Crítica: "Detroit" (Kathryn Bigelow, 2017)

La carrera de la cineasta Kathryn Bigelow suele dividirse en dos fases: la inicial, con excelentes cintas de acción no a la sombra, pero sí en la órbita de James Cameron (Le llaman Bodhi, Días extraños) y una etapa post 11-S, con intensos thrillers de tono pseudo-documental, que parten de escenarios reales y están dotados de cierto contenido sociopolítico (En tierra hostil, La noche más oscura). Este segundo tramo le ha proporcionado a la directora un prestigio entre la cinefilia “seria”, e incluso los Oscars más importantes de 2010 por En tierra hostil.

Con Detroit, Bigelow sigue en esa línea al recrear los violentos disturbios raciales de 1967, combinando el aspecto de falso reportaje con el thriller puro y duro en una película tan brutal que pone a prueba la sensibilidad y el aguante del espectador.

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Tras una introducción histórica, en la que se exponen los antecedentes que llevaron a una situación como aquella, el film va pasando de la descripción de los eventos en la ciudad a la narración de un hecho particular y espantoso, el incidente del Motel Algiers.

De este modo, lo que comienza como un film más o menos histórico se va transformando en un thriller asfixiante. Es decir, prácticamente en una película de terror del subgénero llamado home invasion, esos films en los que unos psicópatas se meten en tu casa para hacértelas pasar canutas (piensen en Funny Games, por ejemplo).

Más allá de la posible polémica sobre si los hechos narrados sucedieron realmente así o no, Detroit es un ejercicio de suspense y horror totalmente efectivo, con un reparto que pone toda la carne en el asador y una directora portentosa, que maneja la violencia (física y mental) como pocos cineastas lo hacen. Que hablemos de una mujer directora deja claro que el género no tiene nada que ver con el talento o el estilo, y que eso de “la sensibilidad femenina” o “la perspectiva masculina” son patrañas místicas.

En este punto, cabe preguntarse si las dos fases de la carrera de Kathryn Bigelow son realmente tan distintas. Es cierto: antes su labor estaba más enfocada al mero entretenimiento, y por eso la crítica solemne no la tenía en cuenta. Sin embargo, la tensa situación que ocupa la parte más desesperante de Detroit no está tan alejada de la masacre del bar de su película de vampiros Los viajeros de la noche (1987). De igual manera, los policías racistas y psicóticos de este film (el joven Will Poulter crea un excelente villano, odioso como pocos) son prácticamente idénticos a los encarnados por Vincent D'Onofrio y William Fichtner en la grandiosa Días extraños (1995).

En unos tiempos en los que algunos están intentando “normalizar” lo de ser racista (incluso ser nazi), parece necesario que se hagan películas como Detroit. No obstante, los más pesimistas empezamos a sospechar que los cientos de películas en las que se ha denunciado la violencia racista no han servido absolutamente para nada, salvo para convencer a los que ya estaban convencidos.

Pese a ser (o quizá por serlo) una muy buena película, uno sale de ver Detroit con la sensación de que el mundo es un sitio horrible, violento e injusto, y que no hay nada que se pueda hacer para cambiarlo.

Menos mal que existe Cantando bajo la lluvia para recuperarse.

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Sinopsis

El filme se centra en los acontecimientos que sucedieron en una aterradora noche durante los disturbios que sacudieron la ciudad de Detroit y sus traumáticas consecuencias.

El verano de 1967 fue un momento fundamental de la historia moderna de Estados Unidos, en el que el país se encontraba sumido en un creciente malestar político y social: la escalada de la intervención militar del país en la Guerra de Vietnam y décadas de represión e injusticia racial. Los epicentros de todo ese descontento y furia apenas contenida resultaron ser las grandes ciudades del país, con su discriminación sistémica, sus disparidades raciales en educación y vivienda, y el creciente desempleo reinante en las comunidades afroamericanas.

Dos noches después de iniciarse los disturbios en Detroit, un informe de disparos en las inmediaciones de una zona de preparación de la Guardia Nacional llevó al Cuerpo de Policía de Detroit, a la Policía Estatal de Michigan, a la Guardia Nacional de Michigan y a un guardia privado de seguridad local a registrar y tomar un anexo del cercano motel Algiers. Varios policías se saltaron las reglas de procedimiento y se dedicaron a interrogar de forma brutal y contundente a los huéspedes del motel, llevando a cabo un "juego letal" en un intento de intimidar a alguien, a quien fuera, para que confesara. Al acabar la noche, tres jóvenes desarmados habían sido abatidos a quemarropa y varios hombres y mujeres más habían recibido brutales palizas.

En las expertas manos de Bigelow, los incidentes de esa fatídica noche y lo que sucedió a continuación se resucitan para quedar vívidamente reconstruidos. Este enfoque cercano y personal reproduce la técnica que Bigelow ya dominara en "En tierra hostil (The Hurt Locker)" y "La noche más oscura (Zero Dark Thirty)". El medio cinematográfico, en opinión de la directora, "apela al subconsciente, lo que se presta a una implicación casi activa del espectador".

En "En tierra hostil (The Hurt Locker)", Bigelow logró transportarnos a Irak, mientras que en "La noche más oscura (Zero Dark Thirty)", nos llevó directamente al complejo de Osama Bin Laden. "En esta ocasión, quería meter al espectador en el motel Algiers, de modo que viviera los acontecimientos casi en tiempo real".

Antes de sumergirse en los disturbios de Detroit y en el relato que sirve de eje central del filme, Bigelow quería ofrecer al espectador ciertos antecedentes socio-históricos sobre qué fue lo que condujo al estallido de violencia, así como una visión general del panorama cultural de la ciudad en 1967. "Como admiradora desde hace tiempo de la obra del gran artista afroamericano Jacob Lawrence, su fundamental serie sobra la gran migración parecía la voz adecuada para describir las décadas previas al malestar social de los 60, de modo que el espectador pudiera entender mejor la ira y la injusticia que se habían ido acumulando a lo largo de tantas décadas y habían puesto el país en un rumbo de colisión".

"Nos pusimos en contacto con los herederos de Jacob Lawrence con una idea, mezclar unos paneles con otros, de modo que cada uno llevara al siguiente. Llegado el momento de incorporar texto, volvimos a quedarnos impresionados ante la magnitud y la complejidad de todo lo que condujo a la agitación de la década de 1960. Esta vez recurrimos a Henry Louis Gates, Jr., director del Hutchins Center for African American Research (Centro Hutchins para la Investigación Afroamericana) de la Universidad de Harvard", explica Bigelow.

En su búsqueda de los intérpretes adecuados para encarnar a los huéspedes del motel Algiers y al personal de las fuerzas del orden, Bigelow decidió meter a los actores en situaciones semiimprovisadas. "Creé escenarios que imitaban el guion pero eran situacionales y me quedé encantada al ver lo ágiles e imaginativos que eran los actores", recuerda, "y lo cómodos que se sentían en situaciones fluidas que no dejaban de cambiar. Así es como elegí al reparto. Los actores elegidos exhibieron, sin excepción, una complejidad emotiva versátil y tremendamente desarrollada, muy superior a la propia de alguien de su edad".

Para ayudar a recrear el Detroit de 1967, Bigelow recurrió a su diseñador de producción de "La noche más oscura (Zero Dark Thirty)", Jeremy Hindle. "Aquí lo más importante era crear un entorno realista y sin fisuras que encajara perfectamente con la época y al mismo tiempo no resultara en ningún momento artificial, mecánico, ni manipulado", aporta Bigelow. "Creo que es la maestría de Jeremy lo que hizo que funcionara. Fue capaz de transmitir una sensación muy auténtica de la época y lograr eso sin salirse del presupuesto con el que contábamos es todo un logro. La atención al detalles es extraordinaria y me dejó entusiasmada".

Además de la amplia labor de documentación que realizó, el equipo responsable de Detroit tuvo la suerte de contar con tres testigos que estuvieron todos involucrados en los sucesos del motel Algiers de esa fatídica noche del verano de 1967. Sus testimonios permitieron al equipo responsable del proyecto entender mucho mejor el caos que se produjo a lo largo del brutal interrogatorio. Melvin Dismukes, Larry Reed y Julie Ann Hysell ayudaron al equipo de la película a reconstruir los hechos desde distintos puntos de vista. También contaron con ellos durante el rodaje en calidad de asesores, para ayudar al equipo a ser lo más preciso posible.

"Creo que uno de los aspectos más importantes de prepararnos para esta película —al menos para mí— fue pasar tiempo con estos individuos que vivieron personalmente estos hechos", aporta Bigelow. "Nos proporcionaron una versión extraordinariamente detallada de los sucesos de esa noche. 50 años después, muchos están aún visiblemente afectados por el incidente, comprensiblemente".

En opinión de Bigelow, "si el propósito del arte es agitar para provocar el cambio, si estamos verdaderamente listos para empezar a tratar la desigualdad racial de este país, tenemos que estar dispuestos a escuchar. Espero que esta película anime en parte ese debate y que encontremos una forma de curar las heridas que existen desde hace demasiado tiempo en este país".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Annapurna Pictures, First Light Productions. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.

Vicente Díaz

Periodista, crítico de cine y especialista en cultura pop. Es autor de diversos estudios en torno a géneros cinematográficos como el terror y el fantástico. Entre sus especialidades figuran la historia del cómic, el folletín y la literatura pulp.

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