Crítica: "La reina Victoria y Abdul" (Stephen Frears, 2017)

Aunque las secuelas están a la orden del día, resulta sorprendente el estreno de esta película si la consideramos una continuación de Mrs. Brown (1997), aquel film de John Madden donde se abordaba la íntima amistad entre la reina Victoria y su asistente John Brown, encarnado por Billy Connolly.

En La reina Victoria y Abdul se menciona esa relación entre la emperatriz y el citado sirviente escocés, y Judi Dench, protagonista del film de Madden, vuelve a brillar en el papel principal. No obstante, La reina victoria y Abdul puede disfrutarse de forma independiente, sin necesidad de haber visto el anterior largometraje.

Echando un vistazo al reparto, no es necesario señalar que las interpretaciones de la película son soberbias: tanto como sobria y elegante es la realización de Stephen Frears, a estas alturas acomodado en su papel de Director Oficial de Lo Británico. Sin ser un film de grandes ambiciones, la comedia y el drama se sirven en su punto exacto, con máxima eficacia british y exhibiendo maravillosos escenarios.

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La película sigue unos derroteros poco sorprendentes: la reina, ya muy mayor y aburrida de todo, entabla una animada amistad con un súbdito de la India, a la sazón musulmán. La familia real y sus aledaños no ven con buenos ojos esta nueva relación e intentan sabotearla de diversos modos. El desarrollo de la trama es predecible y no hay giros de guión chocantes. Desde el comienzo, el espectador con un mínimo de experiencia ya sabe lo que va a ir sucediendo a lo largo del metraje.

El sirviente, Abdul Karim, interpretado por Ali Fazal, comienza siendo el protagonista. Se nos muestra como un absoluto admirador de la reina Victoria y del Imperio Británico, sin que sepamos muy bien por qué. Luego, a medida que avanza la película, la monarca se transforma en la figura central, y Abdul va pasando a ser una presencia algo misteriosa.

Si bien la película lo retrata principalmente como una buena persona, amistosa, respetuosa y educada, hay ciertos detalles que sugieren la posibilidad de que, en realidad, pudiera tratarse de un arribista manipulador, que se aprovechó de una persona anciana y enferma para lograr una posición social a la altura de quienes han estado explotándole.

Stephen Frears es un director astuto, capaz de colocar pequeños detalles para la duda dentro de lo que es, en realidad, un sano canto a la tolerancia y una llamada a la buena relación entre el Islam y Occidente. Algo más que necesario en estos tiempos.

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Sinopsis

Cuenta la extraordinaria historia real de la insólita amistad surgida entre la Reina Victoria (Judi Dench) y un joven criado, Abdul Karim (Ali Fazal), que se convierte en su profesor, su consejero espiritual y su amigo incondicional.

En 1887, Abdul viaja desde la India para participar en la ceremonia de celebración de los cincuenta años de reinado de Victoria y se queda sorprendido al descubrir que la soberana se interesa por él. Esta extraordinaria relación sin precedentes desata una auténtica batalla campal en la residencia real, enfrentando a la reina contra toda su corte y familia.

La reina Victoria y Abdul explora con humor cuestiones polémicas como la raza, la religión y el poder, así como la farsa del imperio inglés, a través del prisma de una amistad tan inusual como conmovedora.

El guión de La reina Victoria y Abdul lo firma Lee Hall (Billy Elliot), nominado al Oscar, que se basó en el libro de la periodista Shrabani Basu Victoria & Abdul: The True Story of the Queen's Closest Confidant, una obra que ha sacado a la luz la historia que permaneció oculta durante tanto tiempo, a partir de los diarios y cuadernos de sus protagonistas.

La Reina Victoria pasó a la historia como la emblemática líder que gobernó un imperio que se extendía a lo largo y ancho del mundo, pero... ¿quién era Abdul?

"Ella era la Reina de Inglaterra y él, un humilde criado de la India", nos cuenta la autora, Shrabani Basu. "Su amistad revolucionó la vida en palacio y casi llegó a provocar una revuelta contra la soberana".

La historia de su amistad, deliberadamente oculta durante un siglo, ahora da el salto a la gran pantalla con La reina Victoria y Abdul.

En 2001, Basu andaba investigando un libro sobre la historia del curry. Así fue como se enteró de que la Reina Victoria era una gran aficionada a este plato. Basu visitó el Castillo de Osborne, la residencia de Victoria en la Isla de Wight, y se quedó muy intrigada al ver dos retratos y un busto de bronce de un indio de porte regio. En el vestidor de la reina vio otro retrato del mismo indio, situado justo debajo de su amado John Brown. Por si fuera poco, la Sala Durbar de Osborne, atestada de tesoros de la India, era un monumento a la fascinación de Victoria con "la joya de la corona"; aunque era la Emperatriz de la India, el hecho cierto es que nunca visitó el lejano territorio. Basu señala: "Por razones de seguridad, no pudo viajar a la India, así que hizo que la India llegara a ella".

En 2006 visitó Balmoral, el castillo de la soberana en las Tierras Altas de Escocia, donde vio Karim Cottage, la casa que Victoria mandó construir para Abdul. Se dio cuenta de la importancia que debió de tener aquel misterioso indio conocido como "el Munshi" (profesor), y se propuso averiguar quién era.

Bertie, hijo de la reina y futuro Rey Eduardo VII, destruyó toda la correspondencia intercambiada entre su madre y el Munshi, pero no cayó en hacer lo propio con sus diarios indostánicos. En aquellos diarios, Basu descubrió la historia de la Reina Victoria y de su estimado Munshi, Abdul Karim. Manuscritos por la propia Victoria en urdú, los diarios habían permanecido en el Archivo Real, totalmente omitidos en relatos victorianos, porque ninguno de los historiadores leía ese idioma. "Entiendo el urdú, pero no sé leerlo. Sin embargo, Abdul había escrito algunas líneas con el alfabeto latino para Victoria, y eso sí fui capaz de descifrarlo. Los textos escritos únicamente en caligrafía urdú los mandé traducir. Había trece volúmenes", nos relata Basu. En estas páginas fue donde descubrió la relación entre Victoria y Abdul.

Pero aún quedaba un volumen más por ver la luz, y la investigación de Basu la llevó hasta Karachi, Pakistán. Abdul no tuvo hijos, pero su sobrino nieto supo llevarla hasta un diario que el tiempo había relegado a un cofre. Abdul comenzó a escribir ese diario en 1887, cuando le pidieron viajar desde la India a Gran Bretaña para participar en la celebración de los cincuenta años de reinado de la Reina Victoria. Este volumen le brindó a Basu un relato en primera persona que confirmó en gran medida lo que habían desvelado los escritos en urdú de la soberana. Según palabras de la autora: "Finalmente encontré la voz de Abdul".

Los detalles de aquella relación cautivaron a Basu. Nos cuenta: "Abdul tenía veinticuatro años cuando lo mandaron a Inglaterra. Enseguida captó la atención de la Reina y fue ascendido. Le impartieron clases de inglés adicionales para facilitar el diálogo entre ambos. Abdul, a su vez, le daba a Victoria clases de urdú todas las tardes y le leía poemas de Ghalib. Se hicieron uña y carne".

"Toda la Casa Real tramó contra él, amenazando con la intervención del Príncipe de Gales [el título de Bertie en aquel momento]. Pero Victoria permaneció inamovible, fiel a Abdul hasta el final".

A partir de aquellos diarios, Basu escribió Victoria & Abdul: The True Story of the Queen's Closest Confidant.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © BBC Films, Perfect World Pictures, Working Title Films, Cross Street Films, Focus Features, Universal Pictures. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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