La grave juventud

La grave juventud Imagen superior: Hugo Bernard, CC

Cuando éramos chicos, la gravedad parecía patrimonio de los viejos y la vejez se asociaba a la cuarentena. De ahí en adelante, la suerte diría cuánto podría durar. La juventud, o su tópico, era la liviana alegría de vivir.

Esta anticuada visión de las cosas ocupó mi memoria mientras contemplaba unos anuncios de modas y perfumes con modelos muy jóvenes. Suelen tener una severa seriedad. Las chicas parecen mirar fijamente a un profesor de filosofía que les asesta una explicación sobre Heidegger. Los muchachos aparentan considerar una conferencia sobre la crisis financiera mundial.

Fue entonces cuando corregí mi apresurado recuerdo. A los de mi quinta nos tocó ser jóvenes en los sesenta: amor a la revolución, a las exposiciones con arte de neovanguardia, los embrollados filmes de la «nouvelle vague», las guerras coloniales de Vietnam y Argelia y el primer sacudón petrolero.

Recalifiqué lo recordado: éramos graves, quizá no tanto como los modelos de Boss y de Armani, ni tan guapos ni tan bien vestidos. Tal vez tengan razón los ceñudos anunciantes. Un joven, hoy, puede estar pensando en las arenas movedizas de «su» mundo: ocupaciones inestables, hipotecas basura, el petróleo bailoteando sus precios en las pizarras de los mercados, el Euríbor ídem de lienzo, las guerras interminables de Irak, Somalia, Sudán... Y, sobre todo, un largo futuro, una pesada extensión de años, días y horas para asumir y resolver.

¿Se habrán invertido las calificaciones y resultará que los veteranos llevamos la parte ligera de la vida? En cualquier caso, nos queda menos que asumir y resolver. Pisamos, o creemos pisar, con mayor seguridad las arenas movedizas que nos sostienen. Desde luego, podemos contar más historias, batallitas reales o inventadas. La vida nos ofrece menos caminos para seleccionar no porque no veamos todos los existentes sino porque si algo nos ha dejado la experiencia es saber por dónde no conviene enfilarse.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Este artículo fue publicado previamente en ABC y se reproduce en TheCult.es (Thesauro Cultural) con permiso del autor. Reservados todos los derechos.

Blas Matamoro

Ensayista, crítico literario y musical, traductor y novelista, Blas Matamoro es un pensador admirado en todo el ámbito hispanohablante.

Nació en Buenos Aires y reside en Madrid desde 1976. Ha sido corresponsal de La Opinión y La Razón (Buenos Aires), Cuadernos Noventa (Barcelona) y Vuelta (México, bajo la dirección de Octavio Paz).

Dirigió la revista Cuadernos Hispanoamericanos entre 1996 y 2007, y su repertorio de ensayos incluye, entre otros títulos, La ciudad del tango; tango histórico y sociedad (1969), Borges y el juego trascendente (1971), Saint-Exupéry: el principito en los infiernos (1979), Saber y literatura: por una epistemología de la crítica literaria (1980), Genio y figura de Victoria Ocampo (1986), Por el camino de Proust (1988), Lecturas americanas (1990), El ballet (1998), Schumann (2000), Rubén Darío (2002), Puesto fronterizo. Estudios sobre la novela familiar del escritor (2003), Lógica de la dispersión o de un saber melancólico (2007), Novela familiar: el universo privado del escritor (Premio Málaga de Ensayo, 2010) y Cuerpo y poder. Variaciones sobre las imposturas reales (2012)

En el campo de la narrativa, es autor de los libros Hijos de ciego (1973), Viaje prohibido (1978), Nieblas (1982), Las tres carabelas (1984), El pasadizo (2007) y Los bigotes de la Gioconda (2012).

Entre sus trabajos más recientes, figuran la traducción, edición y prólogo de Consejos maternales a una reina: Epistolario 1770-1780 (Fórcola, 2011), una selección de la correspondencia entre María Teresa I de Austria y María Antonieta de Francia; la edición de Cartas sobre Luis II de Baviera y Bayreuth (Fórcola, 2013), de Richard Wagner; y la edición de Mi testamento (Fórcola, 2013), de Napoléon Bonaparte. Asimismo, ha publicado el ensayo El amor en la literatura (2015) y Alejo Carpentier y la música (2018).

En 2010 recibió el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural. En 2018 fue galardonado con el Premio Literario de la Academia Argentina de Letras a la Mejor Obra de Ensayo del trienio 2015-2017, por Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina.

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