Amoniaco

Amoniaco Imagen superior: Felipe Gabaldón, CC.

¿Los días más hermosos del año? Voto por las mañanas madrileñas, de limpio cristal inmóvil, una sombra fresca y un sol tibio como una madre. Como los jubilosos siempre tenemos un largo domingo por delante, me voy al Retiro, para admirar la manera otoñal de herrumbrarse las hojas caducas. En especial los castaños de Indias, a veces simulando que los ha maquillado un buen acuarelista. Esta suma de bellezas gratuitas me pone crédulo.

Quiero decir que me dispongo a creer en cuanto me digan, tan bueno, benévolo, beneficente me parece el mundo. Creo en el mago que cura todas las dolencias y cuyo panfleto me ofrece el senegalés, en los calcetines irrompibles del chino, en los tangos que malamente improvisa el rumano en su acordeón.

De pronto, mi humor se altera, o se ha ido alterando sin que yo me diera cuenta. La luz del sol pierde intensidad y no porque se haya nublado sino porque hay nubarrones invisibles en mi interior.

He visto dos o tres obradores de construcción abandonados: casas a medio hacer, fachadas históricas que dan a un solar donde se acumulan basuras, grúas inmóviles. En todos los escaparates hay carteles de rebajas, pegados allí desde el pasado enero. Una antigua inmobiliaria, cerrada, ofrece fotos de arquitectura morisca en la Costa del Sol, que se van destiñendo como el olvido destiñe la vida.

Más de un comerciante sale a gozar de la mañana, ya que no tiene más que hacer. En el parque la gente pasea como siempre. Me resulta difícil gozar de su compañía. Todos me parecen parados en busca de trabajo. Necesito pensar en las cuentas de la Seguridad Social, símbolo de lo solidarios que somos sin saberlo, de cómo nos preocupan nuestros conciudadanos sin empleo.

La mañana se recompone. ¿Se recompone? Ahora me obstino en ver paredes ensuciadas por los grafitti, los cristales rayados por los gamberros y las estrías oscuras que ha dejado la orina sobre calzadas y aceras.

Huelen a amoníaco, una parte de nitrógeno y tres de hidrógeno, soluble en agua. ¿Qué hago para seguir elogiando el otoño madrileño, si la mañana sigue ahí, perfecta como hace un rato? Quizá lo mejor sea dejar de lado la prosa y terminar con un brevísimo poema, poesía gráfica. Ahí va: NH3.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Este artículo fue publicado previamente en ABC y se reproduce en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador admirado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint-Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015) y Alejo Carpentier y la música (2018).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina.

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