Veritas temporis filia

Yo tenía 16 años cuando se estrenó Lady Jane. Los mismos 16 años que Jane Grey, protagonista de la película, tenía cuando fue ejecutada en la Torre de Londres, tras un brevísimo reinado de nueve días. Nine Days Queen, así es conocida por la historia británica. 

Lady Jane fue mi película de referencia durante años. Conseguí hacerme con una copia que visionaba, una y otra vez, en mi reproductor VHS. Me fascinaba la historia de aquella chiquilla que sólo quería leer a Platón mientras el resto de su familia disfrutaba cazando; una joven cuya madre despiadada, prima de Enrique VIII, sólo pensaba en conspirar y no duda en azotarla hasta la extenuación para que Jane acabe aceptando casarse con Guildford Dudley, el hijo pequeño del Duque de Northumberland; un calavera, el tal Guildford, que, borracho como una cuba, es arrancado de los brazos de una ramera y llevado en volandas, literalmente, hasta el mismo altar donde se ofician los esponsales. Dos adolescentes que, según la película, acaban enamorándose; un amor que resulta tan fugaz como el reinado de Jane, pues son acusados de alta traición y condenados a muerte.

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Imagen superior: Paul Delaroche, "Ejecución de Lady Jane Grey" (National Gallery de Londres, 1834).

La responsable de semejante drama es María Tudor, hija de Enrique VIII y heredera legítima al trono, que en la película aparece caracterizada como una vejestoria que no duda en eliminar a Jane y Guildford con tal de conseguir su objetivo: casarse con el siniestro Felipe, hijo del emperador Carlos I de España y V de Alemania.

Yo tenía 16 años y una pasión desaforada por todo lo British. Me había leído todo sir Walter Scott, no me quedaba ninguna novela de Agatha Christie por comprarme y empezaba a fascinarme con Charles Dickens.

Me gustaba la historia pero aún no había desarrollado mi interés profesional hacia ella, tan sólo disfrutaba “documentándome” sobre aspectos que me atraían de mis lecturas. Una “documentación” que debe ser entendida en el contexto de 1985, cuando no había un Google ni una Wikipedia ni los datos surgían con un simple golpe de teclado, cuando debías ir a la biblioteca pública del barrio, buscar en la Espasa y solicitar ayuda al bibliotecario de turno que, si le pillabas de buen rollo, puede que te enseñase a hurgar en los ficheros, en busca de más información.

Yo tenía 16 años y lamentaba no haber nacido en Inglaterra, no tomar el té de las cinco con esos apetecibles emparedados de pepino que leía en las novelas de Miss Marple, no vestir sus faldas escocesas y no disfrutar de ser súbdita del Imperio, heredera de una historia fascinante que nada tenía que ver con la que me habían contado de mi verdadera patria. De ahí que odiase a María Tudor, la Bloody Mary de los británicos, y odiase aún más a Felipe II. ¿Por qué?, pensaba yo, ¿por qué tuvisteis que existir?, mientras deseaba que la historia pudiese cambiar, Jane y Guildford pudiesen seguir retozando como los amantes adolescentes que eran, engendrasen una caterva de pequeñuelos que heredasen el trono inglés y acabasen sus días juntos, comiendo perdices.

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Ahora, que tengo 45 años, observo a esa ingenua ignorante de 16 años, una ingenua que vivía en el universo platónico de las ideas (el mismo que gustaba a Lady Jane) y una ignorante absoluta de la historia. Ahora sé que los británicos aman su historia y son herederos orgullosos de sus acontecimientos gloriosos, que no dudan en escribir bonitas leyendas rosas de sus más ilustres antecesores. No como nosotros, que nos empeñamos en no conocer nuestro pasado, que nos mostramos orgullosos de nuestra ignorancia y no valoramos ninguna de las gestas protagonizadas por los españolitos que nos precedieron. Y, claro, así nos luce el pelo.

Si la adolescente de 16 años que fui se fascinó con una Lady Jane que leía a Platón, la mujer de 45 que soy ahora no ha podido más que asombrarse ante un personaje como María Tudor, primogénita de Enrique VIII, digna heredera de su abuela materna, la mismísima Isabel la Católica, educada con primor por un padre que la adoraba hasta que no pudo soportar no tener un heredero varón, instruida por un Luis Vives (¡ahí es nada!) que escribió para ella De ratione studii pueriles

Una María Tudor cuya estirpe materna dominaba medio mundo para cuando ella decidió que se iba a casar con un joven Felipe, hijo de su primo hermano Carlos, Emperador del Sacro Imperio Germánico, Señor del Viejo y del Nuevo Mundo. Un joven Felipe que fue primero Rey de Inglaterra que soberano de sus territorios distribuidos por los cuatro continentes entonces conocidos y al que su propio padre se refiere, en los documentos conservados en el Archivo General de Simancas, como“El Rey Príncipe”, demostrando que era más importante ser su Príncipe heredero que el monarca de los ingleses. ¡Ahí queda eso!

Veritas temporis filia. La verdad es hija del tiempo. Lema adoptado por María Tudor para su reinado.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes de "Lady Jane" (1986), de Trevor Nunn © Paramount Pictures. Reservados todos los derechos.

Mar Rey Bueno

Mar Rey Bueno es doctora en Farmacia por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó su tesis doctoral sobre terapéutica en la corte de los Austrias, trabajo que mereció el Premio Extraordinario de Doctorado.

Especializada en aspectos alquímicos, supersticiosos y terapéuticos en la España de la Edad Moderna, es autora de numerosos artículos, editados en publicaciones españolas e internacionales. Entre sus libros, figuran El Hechizado. Medicina , alquimia y superstición en la corte de Carlos II (1998), Los amantes del arte sagrado (2000), Los señores del fuego. Destiladores y espagíricos en la corte de los Austrias (2002), Alquimia, el gran secreto (2002), Las plantas mágicas (2002), Magos y Reyes (2004), Quijote mágico. Los mundos encantados de un caballero hechizado (2005), Los libros malditos (2005), Inferno. Historia de una biblioteca maldita (2007) e Historia de las hierbas mágicas y medicinales (2008).

Asimismo, ha colaborado en obras colectivas con los siguientes estudios: "El informe Vallés: modificación de pesas y medidas de botica realizadas en el siglo XVI" (en La ciencia en el Monasterio del Escorial: actas del Simposium, 1993), "Fray Esteban Villa y los medicamentos químicos en la Farmacia española del siglo XVII" (en Monjes y monasterios españoles: actas del simposium, 1995), "La biblioteca privada de Juan Muñoz y Peralta (ca. 1655-1746)" y "Los Orígenes de dos Instituciones Farmacéuticas españolas: la Real Botica (1594) y el Real Laboratorio Químico (1694)" (en Estudios de historia de las técnicas, la arqueología industrial y las ciencias: VI Congreso de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, 1996), "Servicio de farmacia en la guerra contra la Convención francesa" y "La difusión de epidemias febriles y su tratamiento en la guerra contra la Convención nacional francesa" (en III Congreso Internacional de Historia Militar: actas, 1997), "La influencia de la corte en la terapéutica española renacentista" (en Andrés Laguna: humanismo, ciencia y política en la Europa renacentista. Congreso Internacional, Segovia, 1999), "Vicencio Juan de Lastanosa, inquisidor de maravillas: Análisis de un gabinete de curiosidades como experimento historiográfico" y "El coleccionista de secretos: Oro potable, alquimistas italianos y un soldado enfermo en el laboratorio lastanosino" (en El inquiridor de maravillas. Prodigios, curiosidades y secretos de la naturaleza en la España de Vicencio Juan de Lastanosa, 2001), "La instrumentalización de la Espagiria en el proceso de renovación: las polémicas sobre medicamentos químicos" y "La institucionalización de la Espagiria en la corte de El Hechizado" (en Los hijos de Hermes: alquimia y espagiria en la terapéutica española moderna, 2001), "El debate entre ciencia y religión en la literatura médica de los novatores" (en Silos: un milenio: actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos, vol. 3, 2003), "El Jardín de Hécate: magia vegetal en la España barroca" (en Paraíso cerrado, jardín abierto: el reino vegetal en el imaginario religioso del Mediterráneo, 2005), "Los paracelsistas españoles: medicina química en la España moderna" (en Más allá de la Leyenda Negra: España y la revolución científica, 2007) y "El funcionamiento diario de palacio: la Real Botica" (en La corte de Felipe IV 1621-1665: reconfiguración de la Monarquía católica, 2015).

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