Alemania está generado habitualmente por fuentes renovables. En muchos lugares del mundo, en la actualidad ya es más barato obtener electricidad de fuentes eólicas y solares que de combustibles fósiles.

Las inversiones globales en generación de electricidad de fuentes renovables han superado en la actualidad a las inversiones en combustibles fósiles. La rápida expansión de las inversiones en energía solar y eólica, en tecnología de baterías y en vehículos eléctricos está reduciendo a gran velocidad la dependencia de los combustibles fósiles y ofrece una extraordinaria promesa de nuevos avances revolucionarios. Los mercados están dando la espalda cada vez en mayor medida a los combustibles fósiles y las empresas eléctricas han empezado planificar un futuro con una reducida huella de carbono que sea económicamente viable. Aunque la economía por sí sola no resolverá la crisis del cambio climático con la rapidez suficiente, las tendencias económicas lanzan un mensaje inequívoco: el futuro pertenece a las renovables.

Las energías eólica y solar han superado todas las expectativas, con un crecimiento exponencial. En el año 2000, las previsiones eran que para el año 2010 en el mundo habría instalados 30 GW de capacidad de energía eólica. En 2015, la capacidad instalada multiplicaba esa cifra por 14. La energía solar ha superado las previsiones por un margen aún mayor. Las expectativas eran que para el año 2010 pudiese haber instalado un GW al año de energía solar. La previsión para el año 2016 multiplica esa cifra por 70. El coste de las células solares se ha reducido en un 85% en los 10 últimos años. En una cantidad cada vez mayor de regiones la energía solar ha alcanzado la paridad de la red, el punto en el cual el coste se iguala al, o queda por debajo del, coste de la electricidad de combustibles fósiles convencionales. Chile ha pasado de 11 MW de energía solar en 2013 a 400 MW de energía solar en 2014 y a unos asombrosos 850 MW en 2015, y se encuentra ahora en medio del proceso de incorporar 13,3 GW de capacidad de energía solar. Mientras tanto, en Estados Unidos, hay claros indicios de que el deseo público y la demanda de energía solar y eólica están aumentando; es la falta de acceso la que ha restringido un mayor crecimiento.

La mayor expansión de los combustibles renovables se está produciendo en los países en vías de desarrollo. Los países en los que en la actualidad no hay importantes redes eléctricas ni infraestructuras basadas en los combustibles sólidos han aprovechado la oportunidad de lanzarse directamente a las tecnologías sostenibles, como la solar y la eólica. Algo muy similar a lo que hicieron esos mismos países cuando adoptaron rápidamente la telefonía móvil sin construir previamente una red telefónica por cable convencional. Si bien será necesaria la cooperación a escala global para que funcione, hay una gran oportunidad para que los países establezcan nuevos modelos de negocio que superen las metodologías desfasadas y reduzcan drásticamente las emisiones a la vez que se sigue promoviendo el desarrollo.

El observatorio Deep Space Climate Observatory (DSCOVR), que fue lanzado en 2015, va a aportarnos datos climatológicos sin precedentes. Este lanzamiento fue un sueño hecho realidad para Gore, que en 1998 propuso por primera vez un satélite exclusivo que realizase un seguimiento de los cambios experimentados por el planeta. Ofrecerá panorámicas de la "canica azul" que es nuestro planeta, advertirá sobre tormentas solares y aportará datos que harán posible la elaboración de modelos de cambio climático más exactos y que aumentarán nuestra comprensión sobre el equilibrio energético del planeta.

El Acuerdo de París de 2015, cuya elaboración requirió décadas de trabajo, se convirtió en uno de los mayores logros internacionales de nuestra época. En este histórico acuerdo, 195 países de todo el mundo, prácticamente todos los países de la tierra, decretaron que las naciones adoptarán rápidas reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero. Entre los objetivos destaca el de mantener las temperaturas en un nivel que suponga un aumento de no más de 2 °C respecto de los niveles pre industriales, a la vez que se hace un esfuerzo para que ese aumento no sea superior a 1,5 °C, o el de conservar los ecosistemas naturales como bosques y suelos que puedan convertirse en sumideros de gases de efecto invernadero, aumentar la escala del apoyo financiero a los programas de atenuación del cambio climático y de adaptación de energías renovables y promover que los países desarrollados ayuden a los países vulnerables a superar las pérdidas y daños derivados del cambio climático.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Paramount Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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